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Pasiones TV Channel Desata Mi Fuego Interno

6675 palabras

Pasiones TV Channel Desata Mi Fuego Interno

Estaba sola en mi departamentito en la Condesa, con el control remoto en la mano y el aire cargado de ese calor pegajoso de la noche mexicana. Pasiones TV Channel era mi vicio secreto, wey. Cada vez que prendía el tele, esas telenovelas llenas de miradas ardientes y besos que te dejaban con el alma en vilo me ponían como moto. Esa noche, la historia de un galán que seducía a su vecina con promesas susurradas al oído me tenía clavada en el sofá. Sentía el corazón latiéndome fuerte, un cosquilleo subiendo por mis muslos, y el olor de mi propia excitación mezclándose con el jazmín del difusor que tenía encendido.

¿Por qué carajos Pasiones TV Channel siempre me deja así de caliente? Como si el tele pudiera tocarme de verdad.
Pensé, mordiéndome el labio mientras la protagonista gemía bajito en la pantalla. Afuera, el ruido de la ciudad: cláxones lejanos, risas de borrachos en la calle, y de repente, un golpe en la puerta. Me levanté de un brinco, el corazón en la garganta. Era él, mi vecino chulo, Marco, con su sonrisa pícara y esa camiseta ajustada que marcaba sus pectorales.

—Ey, nena, ¿todo bien? Oí la tele a todo volumen y pensé que te estabas volviendo loca sola —dijo, guiñándome el ojo mientras entraba sin que lo invitara del todo.

Me reí, nerviosa, sintiendo el calor subir a mis mejillas. —Pasa, wey. Estoy viendo Pasiones TV Channel. ¿Has visto esa novela nueva? El galán es un pendejo irresistible.

Se sentó a mi lado, tan cerca que olía su colonia fresca, mezclada con un toque de sudor del gym. Sus ojos se clavaron en la pantalla, pero yo sentía su mirada rozándome la piel como una caricia. La tensión crecía, el aire se espesaba. Nuestros brazos se tocaron accidentalmente, y un escalofrío me recorrió la espalda. Qué chingón se ve de cerca, pensé, recordando cómo lo espiaba por la ventana.

La novela avanzaba: el galán besaba el cuello de la morra, y Marco soltó un suspiro. —Neta, esto me prende. ¿Y a ti?

Asentí, la boca seca. —Mucho. Me hace pensar en... cosas.

Nos miramos, y ahí fue. Sus labios se estrellaron contra los míos, suaves al principio, luego hambrientos. Sabían a menta y a deseo puro. Mis manos subieron a su nuca, enredándose en su cabello revuelto, mientras su lengua exploraba mi boca con urgencia. El tele seguía sonando de fondo, gemidos falsos que se mezclaban con nuestros jadeos reales. Sentí sus manos grandes bajando por mi espalda, apretando mis nalgas con fuerza juguetona.

Estás rica, Ana —murmuró contra mi cuello, su aliento caliente erizándome la piel.

Lo empujé al sofá, montándome encima. Sus ojos brillaban de lujuria, y yo me sentía poderosa, como la reina de mi propia telenovela. Le quité la camiseta, revelando su torso moreno y marcado, oliendo a hombre puro. Lamí su pecho, saboreando la sal de su sudor, mientras él gemía bajito: —Sigue, nena, no pares.

La habitación se llenaba de nuestros sonidos: el crujir del sofá, piel contra piel, respiraciones agitadas. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero adentro era nuestro mundo. Desabroché su jeans, liberando su verga dura, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo su calor, su grosor. Él me miró con esa intensidad que me derretía.

Esto es mejor que cualquier Pasiones TV Channel. Real, crudo, mío.

Me desnudé despacio, dejándolo devorarme con la mirada. Mis pechos se liberaron, tetas firmes y oscuras de pezones, y él las tomó, chupándolas con hambre. Un rayo de placer me atravesó, directo al clítoris que ya latía. Me froté contra su muslo, sintiendo mi humedad empapándolo.

Te quiero adentro, Marco. Ya —le rogué, voz ronca.

Me volteó con facilidad, poniéndome de rodillas en el sofá. Su verga rozó mi entrada, y empujó lento, centímetro a centímetro. Qué rico, llenándome por completo. Gemí fuerte, el placer doliendo un poquito al principio, pero luego puro éxtasis. Empezó a moverse, embestidas profundas, sus bolas chocando contra mí con un sonido húmedo y obsceno. Agarraba mis caderas, marcándome con sus dedos, mientras yo empujaba hacia atrás, queriendo más.

El sudor nos cubría, goteando por su espalda que yo arañaba. Olía a sexo, a nosotros: almizcle, piel caliente, mi aroma dulce de excitación. Volteó mi cabeza para besarme, lengua enredada mientras me follaba más duro. —Eres una diosa, Ana. Me traes loco —gruñó.

Cambié de posición, queriendo control. Lo tiré de espaldas y me subí encima, cabalgándolo como en mis sueños más calientes. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, enviando chispas por todo mi cuerpo. Rebotaba, sintiendo cada vena de su verga rozándome por dentro, el clítoris frotándose contra su pubis. El tele aún prendido, ahora una escena de amor apasionado que parecía burlarse de nosotros.

La tensión subía, mis músculos se contraían. —Voy a correrme, wey. Contigo —jadeé.

Él aceleró, embistiéndome desde abajo. —Dame todo, nena.

El orgasmo me golpeó como un tren: olas de placer convulsionándome, gritando su nombre mientras mi coño lo ordeñaba. Él se tensó, gruñendo, y sentí su leche caliente llenándome, pulsos y pulsos de semen derramándose dentro. Colapsamos juntos, jadeantes, piel pegajosa y corazones desbocados.

Después, nos quedamos así, enredados en el sofá. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. El tele seguía con Pasiones TV Channel, pero ya no importaba. Apagué todo con el control, dejando solo la luz de la luna filtrándose por la ventana.

Esto fue mejor que cualquier novela —dijo él, besándome la frente.

Sonreí, acariciando su cabello.

Neta, Pasiones TV Channel me abrió los ojos a esto. A lo real, a lo nuestro.
Sentía su semen goteando entre mis piernas, un recordatorio cálido y pegajoso. Nos levantamos despacio, fuimos a la regadera. El agua caliente nos lavó, pero no el fuego que aún ardía bajito.

En la ducha, sus manos jabonosas resbalaban por mi cuerpo, reviviendo chispas. Me besó bajo el chorro, suave esta vez, prometiendo más noches así. Salimos, nos secamos con risas, y nos metimos a la cama. Su cuerpo pegado al mío, piel contra piel, el olor de limpio y sexo residual.

Me dormí pensando en cómo una simple tele había desatado todo esto. Mañana, Pasiones TV Channel seguiría, pero yo ya tenía mi propia pasión, real y palpitante a mi lado. Y qué chido se sentía.

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