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Pasión de Amor Novela

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Pasión de Amor Novela

En el bullicio de la colonia Roma en la Ciudad de México el aroma a café de olla y pan dulce flotaba en el aire mientras yo Ana caminaba por las calles empedradas con mi falda ligera ondeando al viento cálido de la tarde. Tenía veintiocho años y trabajaba en una librería chiquita pero con encanto llena de novelas que hablaban de amores intensos y pasiones que queman la piel. Ese día un tipo guapo entró buscando algo específico una pasión de amor novela que le habían recomendado. Sus ojos cafés profundos me clavaron en el lugar y su sonrisa pícara me hizo sentir un cosquilleo en el estómago como si ya supiera que esto iba a ser el inicio de algo ardiente.

Órale wey pensé este morro está cañón. Se llamaba Diego era arquitecto de treinta y dos años con esa barba recortada que invita a pasar los dedos y un cuerpo atlético que se adivinaba bajo su camisa ajustada. Me platicó que andaba en busca de historias que aceleren el pulso que hagan sentir vivo. Le recomendé una edición especial de una novela romántica mexicana con tapas rojas que olía a vainilla fresca por el papel nuevo. Nuestros dedos se rozaron al pasársela y ahí fue el chispazo un calor que subió por mi brazo directo al pecho.

Gracias carnalita —dijo con voz grave y juguetona—. ¿Sabes? A veces la vida real necesita un poco de esa pasión de amor novela para no ser tan pinche aburrida.

Me reí nerviosa el corazón latiéndome como tambor en fiesta. Lo invité a un café en la esquina de la librería prometiéndome a mí misma que no iba a dejar pasar esta oportunidad. Caminamos juntos el sol calentándonos la nuca el ruido de los cláxons y risas de transeúntes como banda sonora perfecta.

En la cafetería el vapor del chocolate caliente subía en espirales y el olor a canela me envolvía mientras platicábamos de todo y nada. Diego me contaba de sus viajes por la costa oaxaqueña donde el mar besa la arena con furia y yo le confesaba mis sueños de escribir mi propia pasión de amor novela algún día. Sus rodillas rozaban las mías bajo la mesa y cada roce era como electricidad estática en mi piel erizada. ¿Por qué carajos me pongo así con este wey? me preguntaba en mi cabeza mientras sorbía el café dulce que sabía a promesas.

La tensión crecía con cada mirada prolongada cada risa compartida. Él ponía su mano sobre la mía casualmente y yo sentía el calor de su palma áspera por el trabajo manual contrastando con mi piel suave. Me muero por besarlo admití para mis adentros. De pronto se inclinó y susurró:

¿Y si hacemos nuestra propia novela Ana? Una donde la pasión no sea solo palabras.

El pulso se me aceleró el aire se sentía espeso cargado de deseo. Asentí con la cabeza la boca seca el cuerpo ya traicionándome con un calor húmedo entre las piernas. Pagó la cuenta y salimos tomados de la mano hacia su departamento a unas cuadras un loft moderno con vistas al skyline de la ciudad y muebles de madera que olían a cedro fresco.

Adentro la luz del atardecer teñía todo de naranja y dorado mientras él ponía música de trova yucateca suave con guitarras que vibraban en el pecho. Me acercó despacio sus manos en mi cintura fuertes pero tiernas. Esto es lo que necesitaba pensé oliendo su colonia mixta con sudor masculino limpio. Nuestros labios se encontraron por fin suaves al principio explorando como en el primer capítulo de una novela. Sabía a café y a menta su lengua danzando con la mía en un ritmo que me dejó jadeante.

Eres preciosa mamacita —murmuró contra mi cuello mordisqueando la piel sensible.

Yo gemí bajito arqueando la espalda mientras sus manos subían por mi blusa desabrochándola con dedos hábiles. El aire fresco besó mis pechos liberados los pezones endureciéndose al instante. Él los lamió succionó con una hambre que me hizo clavar las uñas en su espalda musculosa. ¡Qué rico wey! el placer subía en olas mi clítoris palpitando pidiendo más.

Lo empujé al sofá grande y mullido nos quitamos la ropa con urgencia riéndonos de lo torpes que éramos en el afán. Su verga erecta saltó libre gruesa venosa oliendo a hombre excitado y yo la tomé en mi mano sintiendo su pulso caliente latiendo contra mi palma. Él gruñó profundo un sonido animal que me mojó más. Me arrodillé saboreándola despacio la lengua rodeando la cabeza salada el gemido que soltó fue música para mis oídos.

Pero quería más lo monté a horcajadas su polla deslizándose dentro de mí centímetro a centímetro llenándome hasta el fondo. Es perfecto el estiramiento delicioso el roce contra mis paredes internas enviando chispas por todo mi cuerpo. Empecé a moverme cabalgándolo lento al principio saboreando cada embestida el sudor perlando su pecho el slap slap de piel contra piel el olor almizclado de nuestros sexos unidos.

La intensidad subió giramos él encima ahora follando con fuerza controlada sus caderas chocando las mías el sofá crujiendo bajo nosotros. Yo envolví mis piernas alrededor de su cintura clavándole las uñas más fuerte papi más suplicaba entre jadeos. Sus bolas golpeaban mi culo el placer acumulándose en mi vientre como tormenta lista para estallar. Él me besaba el sudor salado en sus labios sus ojos fijos en los míos transmitiendo esa conexión profunda más allá de lo físico.

Te sientes increíble Ana como si fueras hecha para mí —jadeó mordiendo mi labio inferior.

El orgasmo me golpeó primero olas y olas contrayendo mi coño alrededor de su verga ordeñándolo. Grité su nombre el mundo explotando en colores el corazón retumbando en oídos. Él se vino segundos después gruñendo profundo llenándome con chorros calientes que se desbordaron por mis muslos. Colapsamos juntos pieles pegajosas resbalosas de sudor y fluidos el pecho subiendo y bajando en sincronía.

Después nos quedamos así envueltos en las sábanas que había arrastrado del cuarto el olor a sexo impregnando el aire la ciudad zumbando afuera como testigo indiferente. Diego me acariciaba el cabello besando mi frente suave.

Esto fue mejor que cualquier pasión de amor novela —dijo riendo bajito.

Yo sonreí acurrucándome en su pecho sintiendo su corazón calmarse contra mi mejilla. Quizá esta sea el comienzo de mi propia novela pensé con una paz profunda y un hormigueo de promesas futuras. El sol se ponía tiñendo la habitación de púrpura y en ese momento supe que la vida real podía ser tan ardiente como las mejores historias.

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