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Pasión Capítulo 75 Fuego en las Venas

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Pasión Capítulo 75 Fuego en las Venas

La noche en Polanco se sentía cargada de promesas, con el bullicio de los carros allá abajo y el aroma a jazmín flotando desde el balcón. Yo, Ana, me recargaba en la ventana de mi depa, con una copa de mezcal en la mano, sintiendo el líquido quemándome la garganta como un beso anticipado. Hacía meses que no veía a Javier, ese pendejo guapo que me había dejado con el corazón hecho trizas, pero también con recuerdos que me ponían la piel de gallina. Neta, cada vez que pensaba en él, mi cuerpo se encendía solo.

El timbre sonó como un trueno en mi pecho. Miré el reloj: medianoche. Abrí la puerta y ahí estaba, con su camisa negra ajustada marcando esos pectorales que tanto extrañaba, el pelo revuelto y esa sonrisa pícara que decía "te voy a devorar".

"Ana, mi reina, no aguanto más sin ti"
, murmuró con esa voz ronca que me derretía. Lo jalé adentro sin decir nada, cerrando la puerta con el pie. Nuestros cuerpos se chocaron en el pasillo, y sentí su calor atravesando la tela fina de mi blusa. Olía a colonia cara mezclada con sudor fresco, a hombre que viene con hambre.

Nos quedamos mirándonos, respirando agitado. ¿Por qué carajos lo dejé ir?, pensé mientras sus ojos café me recorrían como caricias. Él levantó la mano, rozó mi mejilla con los nudillos, y un escalofrío me bajó por la espalda.

"He soñado contigo todas las noches, carnala. Tu piel, tu sabor..."
Sus palabras eran como fuego lento, prendiendo chispas en mi vientre. Lo empujé contra la pared, besándolo con furia contenida. Sus labios sabían a tequila y deseo puro, la lengua invadiendo mi boca con maestría, chupando, mordiendo suave. Gemí bajito, sintiendo mis pezones endurecerse contra su pecho duro.

Acto uno apenas empezaba. Lo llevé al sofá de la sala, donde la luz tenue de las velas pintaba sombras danzantes en las paredes. Nos sentamos, pero no duró. Sus manos grandes subieron por mis muslos, arrugando mi falda corta. Qué chido se siente esto, pensé, abriendo las piernas un poquito para invitarlo. Él rio bajito, ese sonido grave que vibraba en mi clítoris.

"Estás mojada ya, ¿verdad, mamacita?"
Asentí, mordiéndome el labio, mientras sus dedos rozaban mi tanga de encaje. El roce era eléctrico, un cosquilleo que me hacía arquear la espalda. Olía a mi propia excitación, dulce y almizclada, mezclándose con su aroma masculino.

Pero no quería apurarlo. Le quité la camisa despacio, besando cada centímetro de su torso bronceado. Lamí sus abdominales, saboreando la sal de su piel, mientras él gruñía y enredaba los dedos en mi pelo. Esto es pasión capítulo 75 de nuestra historia, se me cruzó por la mente, como si fuéramos los protagonistas de una novela erótica interminable. Sus manos bajaron mi blusa, exponiendo mis tetas llenas. Las tomó con avidez, pellizcando los pezones rosados hasta que dolió rico, haciendo que jadeos se me escaparan sin control. El sonido de nuestras respiraciones pesadas llenaba el aire, junto al tráfico lejano que parecía un latido compartido.

En el medio del fuego, la tensión subía como la marea en Acapulco. Me puse de rodillas entre sus piernas, desabrochando su jeans con dientes y uñas. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con vida propia. La miré, lamiéndome los labios.

"Qué pedazo de hombre, wey"
, le dije juguetona, y él rio, pero su voz salió entrecortada cuando la tomé en la boca. Chupé despacio al principio, saboreando el precum salado, la textura sedosa sobre mi lengua. Él jadeaba, empujando suave mis hombros. Siento su pulso en mi garganta, como un tambor de guerra. Aceleré, succionando fuerte, mientras mis manos masajeaban sus huevos pesados. El cuarto olía a sexo crudo, a piel sudada y fluidos mezclados.

Javier no se quedó atrás. Me levantó como si no pesara nada, cargándome al cuarto. Me tiró en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que se sentían como nubes bajo mi espalda desnuda. Se quitó el resto de la ropa, y yo me despojé de la falda y tanga, abriéndome de piernas para él. Sus ojos brillaban como brasas. Bajó la cabeza entre mis muslos, inhalando profundo.

"Hueles a paraíso, Ana"
. Su lengua encontró mi clítoris hinchado, lamiendo en círculos lentos que me volvían loca. Gemí alto, agarrando las sábanas, sintiendo el roce áspero de su barba en mis labios mayores. Introdujo dos dedos gruesos, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El sonido chido de mi coño mojado siendo follado por sus dedos se mezclaba con mis gritos: "¡Más, cabrón, no pares!"

La intensidad crecía, psicológica y física. Recordé nuestras peleas pasadas, el dolor que ahora se transformaba en placer redentor. Esto es lo que necesitaba, su dominio tierno. Él se posicionó encima, su verga rozando mi entrada empapada. Nos miramos, pidiendo permiso con los ojos. Asentí, y empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena, cada pulso, llenándome hasta el fondo. Gruñimos juntos, piel contra piel sudada. Empezó a moverse, embestidas profundas y rítmicas, el colchón crujiendo bajo nosotros. Mis uñas arañaban su espalda, dejando marcas rojas que olían a hierro y pasión.

El clímax se acercaba como tormenta. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como amazona. Sus manos en mis caderas guiaban el ritmo, tetas rebotando con cada bajada. Sudor nos unía, resbaloso y caliente.

"Córrete para mí, mi amor"
, jadeó él, pellizcando mi clítoris. El orgasmo me golpeó como rayo, olas de placer convulsionándome, coño apretando su verga en espasmos. Grité su nombre, viendo chispas blancas. Él siguió unos segundos más, gruñendo salvaje, y se vino dentro, chorros calientes inundándome, su cuerpo temblando bajo el mío.

En el afterglow, nos quedamos enredados, respiraciones calmándose. Su mano acariciaba mi pelo, besos suaves en la frente. Olía a sexo satisfecho, a nosotros. Pasión capítulo 75, el que nos une para siempre, pensé, sonriendo en la oscuridad. Afuera, la ciudad seguía viva, pero aquí, en este nido, solo existíamos el eco de nuestros gemidos y la promesa de más noches así. Javier murmuró

"Te amo, Ana. No te suelto más"
, y yo, con el corazón lleno, respondí con un beso que sellaba todo.

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