Relatos
Inicio Erotismo Abismo de Pasion Capitulo 69 Abismo de Pasion Capitulo 69

Abismo de Pasion Capitulo 69

7482 palabras

Abismo de Pasion Capitulo 69

La noche en Polanco envolvía el penthouse con un velo de luces tenues y el aroma salado del viento que subía desde el Paseo de la Reforma. Ana se recargaba en la barandilla del balcón, su vestido negro ceñido al cuerpo como una segunda piel, sintiendo cómo el aire fresco erizaba su piel morena. Hacía semanas que no veía a Marco, su carnal de toda la vida, ese wey que la volvía loca con solo una mirada. El corazón le latía con fuerza, un tambor que anunciaba la tormenta que se avecinaba.

Él llegó puntual, como siempre, con esa sonrisa pícara que prometía pecados deliciosos. Órale, nena, ¿me extrañaste? murmuró mientras la abrazaba por la cintura, su aliento cálido rozando su cuello. Ana se giró, presionando su cuerpo contra el de él, sintiendo la dureza de su pecho bajo la camisa blanca desabotonada. Ni te imaginas, pendejo, respondió ella juguetona, mordiéndose el labio. Sus manos se enredaron en el cabello oscuro de Marco, tirando suavemente para atraerlo a un beso que empezó suave, como un susurro, y se volvió voraz, lenguas danzando con sabor a tequila y deseo reprimido.

El abismo de pasión que siempre los unía se abría de nuevo bajo sus pies. Ana recordaba las noches anteriores, esos capítulos de su historia privada que los habían llevado al borde una y otra vez. Este sería el capitulo 69, pensó con una sonrisa interna, el número perfecto para perderse del todo.

Marco la cargó en brazos sin esfuerzo, sus músculos tensos bajo la tela, y la llevó al interior. La habitación principal olía a sándalo y vainilla de las velas encendidas, la cama king size esperándolos con sábanas de satén negro que crujían al menor roce. La depositó con gentileza, pero sus ojos ardían con hambre. Te quiero toda la noche, mi amor, dijo él, quitándose la camisa para revelar el torso esculpido por horas en el gym de la colonia. Ana se incorporó sobre los codos, admirando las líneas de sus abdominales, el vello oscuro que bajaba hasta la cintura de su pantalón.

El deseo inicial era como una chispa, pero pronto se convirtió en fuego. Ella se levantó de rodillas en la cama, deslizando las manos por su pecho, sintiendo el calor de su piel, el pulso acelerado bajo sus dedos. Quítame esto, carnal, susurró, guiando sus manos al cierre del vestido. Marco obedeció, bajándolo despacio, centímetro a centímetro, besando cada pedazo de piel que revelaba. El vestido cayó al suelo con un susurro suave, dejando a Ana en lencería roja de encaje, sus pechos subiendo y bajando con cada respiración jadeante.

¿Por qué este hombre me hace sentir así? Como si el mundo se redujera a su toque, a su olor a hombre limpio y sudor fresco.
pensó Ana mientras él lamía el hueco de su clavícula, enviando escalofríos por su espina dorsal.

La tensión crecía con cada caricia. Marco la tumbó boca arriba, sus labios trazando un camino ardiente desde su boca hasta sus senos. Chupó un pezón a través del encaje, el roce áspero haciendo que Ana arqueara la espalda, un gemido escapando de su garganta. ¡Qué rico, Marco! No pares, suplicó ella, enredando las piernas alrededor de su cintura. Él mordisqueó suavemente, el dolor placentero mezclándose con el placer puro, mientras sus manos exploraban sus muslos, subiendo hasta el calor húmedo entre ellos.

Pero no era solo físico; había una profundidad emocional que los ataba. Ana pensó en las peleas tontas, las reconciliaciones calientes, cómo él siempre volvía por ella, como si fueran dos imanes imposibles de separar. Eres mi todo, ¿sabes? murmuró Marco contra su piel, quitándole las bragas con dientes, el aliento caliente rozando su centro. Ana tembló, el aroma de su propia excitación llenando el aire, almizclado y dulce.

El medio del fuego ardía más intenso. Marco se desvistió rápido, su verga erecta saltando libre, gruesa y venosa, palpitando con necesidad. Ana la tomó en mano, sintiendo la seda caliente de la piel, el pulso fuerte bajo sus dedos. Mírate, tan chingón, dijo ella con voz ronca, masturbándolo despacio mientras él gemía, los ojos cerrados en éxtasis. Se besaron de nuevo, salvaje, saboreando el sudor salado en sus labios.

Él descendió por su cuerpo, besando el ombligo, las caderas, hasta llegar a su panocha depilada y reluciente. La lengua de Marco la lamió con devoción, saboreando su néctar dulce y salado, chupando el clítoris hinchado. Ana gritó, las uñas clavándose en las sábanas, el sonido de succión húmeda mezclándose con sus jadeos. ¡Sí, así, mi rey! ¡Me vas a volver loca! Las olas de placer la sacudían, el olor a sexo impregnando la habitación, el calor de su boca como un infierno bendito.

Pero querían más, algo simbiótico. Ven, hagamos el 69 que tanto anhelamos, propuso Ana, volteándose con gracia felina. Marco se acostó, y ella se posicionó encima, su coño a centímetros de su boca mientras su boca envolvía la verga de él. El sabor salado y almizclado la invadió, chupando con avidez, la lengua girando alrededor de la cabeza sensible. Marco la devoraba al mismo tiempo, dedos abriendo sus labios para lamer más profundo, el zumbido de su placer vibrando contra ella.

El abismo de pasión capitulo 69 se desplegaba en toda su gloria. Sus cuerpos se movían en sincronía perfecta, gemidos ahogados por la carne del otro. Ana sentía cada vena de su verga en su garganta, el pre-semen goteando en su lengua, mientras los dedos de Marco la penetraban, curvándose para tocar ese punto que la hacía ver estrellas. El sudor los unía, piel resbaladiza, corazones latiendo al unísono como tambores aztecas en una ceremonia prohibida.

La intensidad escalaba, pensamientos fragmentados en la mente de Ana:

Esto es el paraíso, su lengua me folla como nadie, yo lo controlo con mi boca, somos uno.
Él gruñía contra su clítoris, ¡No aguanto más, nena!, pero ella lo frenaba con una succión más fuerte, prolongando el tormento delicioso. El aire estaba cargado de sus olores mezclados, jadeos y lamidas húmedas como una sinfonía erótica.

El clímax los alcanzó como un tsunami. Ana explotó primero, su coño contrayéndose alrededor de la lengua de Marco, chorros de placer inundándola mientras gritaba su nombre, el cuerpo temblando incontrolable. Él la siguió segundos después, la verga hinchándose en su boca, eyaculando chorros calientes y espesos que ella tragó con gusto, saboreando cada gota salada. Se corrieron juntos, en el pico del 69, cuerpos arqueados en éxtasis mutuo.

El afterglow fue tierno, como el amanecer después de la tormenta. Se separaron despacio, riendo entre jadeos, cuerpos entrelazados en las sábanas empapadas. Marco la besó en la frente, Eres increíble, mi vida. Esto fue épico. Ana se acurrucó contra su pecho, escuchando el latido calmándose, oliendo su piel mezclada con el suyo. Sí, carnal, nuestro abismo de pasión nunca acaba, susurró ella, trazando círculos en su abdomen.

Se quedaron así, reflexionando en silencio sobre lo que eran: amantes eternos en una ciudad de millones, pero solos en su mundo privado. El capítulo 69 cerraba con una promesa de más, el deseo latiendo bajo la piel como un secreto compartido. Afuera, la noche de México palpitaba con vida, pero adentro, solo existían ellos, saciados y completos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.