Cuantos Capitulos Tiene La Telenovela Pasion
La luz tenue del departamento en Polanco parpadeaba con el resplandor de la pantalla del tele. El aroma a café recién hecho se mezclaba con el perfume dulce de mi loción de vainilla, que Marco tanto adoraba. Estábamos tirados en el sofá de piel suave, mis piernas sobre las suyas, mientras Pasión, esa telenovela clásica que nos tenía enganchados, desplegaba sus dramas ardientes. Yo, Valeria, con mi cabello suelto cayendo en ondas sobre mis hombros desnudos, sentía el pulso acelerado cada vez que aparecía la protagonista en una escena de celos y deseo prohibido.
Marco, mi carnal de tres años, con su camiseta ajustada marcando esos pectorales que me volvían loca, me apretaba la cintura con una mano distraída. Su aliento cálido rozaba mi oreja, enviando escalofríos por mi espina. Órale, pensé, este wey sabe cómo ponerme caliente sin siquiera intentarlo. En la tele, el galán besaba a la pasión de su vida con furia, y yo no pude evitar morderme el labio.
"Oye, amor, cuantos capítulos tiene la telenovela Pasión?", solté de repente, girando la cabeza para verlo. Mis ojos se clavaron en los suyos, oscuros y llenos de picardía. Él sonrió, esa sonrisa pícara que me deshacía, y sacó su cel para checarlo rápido.
"Ciento veintiuno, nena. Pero la nuestra apenas empieza el primer capítulo", murmuró, su voz ronca como grava, mientras su mano subía por mi muslo, rozando el borde de mi shortcito de algodón. Sentí el calor subir por mi piel, un cosquilleo traicionero entre las piernas. El sonido de la telenovela seguía de fondo, gemidos ahogados y susurros intensos, pero ya no importaba. Mi cuerpo respondía a él, a su toque firme, al olor masculino de su colonia mezclada con sudor fresco.
¿Y si nuestra historia tiene más capítulos que esa novela? ¿Más pasión, más fuego?
Acto primero de nuestra noche: la tensión inicial. Me incorporé un poco, presionando mi trasero contra su entrepierna, sintiendo cómo se ponía duro al instante. "Qué chido que sean tantos", susurré, mi voz juguetona, mientras giraba para quedar a horcajadas sobre él. Sus manos grandes subieron por mi blusa suelta, acariciando la curva de mi cintura, el roce áspero de sus palmas contra mi piel suave. Olía a deseo, a esa humedad que ya empapaba mis calzones. Lo besé lento, saboreando sus labios salados, la lengua danzando con la mía en un ritmo que prometía tormentas.
Pero no queríamos apurarnos. Marco me levantó en brazos como si no pesara nada, llevándome a la recámara donde la cama king size nos esperaba con sábanas frescas de algodón egipcio. El aire acondicionado zumbaba bajito, contrastando con el calor que irradiábamos. Me tiró suave sobre el colchón, y yo reí, esa risa coqueta que lo enloquecía. "Eres un pendejo romántico", le dije, jalándolo hacia mí por la camiseta.
En el medio acto, la escalada. Sus besos bajaron por mi cuello, mordisqueando la piel sensible justo debajo de la oreja. ¡Ay, cabrón! Cada roce era electricidad, chispas que me erizaban los vellos. Sentía su verga tiesa presionando contra mi muslo, gruesa y caliente a través de su bóxer. Le quité la playera, lamiendo su pecho, saboreando el salado de su sudor, inhalando ese aroma varonil que me hacía mojarme más. "Te quiero dentro de mí, ya", gemí, pero él, juguetón, negó con la cabeza.
"No tan rápido, mi reina. Vamos a hacer que dure como esos capítulos eternos". Sus dedos se colaron bajo mi short, rozando mi panocha hinchada, empapada de jugos. El tacto era delicia pura: suave, resbaloso, mi clítoris palpitando bajo su pulgar experto. Jadeé, arqueando la espalda, el sonido de mi propia respiración entrecortada llenando la habitación. Él se arrodilló entre mis piernas, bajándome el short y los calzones de un tirón, exponiendo mi intimidad al aire fresco. Olía a sexo, a mi excitación dulce y almizclada.
Me miró con hambre, como si fuera el manjar más rico. "Estás bien rica, Valeria. Mira cómo brillas para mí". Su lengua tocó mi centro, un lametón largo y lento que me hizo gritar. Sabía a gloria, pensé, mientras él chupaba mi clítoris con devoción, introduciendo un dedo, luego dos, curvándolos justo en ese punto que me volvía loca. Mis caderas se movían solas, follándome su boca, el sonido húmedo de succión mezclado con mis gemidos. "¡Sí, así, no pares, wey! ¡Me vas a hacer venir!". El orgasmo se construyó lento, una ola creciente, hasta que exploté, temblando, chorros de placer mojando su barbilla.
Pero él no paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, mis nalgas redondas que tanto le gustaban. Sus manos amasaban mi carne, separando las cachetes para lamer mi ano con ternura prohibida. Qué delicia este hombre, internalicé, mientras su lengua jugaba ahí, enviando ondas de placer nuevo. Sentí su verga rozando mi entrada, la cabeza gorda pujando suave. "Dime si quieres, nena", ronroneó, siempre consensual, siempre atento.
"¡Cógeme ya, Marco! Te necesito toda la noche". Empujó despacio, llenándome centímetro a centímetro. ¡Madre mía! La plenitud era abrumadora, su grosor estirándome delicioso, tocando lo más profundo. El ritmo empezó lento, sus caderas chocando contra mis nalgas con palmadas suaves, el sonido rítmico como tambores. Sudábamos, piel resbalosa contra piel, olores intensos de sexo envolviéndonos. Yo empujaba hacia atrás, follándolo con ganas, mis chichis balanceándose, pezones duros rozando las sábanas.
Nos cambiamos de posición: yo encima, cabalgándolo como amazona. Sus manos en mis caderas guiándome, ojos clavados en mis tetas rebotando. "¡Qué chula te ves así, mi amor! Córrete conmigo". Aceleré, sintiendo su verga palpitar dentro, mi panocha apretándolo como vicio. El clímax nos golpeó juntos: yo gritando su nombre, él gruñendo, chorros calientes llenándome, mi jugo mezclándose en la unión húmeda. Colapsamos, jadeantes, su semen goteando lento por mis muslos.
Acto final: el afterglow. Recostados, piel pegajosa, él me acunaba el cabello húmedo. La tele seguía en la sala, probablemente ya en otro capítulo de Pasión, pero nosotros habíamos escrito el nuestro. "Imagínate si tuviéramos ciento veintiuno de noches así", susurró, besando mi frente. Sonreí, trazando círculos en su pecho con la uña.
"Mejor que la telenovela, carnal. Nuestra pasión no tiene fin". El corazón latiendo calmado, el aroma a sexo persistiendo, un sueño profundo nos envolvió. Mañana, otro capítulo.