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Elias Sujeto a Pasiones

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Elias Sujeto a Pasiones

En el corazón de la Roma Norte, donde las luces de neón bailan con el aroma de tacos al pastor y el eco de risas en las terrazas, Elias se sentía como un volcán a punto de erupcionar. La noche era cálida, pegajosa, con ese viento que traía olores de jazmín mezclado con el humo de los cigarros electrónicos. Tenía treinta y dos años, un tipo alto, moreno, con ojos cafés que devoraban todo a su paso, y un trabajo de diseñador gráfico que le permitía codearse con la crema y nata de la ciudad. Pero esa noche, en la fiesta de un carnal suyo, algo lo tenía inquieto. Elias sujeto a pasiones, pensó, recordando un viejo poema que su abuela le leía de chavo, pero ahora esas palabras cobraban vida en su piel ardiente.

Ahí estaba ella, Sofia, una morra de curvas pronunciadas, cabello negro como la medianoche y labios rojos que prometían pecados. Vestía un vestido ajustado color esmeralda que se pegaba a sus chichis firmes y a su culo redondo, moviéndose al ritmo de un cumbia rebajada que retumbaba en los parlantes. Elias la vio desde el otro lado de la terraza, sorbiendo su chela helada, y sintió un tirón en el estómago, como si un imán lo jalara.

¿Qué pedo, wey? ¿Por qué esta chava me pone así de una?
se dijo, mientras su verga empezaba a despertar bajo los jeans.

Se acercó con una sonrisa pícara, ofreciéndole un trago. "Órale, preciosa, ¿te late una chelita fría? Esta noche está para quemarnos juntos." Sofia lo miró de arriba abajo, sus ojos brillando con picardía. "Simón, guapo. Pero no cualquier chela, tiene que estar bien fría, como lo que me provocas." Rieron, y el roce accidental de sus manos al pasarle la botella mandó chispas por la espina de Elias. Su piel olía a vainilla y a algo más salvaje, como tierra mojada después de la lluvia. Hablaron de todo: de la pinche ciudad que no duerme, de antojos por unos tacos de suadero, de cómo el deseo a veces te agarra desprevenido. La tensión crecía con cada mirada, cada roce. Elias sentía el pulso acelerado en las sienes, el calor subiendo por su pecho.

La fiesta se ponía más loca, pero ellos ya estaban en su propio mundo. Sofia se inclinó para susurrarle al oído: "¿Sabes? Me traes con las hormonas alborotadas, Elias. ¿Nos largamos de aquí?" Él asintió, el corazón latiéndole como tamborazo zacatecano. Salieron tomados de la mano, el aire nocturno fresco contra su piel sudorosa. Caminaron por las calles empedradas, riendo de tonterías, hasta llegar al depa de Elias, un loft chido con ventanales que daban a los edificios iluminados. Apenas cerraron la puerta, el beso explotó. Sus labios se devoraron, su lengua explorando la de ella, saboreando el tequila dulce y el salado de su deseo. Carajo, esta morra es fuego puro, pensó Elias, mientras sus manos bajaban por su espalda, apretando ese culo que lo volvía loco.

La llevó a la recámara, donde la luz tenue de una lámpara de lava pintaba sombras danzantes en las paredes. Sofia lo empujó a la cama king size, quitándose el vestido con un movimiento lento, sensual, revelando lencería negra que apenas contenía sus tetas grandes y su monte de Venus depilado. "Mírame, Elias. Quiero que me veas toda." Él se desvistió rápido, su verga erecta saltando libre, gruesa y venosa, palpitando con necesidad. Ella se arrodilló, sus ojos fijos en los suyos, y lo tomó en la boca. El calor húmedo de su lengua lo envolvió, chupando despacio al principio, luego más rápido, con sonidos jugosos que llenaban la habitación. Elias gemía, agarrando sus mechones, el olor de su arousal mezclado con su perfume volviéndolo loco.

¡Puta madre, qué chingón se siente esto! No aguanto más.

Pero no quería acabar así. La levantó, la tumbó en la cama, besando cada centímetro de su piel: el cuello salado, las tetas con pezones duros como piedras, lamiéndolos hasta que ella arqueaba la espalda, gimiendo "¡Ay, wey, no pares!". Bajó por su vientre suave, inhalando el aroma almizclado de su coño mojado. Separó sus piernas, gruesas y firmes, y hundió la cara ahí. Su clítoris hinchado respondía a cada lamida, su jugo dulce inundando su boca. Sofia se retorcía, clavando las uñas en las sábanas, gritando "¡Sí, cabrón, así! ¡Lámeme más duro!". Elias sentía su propia verga goteando precum, el corazón tronándole en los oídos, el sudor perlando su frente.

La tensión era insoportable ahora. Sofia lo jaló hacia arriba, guiando su pija a su entrada resbaladiza. "Muévete ya, Elias. Fóllame como hombre." Él entró de un solo empujón, sintiendo las paredes calientes de su vagina apretándolo como un guante. Empezaron lento, mirándose a los ojos, sus respiraciones entrecortadas sincronizándose. El slap-slap de sus cuerpos chocando, el crujir de la cama, los gemidos guturales llenaban el aire. Elias aceleró, embistiéndola profundo, sus bolas golpeando su culo. Ella envolvía sus caderas con las piernas, arañando su espalda, susurrando guarradas: "¡Más fuerte, pendejo! ¡Hazme tuya!". Elias sujeto a pasiones, rugió en su mente, mientras el clímax se acercaba como una ola gigante.

Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándolo como amazona salvaje, sus tetas rebotando hipnóticamente. Elias las amasaba, pellizcando los pezones, mientras ella giraba las caderas, frotando su clítoris contra su pubis. El olor a sexo impregnaba todo, sudor, fluidos, pasión cruda. Sofia se corrió primero, un grito ahogado, su coño contrayéndose en espasmos que lo ordeñaban. "¡Me vengo, carajo!" Elias no aguantó más; con un rugido, se vació dentro de ella, chorros calientes llenándola, su cuerpo temblando en éxtasis puro. Colapsaron juntos, jadeantes, piel contra piel pegajosa.

En el afterglow, Sofia acurrucada en su pecho, trazando círculos en su piel con la uña. El cuarto olía a ellos, a satisfacción. "Qué chido estuvo eso, Elias. Me dejaste temblando." Él sonrió, besando su frente.

Esto no fue solo un polvo. Hay algo más aquí, wey. Pasiones que no se apagan fácil.
Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero para ellos, el mundo se había detenido en ese momento perfecto. Elias, sujeto a pasiones que lo liberaban, supo que querría más de ella, de esa conexión que iba más allá de la carne.

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