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Diario de una Pasión Escritor

6576 palabras

Diario de una Pasión Escritor

Fecha: 15 de mayo

Neta que hoy fue el día en que todo cambió, carnal. Me senté en mi cafetín de siempre en Coyoacán, con el sol filtrándose por las hojas de los árboles y el aroma del café de olla invadiendo el aire. Yo, el escritor pendejo que lleva meses atorado en su novela, garabateando en mi libreta como si las palabras fueran a salir solas. Diario de una pasión escritor, le puse a esta libreta nueva, porque siento que algo se está armando adentro de mí, una urgencia que no es solo por las letras.

Ahí estaba ella. Ana. Entró con esa falda floreada que se pegaba a sus curvas como una promesa, el cabello negro suelto cayéndole por la espalda, oliendo a jazmín fresco mezclado con algo más salvaje, como tierra mojada después de la lluvia. Se sentó en la mesa de al lado, pidiendo un chocolate caliente con un "órale, ponle canela extra". Sus ojos cafés se cruzaron con los míos y ¡pum! sentí un cosquilleo en la nuca, como si mi piel se despertara de golpe. Le sonreí, torpe como siempre, y le dije: "Parece que traes el verano en la piel, ¿no?". Ella rio, una risa ronca que me erizó los vellos de los brazos. "Y tú pareces el tipo que escribe historias que queman", contestó. Neta, mi verga dio un salto en los pantalones. Hablamos horas, de libros, de sueños, de cómo la vida en la Ciudad de México te aprieta el pecho hasta que explotas.

Al despedirnos, su mano rozó la mía, suave como seda caliente, y me dejó un beso en la mejilla que quemó hasta el hueso. Caminé a casa con el corazón latiendo como tamborazo, imaginando sus labios en otras partes. Esta noche, mientras me tocaba pensando en ella, supe que esto era el inicio de algo grande.


Fecha: 20 de mayo

¡Dios, qué noches! Ana me manda mensajes a media noche, fotos de sus lecturas con captions como "Esto me moja las bragas, ¿y a ti?". Neta, wey, estoy perdido.

Nos vimos de nuevo en el parque de Chapultepec. El viento traía olor a elotes asados y flores de cempasúchil. Caminamos tomados de la mano, sus dedos entrelazados con los míos, cálidos y firmes. Hablaba de su trabajo en una librería indie, de cómo devora novelas eróticas a escondidas. "Me gustan las que te hacen sentir el sudor en la piel", dijo, mirándome fijo. Mi mente volaba: la imaginé desnuda, jadeando bajo mis manos.

La llevé a un rincón apartado, bajo un ahuehuete enorme. La besé. Sus labios eran miel caliente, su lengua danzando con la mía, saboreando a chocolate y deseo. Gemí contra su boca mientras mis manos bajaban por su espalda, apretando sus nalgas redondas. Ella se pegó a mí, su pecho suave presionando el mío, pezones duros como piedritas bajo la blusa. "Te quiero tanto, pinche escritor", murmuró, mordiéndome el labio. Mi erección palpitaba contra su vientre, dura como piedra. Pero paramos, jadeantes, riendo. "No aquí, cabrón, hagámoslo bien". El roce de su mano en mi paquete me dejó temblando toda la noche.

En casa, escribí furiosamente. Las palabras fluían: piel, sudor, gemidos. Este diario de una pasión escritor se está volviendo mi mejor obra.


Fecha: 25 de mayo

La tensión es un chingo. Hoy la invité a mi depa en la Roma, con velas y tequila reposado. El lugar olía a incienso de copal y a su perfume cuando entró. Vestía un vestido negro ceñido que marcaba cada curva, sus chichis perfectos, la panocha insinuada bajo la tela. "Estoy lista para tu historia", dijo con voz ronca, quitándose los zapatos.

Nos sentamos en el sofá, shots de tequila quemando la garganta, risas nerviosas. Mi mano en su muslo, subiendo despacio, sintiendo el calor de su piel. Ella suspiró, abriendo las piernas un poco. "Tócame, amor". Metí la mano bajo el vestido, hallando sus bragas empapadas. Estaba chorreando, neta. Mis dedos rozaron su clítoris hinchado, resbaloso, y ella arqueó la espalda, gimiendo bajito: "¡Sí, así, pendejo!". La besé el cuello, lamiendo el sudor salado, mientras la masturbaba lento, círculos que la hacían temblar.

Se volteó, desabrochándome el pantalón. Mi verga saltó libre, venosa y tiesa, goteando pre-semen. "Qué rica", gruñó, lamiéndola desde la base hasta la punta, su boca caliente envolviéndome. Chupaba como diosa, lengua girando, succionando fuerte. Gemí como loco, agarrando su pelo, follando su boca suave. El sonido era obsceno: slurp, slurp, saliva chorreando.

La cargué a la cama, quitándole el vestido. Su cuerpo desnudo era poesía: tetas firmes con pezones oscuros, cintura estrecha, culo prieto, panocha depilada brillando de jugos. Me tiré encima, besando cada centímetro. Lamí sus chichis, mordisqueando, luego bajé, oliendo su aroma almizclado, excitante como feromonas puras. Separé sus labios rosados, lengua en su clítoris, chupando suave. "¡Ay, cabrón, no pares!", gritó, caderas moviéndose, empapándome la cara. La metí dos dedos, curvados, tocando su punto G, y explotó en mi boca, chorros calientes, cuerpo convulsionando, uñas en mi espalda.

Me subí, verga en su entrada. "Cógeme ya", suplicó. Empujé despacio, sintiendo su calor apretado envolviéndome, paredes pulsantes. "¡Qué rica estás!", jadeé, embistiéndola profundo. El slap-slap de carne contra carne, sudor resbalando, sus gemidos mezclados con los míos. Cambiamos: ella encima, cabalgándome salvaje, tetas rebotando, pelo volando. "¡Te amo, escritor mío!", gritó, corriéndose otra vez, ordeñándome la verga.

La volteé a cuatro patas, admirando su culo perfecto. Entré duro, manos en sus caderas, follando como animal. El olor a sexo llenaba la habitación, pieles chocando, su coño chorreando por mis bolas. "¡Más fuerte!", pedía. La azoté suave, rojo en su piel, y ella gozó más. Sentí el orgasmo venir, bolas apretadas. "Me vengo", avisé. "Adentro, lléname". Exploté, chorros calientes llenándola, gruñendo como bestia.

Colapsamos, jadeantes, sudor pegándonos. Su cabeza en mi pecho, latidos sincronizados. "Esto es mi musa", susurró. Yo sonreí, besando su frente salada.


Fecha: 30 de mayo

Han pasado días de puro fuego. Ana duerme a mi lado ahora, su respiración suave como brisa. Este diario de una pasión escritor capturó todo: el primer roce, los besos robados, la noche en que nos entregamos sin reservas. Mi novela fluye, inspirada en ella, en nosotros. Siento su mano en mi verga, semi-dura aún, y ya quiero más. La vida es chida cuando la pasión te escribe el destino. Mañana, más páginas, más ella.

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