Las Pasiones del Alma PDF Encendidas
Estaba en mi depa en la Roma, con el calor de la tarde pegándome en la piel como una caricia pesada. Agarra mi laptop, abro el correo y ahí estaba el archivo que mi carnala Lupe me había mandado: Las Pasiones del Alma PDF. "Léelo wey, te va a volar la cabeza", decía el mensajito. Neta, Lupe siempre con sus recomendaciones locochonas, pero esta vez el título me picó la curiosidad. Las pasiones del alma, ¿qué chingados sería? Lo descargué y empecé a leer.
Las palabras se me metían adentro como un susurro caliente. Hablaba de un amor que quema por dentro, de cuerpos que se buscan sin remedio, de almas que se enredan en un baile de fuego. Sentí un cosquilleo en el estómago, bajando lento hasta mis muslos.
¿Y si yo también tengo esas pasiones escondidas?pensé, mientras el ventilador zumbaba perezoso, moviendo el aire cargado de mi perfume de jazmín. Afuera, el bullicio de la colonia me llegaba amortiguado: cláxones, risas de chavos en la esquina, el olor a tacos al pastor flotando desde el puesto de Don Chuy.
De repente, timbra mi cel. Era Marco, mi amigo de la uni, el que siempre me mira con esos ojos cafés que prometen travesuras. "Órale, carnala, ¿sales esta noche? Hay una terraza chida en Condesa con chelas heladas y buena música", dijo con esa voz ronca que me eriza la piel. Le dije que sí, neta, necesitaba salir de esa fiebre que me había armado el pinche PDF. Me puse un vestido negro ajustado, que me marca las curvas como un guante, sin bra, nomás para sentirme libre. El espejo me devolvió una sonrisa pícara: esta noche vas a desatar algo, Ximena.
Acto 1 fin, tensión inicial pero no, sigo.
En la terraza, el viento fresco de la noche me rozaba las piernas, trayendo olor a humo de barbacoa y flores de bugambilia. Marco ya estaba ahí, con su camisa blanca abierta un cachito, mostrando el pecho moreno y fuerte. Me abrazó fuerte, su cuerpo duro contra el mío, y olí su colonia cítrica mezclada con sudor fresco. "Te ves cañona, Xime", murmuró en mi oído, y su aliento caliente me hizo apretar los muslos. Nos sentamos en una mesa apartada, con velitas parpadeando y salsa de fondo, esa romántica que te pone a pensar en besos.
Entre chelas, le conté del PDF. "Mira, wey, Lupe me mandó Las Pasiones del Alma PDF, y neta me dejó caliente como diabla". Él se rio bajito, pero sus ojos se oscurecieron. "¿Y qué dice? Cuéntame", pidió, acercando su silla. Le describí las escenas: amantes que se tocan con las yemas de los dedos, lenguas explorando piel salada, gemidos que rompen el silencio. Sentí mi piel erizarse, los pezones endureciéndose bajo el vestido. Marco tragó saliva, su mano rozando la mía accidentalmente, pero neta que no fue accidente. Ese toque fue eléctrico, como chispas en la oscuridad.
La plática se puso intensa. "Yo también siento esas pasiones, Xime. Del alma, pero que se prenden en la carne", confesó, su voz temblando un poquito. Yo lo miré fijo, mordiéndome el labio.
¿Y si lo invito a mi depa? ¿Y si dejo que esas pasiones salgan?El deseo me latía en el pecho, bajando como lava hasta mi centro, húmedo ya. Pidimos la cuenta, y en el taxi de regreso, su muslo pegado al mío, el roce constante me volvía loca. Su mano subió despacio por mi pierna, preguntando permiso con la mirada. Asentí, y él sonrió como lobo.
Llegamos a mi depa, la puerta se cerró con un clic que sonó a promesa. Lo jalé hacia mí, nuestros labios chocando en un beso hambriento. Sabía a chela y a menta, su lengua invadiendo mi boca con urgencia dulce. Sus manos grandes me apretaron la cintura, subiendo a mis tetas, pellizcando suave los pezones. Gemí contra su boca, el sonido ahogado por su beso. "Te deseo tanto, Xime", gruñó, mientras yo le quitaba la camisa, lamiendo su pecho salado, oliendo su piel masculina que me mareaba.
Lo empujé al sillón, me subí a horcajadas encima de él, frotándome contra su verga dura que ya asomaba por el pantalón. El roce era delicioso, mi concha mojada empapando la tela. Le bajé el cierre, saqué su miembro grueso, palpitante, y lo acaricié lento, sintiendo las venas bajo mis dedos. Él jadeó, arqueando la espalda. "Qué chingona eres, carnala", dijo con voz ronca. Me arrodillé, lo tomé en mi boca, saboreando el precum salado, chupando profundo mientras él enredaba los dedos en mi pelo.
Pero quería más. Me paré, me quité el vestido de un tirón, quedando en tanga sola. Él se levantó como resorte, me cargó a la recámara, tirándome en la cama con sábanas frescas de algodón egipcio. Su boca devoró mis tetas, mordisqueando, lamiendo, mientras sus dedos bajaban a mi tanga, frotando mi clítoris hinchado. Olía a sexo puro, a mi excitación dulce y almizclada. "Estás chorreando, mi reina", murmuró, metiendo dos dedos adentro, curvándolos justo ahí, el punto que me hace ver estrellas.
Me retorcía bajo él, las caderas subiendo solas, gimiendo su nombre. "Marco, cógeme ya, pendejo", supliqué juguetona. Se rio, se quitó el resto de la ropa, su cuerpo atlético brillando con sudor. Se puso condón rápido, y entró en mí de un empujón lento, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, Dios! Esa presión deliciosa, su verga gruesa estirándome, tocando cada rincón. Empezamos a movernos, ritmo lento al principio, sintiendo cada centímetro, el slap de piel contra piel, nuestros jadeos mezclándose con el zumbido del ventilador.
La intensidad subió. Yo clavaba las uñas en su espalda, él me embestía fuerte, profundo, mis tetas rebotando con cada estocada. Sudor goteando, olores intensos: sexo, perfume, él.
Estas son las pasiones del alma, neta, alma y cuerpo en llamas, pensé mientras el orgasmo se acercaba como ola gigante. Él lo sintió, aceleró, frotando mi clítoris con el pulgar. Exploté primero, gritando, mi concha contrayéndose alrededor de él, olas de placer sacudiéndome entera. Él vino segundos después, gruñendo como animal, llenando el condón con su leche caliente.
Nos quedamos así, enredados, pulsos latiendo al unísono, respiraciones calmándose lento. Su cabeza en mi pecho, yo acariciando su pelo revuelto. Afuera, la ciudad seguía su jale, pero adentro solo paz. "Gracias por encender mis pasiones, Xime", susurró. Sonreí, besando su frente. Recordé el PDF en la laptop, abierto aún en la sala. Las Pasiones del Alma PDF había sido el detonante, pero lo nuestro era real, carnal, del alma.
Nos dormimos abrazados, con el olor a nosotros impregnando las sábanas. Al día siguiente, se lo mandé a Marco por Whats: "Lee esto, wey, y repetimos". La vida en la CDMX sigue, pero ahora con fuego adentro.