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La Pasión de Cristo Anime

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La Pasión de Cristo Anime

La luz parpadeante de la pantalla de mi laptop me envolvía como un velo pecaminoso en la penumbra de mi depa en la Roma Norte. El aire estaba cargado de ese calor pegajoso del verano chilango, con el zumbido lejano de los coches en Insurgentes y el olor a tacos de canasta que se colaba por la ventana entreabierta. Yo, Mariana, con mis veintiocho tacos bien puestos, yacía desparramada en la cama king size, la sábana enredada en mis piernas morenas. Mis dedos jugaban con el encaje de mis calzones, rozando esa humedad que ya me traicionaba. En la pantalla, La Pasión de Cristo Anime desplegaba sus escenas prohibidas: un Jesús de líneas perfectas anime, cabello largo ondeando como seda negra, músculos esculpidos bajo una túnica translúcida, tentado por una Magdalena de ojos grandes y labios carnosos, sus curvas animadas moviéndose con una fluidez hipnótica.

¡Neta, qué chingón está este Cristo! No es el sufrimiento, es la pasión que bulle debajo, como si el desierto ardiera en su piel.
Mi respiración se aceleraba con cada frame. El sonido de las olas digitales del desierto chocando contra las rocas, mezclado con gemidos suaves en japonés doblado al español neutro, me erizaba la piel. Olía a mi propia excitación, ese aroma almizclado que se elevaba dulce y salado, mientras mi clítoris palpitaba bajo mis yemas. Me mordí el labio, imaginando esas manos divinas sobre mis tetas, fuertes pero tiernas. Pero justo cuando la Magdalena se arrodillaba en la animación, succionando con devoción, la puerta se abrió de golpe.

—Órale, Mari, ¿ya llegué y te encuentro así de caliente? —La voz de Luis, mi carnal en todo sentido, rompió el hechizo. Entró con su mochila del curro colgando del hombro, el pelo revuelto y esa sonrisa pícara que me deshace. Treinta años, barba de tres días, playera ajustada marcando sus pectorales de gym rat. Olía a colonia barata mezclada con el sudor del Metro, un perfume que me ponía loca.

Me incorporé rápido, cerrando las piernas, pero la laptop seguía reproduciendo la escena: el Cristo anime gimiendo bajito mientras la lengua animada lo envolvía. Luis se acercó, ojos clavados en la pantalla.

¿La Pasión de Cristo Anime? No mames, ¿de dónde sacaste esta madre? ¡Está cañón! Míralo, parece hentai puro pero con vibra bíblica. ¿Tú lo estabas...?

Me reí, sonroja, pero el fuego entre mis muslos no se apagaba. —Sí, wey, lo encontré en un foro underground de fans mexicanos de anime. No es la película de Gibson, es una versión erótica, como reinterpretación artística. El deseo reprimido, la tentación... neta me prendió.

Luis se quitó la playera de un tirón, dejando ver su torso bronceado, vellos oscuros bajando hasta el ombligo. Se sentó a mi lado en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso, y su mano grande aterrizó en mi muslo desnudo. Su tacto era áspero, calloso de tanto teclear código en su curro de programador, pero me envió chispas directas al coño.

—Déjame ver, amor. Si te puso así, a mí me va a volar la cabeza.

Reprodujimos desde el principio. Acto uno: el desierto árido, Cristo caminando bajo el sol implacable, sudor perlando su piel animada que brillaba como aceite. La Magdalena aparece, velo rojo flotando, pechos turgentes presionando la tela fina. Sus ojos se encuentran, y el aire vibra con tensión. Luis respiraba pesado a mi lado, su verga ya abultando los jeans. Yo sentía su calor irradiando hacia mí, mi pezón endureciéndose contra la blusa delgada.

La mano de Luis subió por mi muslo, dedos rozando el borde de mis calzones húmedos.

¡Ay, cabrón, no pares! Quiero que me toque como esa Magdalena toca al Cristo.
El anime avanzaba: ella lo unge con aceites, manos deslizándose por su pecho, bajando lento hasta arrodillarse. El sonido de lenguas chasqueando, gemidos etéreos. Luis me volteó la cara, sus labios capturando los míos en un beso hambriento. Saboreaba a chicle de menta y cerveza del antro con los cuates, su lengua invadiendo mi boca con urgencia.

Nos fuimos desvistiendo entre besos. Sus jeans cayeron, liberando esa verga gruesa, venosa, apuntando al techo como una ofrenda. La mía palpitaba, labios hinchados rogando atención. Él me quitó la blusa, mamando mis tetas con hambre: el sonido húmedo de succión, el tirón en mis pezones rosados, enviando descargas a mi vientre. Olía su piel salada, la probé lamiendo su cuello, muslo a muslo enredados.

—Eres mi Magdalena, Mari. Tómalo como en el anime —gruñó él, voz ronca, empujándome suave contra las almohadas.

Me arrodillé entre sus piernas, el colchón crujiendo. Su verga latía frente a mí, cabeza brillante de precum. La lamí desde la base, lengua plana saboreando el sabor salobre, almizcle puro hombre. Él jadeó, mano en mi pelo, guiándome sin forzar. Qué rico, qué chingón, gemí contra su piel, vibrando su eje. Lo chupé profundo, garganta relajada, saliva goteando, mientras en la pantalla el Cristo animado se rendía, follando a la discípula con embestidas animadas feroces.

La tensión crecía como tormenta. Luis me levantó, volteándome boca abajo, nalgas al aire. Sus dedos exploraron mi panocha empapada, dos adentro curvándose en mi punto G, pulgar en el clítoris. Gemí alto, el cuarto lleno de nuestros sonidos: chapoteos húmedos, respiraciones jadeantes, la música sensual del anime de fondo. Olía a sexo crudo, sudor, lubricación.

¡Más, pendejo, métemela ya! No resistas como el Cristo ese.

Él se posicionó atrás, verga rozando mi entrada. Entró lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena, el calor abrasador llenándome. Empujó hondo, pelvis chocando contra mi culo con palmadas rítmicas. Yo arqueé la espalda, uñas clavándose en las sábanas, el placer subiendo en olas. Él me jalaba el pelo suave, mordiendo mi hombro, susurrando:

—Te chingo como en La Pasión de Cristo Anime, mi reina pecadora. ¡Qué apretada estás!

Cambiámos posiciones, yo encima cabalgándolo, tetas rebotando, manos en su pecho. Lo montaba fuerte, caderas girando, su verga golpeando profundo. El sudor nos unía, piel resbaladiza, olor intenso a nuestros jugos mezclados. En la pantalla, clímax animado: fluidos digitales salpicando, gritos extáticos. Nosotros lo alcanzamos juntos: mi orgasmo explotó primero, coño contrayéndose en espasmos, chorro caliente mojando sus bolas. Él gruñó, llenándome con chorros calientes, profundo.

Colapsamos, enredados, pulsos latiendo al unísono. El anime terminó en loop suave, Cristo redimido en éxtasis. Luis me besó la frente, su mano acariciando mi espalda pegajosa.

—Neta, Mari, esa La Pasión de Cristo Anime es lo máximo. Sacó lo mejor de nosotros.

Reí bajito, saboreando el afterglow, el cuerpo lánguido y satisfecho.

Pasión no es solo sufrimiento, es esto: entrega total, placer compartido.
Afuera, la ciudad seguía su ritmo caótico, pero en nuestro nido, reinaba la paz carnal. Nos dormimos así, piel con piel, soñando con más tentaciones animadas.

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