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Pasión Capítulo 93 Noche de Fuego Eterno

7157 palabras

Pasión Capítulo 93 Noche de Fuego Eterno

La noche en Polanco siempre tiene ese sabór especial, con las luces de los restaurantes brillando como estrellas caídas y el aroma de tacos al pastor flotando en el aire húmedo. Yo, Ana, acababa de bajar del Uber, con el corazón latiéndome a mil por hora. Hacía semanas que no veía a Diego, mi pendejo favorito, ese moreno de ojos negros que me volvía loca con solo una mirada. Vestía un vestido negro ajustado que marcaba mis curvas, y debajo, lencería roja que gritaba ven por mí.

Él abrió la puerta de su departamento en la colonia, oliendo a su colonia favorita, esa mezcla de sándalo y limón que me hacía salivar.

¡Neta, este cabrón sabe cómo recibirme!
pensé mientras me abrazaba fuerte, su pecho duro contra mis tetas, y su aliento cálido en mi cuello. "Ana, mi reina, al fin llegaste", murmuró con esa voz ronca que me erizaba la piel.

Entramos a la sala, iluminada por velas que parpadeaban suaves. Puso música de romántica mexicana, algo de Alejandro Fernández que nos llevaba de vuelta a aquellas noches en la playa de Puerto Vallarta. Me sirvió un tequila reposado, el cristal frío en mi mano, y brindamos. "Por nosotros", dijo, chocando su vaso contra el mío. El líquido quemaba dulce en mi garganta, despertando un calor que bajaba directo a mi entrepierna. Nos sentamos en el sofá de cuero negro, tan cerca que sentía el calor de su muslo contra el mío.

La plática fluyó como agua, recordando chistes viejos y esas veces que nos escapamos a Taxco para un fin de semana loco. Pero el aire se cargaba de tensión, de ese deseo que no se dice, se siente. Su mano rozó mi rodilla, subiendo despacio por mi muslo. ¡Órale! Mi piel se puso de gallina, y un jadeo se me escapó. "Diego, me tienes calientita ya", le susurré, mordiéndome el labio.

Él sonrió pícaro, ese hoyuelo en la mejilla que me mataba. "Pues eso es lo que quiero, mamacita". Me jaló hacia él y nos besamos, lento al principio, saboreando el tequila en su lengua. Sus labios eran suaves pero firmes, chupando mi boca como si fuera el último sorbo de vida. Mis manos se enredaron en su cabello negro, tirando suave mientras su beso se volvía hambriento. Olía a hombre, a sudor fresco mezclado con su esencia, y yo ya estaba mojada, sintiendo cómo mis bragas se empapaban.

Acto uno completo, pensé, pero esto apenas empezaba. Me levantó en brazos como si no pesara nada, camino al cuarto con pasos firmes. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio blancas como nieve. Me tiró suave y se quitó la camisa, revelando ese torso marcado por horas en el gym, pectorales duros y un vientre plano con vello negro que bajaba hasta su pantalón. Lo miré, lamiéndome los labios. "Quítate todo, carnal", le ordené, sintiéndome poderosa.

Se desvistió despacio, provocándome, hasta quedar en boxers que no escondían su verga dura, grande y palpitante. Yo me incorporé, quitándome el vestido con un movimiento sexy, dejando ver mis tetas redondas en el bra push-up y el tanga rojo que apenas cubría mi coño depilado. "¡Chingao, Ana, estás de fuego!", exclamó, sus ojos devorándome.

Se acercó gateando sobre la cama, besando mi cuello, bajando a mis hombros, lamiendo mi clavícula. Cada roce de su lengua era electricidad, mi piel ardiendo bajo sus labios. Me quitó el bra con dientes, suave pero juguetón, y chupó mi pezón izquierdo, endureciéndolo al instante. Gemí fuerte, arqueando la espalda.

Esto es Pasión Capítulo 93, el momento donde todo el deseo acumulado explota como volcán
, pensé, recordando cómo en nuestras noches locas siempre numerábamos nuestros encuentros como capítulos de nuestra telenovela privada.

Sus manos expertas masajearon mis tetas, pellizcando suave los pezones mientras su boca bajaba por mi vientre, dejando un rastro húmedo de besos. El olor de mi excitación llenaba la habitación, ese aroma almizclado que lo volvía loco. "Hueles a pureza, a mujer en celo", gruñó, enterrando la nariz en mi tanga. Lo jalé del pelo, guiándolo. "Come mi coño, Diego, hazme gritar".

Me arrancó el tanga con un tirón juguetón y separó mis piernas anchas. Su lengua caliente lamió mi clítoris despacio, círculos perfectos que me hacían jadear. ¡Ay, cabrón! Sentía cada lamida como fuego líquido, mi jugo chorreando en su boca. Él chupaba voraz, metiendo dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos para tocar ese punto que me volvía loca. Mis caderas se movían solas, follando su cara, mis gemidos rebotando en las paredes. "¡Más, pendejo, no pares!", suplicaba, mis uñas clavándose en sus hombros.

El sudor nos cubría, perlas brillantes en su espalda morena. Yo quería devolvérsela. Lo empujé boca arriba y me subí encima, besando su pecho, lamiendo sus abdominales salados. Bajé a su verga, dura como piedra, venosa y gruesa. La tomé en mi mano, masturbándola lento mientras lamía la cabeza, saboreando el pre-semen salado. "¡Qué rica tu verga, Diego!", dije, metiéndomela entera en la boca, chupando profundo hasta la garganta. Él gemía ronco, "Neta, Ana, me vas a matar así".

La tensión crecía, nuestros cuerpos en sintonía perfecta. Me subí a horcajadas, frotando mi coño mojado contra su pija, lubricándola. "Te quiero dentro, ahora", jadeé. Él asintió, guiándome. Me hundí despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome delicioso. ¡Dios! Era perfecto, grueso y largo, tocando lo más hondo. Empecé a cabalgar, lento primero, sintiendo cada roce en mis paredes internas, el slap slap de piel contra piel.

Aceleré, mis tetas botando, sudor goteando entre ellas. Él me agarraba las nalgas, amasándolas fuerte, metiendo un dedo en mi ano para más placer. Gemíamos juntos, el cuarto lleno de nuestros sonidos animales: resuellos, ¡ay! y ¡sí! El olor a sexo era intenso, almizcle y sudor mezclado con nuestras fragancias.

En Pasión Capítulo 93, el clímax llega como tormenta, arrasando todo
, pensé mientras sentía el orgasmo construyéndose, una ola gigante en mi vientre.

"¡Me vengo, Diego!", grité, convulsionando alrededor de su verga, jugos chorreando por sus bolas. Él no paró, follando hacia arriba con fuerza, prolongando mi éxtasis. Segundos después, rugió como león, llenándome de su leche caliente, pulsos y pulsos que sentía chocar dentro. Colapsamos juntos, jadeantes, cuerpos pegajosos entrelazados.

En el afterglow, yacíamos en silencio, su cabeza en mi pecho, mi mano acariciando su cabello húmedo. El aire olía a nosotros, satisfecho y dulce. "Eres lo mejor que me ha pasado, Ana", murmuró, besando mi piel. Yo sonreí, sintiendo paz profunda. Esto es amor, pasión pura, pensé. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en nuestro mundo, Pasión Capítulo 93 terminaba con promesas de más capítulos, eternos y ardientes.

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