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Horas de la Pasion de Luisa Piccarreta en Audio

6193 palabras

Horas de la Pasion de Luisa Piccarreta en Audio

Tú estás recostada en tu cama king size en tu depa de Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a vainilla de tu vela Yankee Candle flotando en el aire. Es viernes por la noche, y después de un día de puro estrés en la oficina, decides buscar algo que te relaje. Neta, andas con un calorcillo entre las piernas que no te deja en paz. Abres tu laptop, pones Spotify y tecleas horas de la pasion de luisa piccarreta en audio. Aparece un podcast viejo, narrado por una voz de mujer ronca y profunda, como si te estuviera susurrando secretos al oído. Lo das play, cierras los ojos y te dejas llevar.

La voz empieza suave:

"En la primera hora, el Señor entra en el Huerto de Getsemaní, su corazón latiendo con pasión divina..."
Pero en tu mente, carnal, todo se tuerce delicioso. Imaginas no un jardín religioso, sino tu propio cuerpo como ese huerto, húmedo y listo para ser explorado. Tus pezones se endurecen bajo la blusa de algodón suave, rozando la tela con cada respiración profunda. El audio sigue, describiendo agonía y entrega, y tú sientes un cosquilleo en el estómago que baja directo a tu panochita. Órale, qué chido, piensas, mientras tus manos suben solas por tus muslos, apretando la carne tersa. El sudor comienza a perlar tu clavícula, con un olor salado que se mezcla con tu aroma natural, ese almizcle dulce que te excita a ti misma.

No aguantas más. Tomas tu cel, marcas el número de Diego, tu carnal de la universidad que ahora es tu amante perfecto. Wey alto, moreno, con esa sonrisa pícara y un cuerpo de gym que te hace babear. "Ven ya, pendejo. Estoy escuchando unas horas de pasión que me tienen loca", le dices con voz entrecortada. Él ríe, "¿Qué? ¿Luisa quién? Ya voy, morra, no te acabes sin mí". Apagas el audio un rato, pero el eco de esa voz te palpita en la cabeza como un latido.

Acto dos: la escalada

Diego llega en menos de veinte minutos, oliendo a colonia Acqua di Gio y a la noche mexicana de tacos callejeros. Trae una botella de tequila Don Julio en la mano, pero tú lo jalas directo a la cama sin chistar. "Pon el audio, ándale", ordenas, y él obedece, curioso. Reinicias las Horas de la Pasión de Luisa Piccarreta en audio, y la voz llena la habitación:

"Su sudor se convierte en sangre, gotas de amor infinito..."
Diego te mira con ojos brillantes, se quita la playera dejando ver sus abdominales marcados, y se acerca gateando como un tigre.

Tú sientes su aliento caliente en tu cuello, oliendo a menta y deseo. Sus labios rozan tu oreja, "Neta, esta voz me está prendiendo, wey", murmura mientras sus manos grandes te recorren los brazos, bajando a tus tetas. Las aprieta suave al principio, haciendo que gimas bajito contra el colchón mullido. El audio narra traición y soledad, pero en tu cabeza es él traicionando tu clítoris con su lengua. Le quitas los jeans, liberando su verga dura, gruesa, palpitando con venas que sientes bajo tus dedos. La tocas despacio, saboreando el calor, el olor almizclado de su piel que te hace salivar.

Se besan con hambre, lenguas enredándose como serpientes, sabor a tequila y saliva dulce. Diego te voltea boca arriba, te baja el calzón de encaje negro, y exhala contra tu panocha depilada. "Estás chorreando, mi reina", dice, y tú arqueas la espalda cuando su lengua lame tu botón hinchado. El sonido del audio se mezcla con tus jadeos:

"El beso de Judas, un roce traicionero..."
Él chupa más fuerte, metiendo dos dedos gruesos que curvan justo en tu punto G, salpicando jugos que mojan las sábanas de satén. Tus uñas se clavan en su espalda, dejando marcas rojas, mientras el calor sube por tu vientre como lava. Piensas
No mames, esto es mejor que cualquier devoción
, luchando contra el orgasmo que amenaza con explotar ya.

Pero no lo dejas. Lo empujas, te pones encima, cabalgándolo despacio. Su verga entra centímetro a centímetro, estirándote delicioso, llenándote hasta el fondo. El roce interno es fuego puro, cada embestida hace que tus paredes se aprieten alrededor de él. Diego gime "¡Ay, cabrón, qué rica estás!", sus manos en tus nalgas, guiándote más rápido. El sudor de ambos gotea, mezclándose en ríos salados que resbalan por tu espina. El audio llega a la flagelación:

"Golpes que desgarran la carne..."
Y tú aceleras, rebotando con fuerza, tetas saltando, el slap-slap de piel contra piel ahogando la voz.

La tensión crece, tus músculos tiemblan, su verga golpea profundo rozando ese spot que te hace ver estrellas. Él te voltea en misionero, piernas en sus hombros, penetrando brutal pero consentido, "Dame todo, rómpeme, wey", suplicas. Sientes cada vena, cada pulso, el olor a sexo crudo llenando el cuarto, gemidos roncos como animales en celo.

Acto tres: la liberación

El clímax llega como una ola del Pacífico. Primero tú, con un grito ahogado que raspa tu garganta, tu panocha convulsionando alrededor de su verga, chorros calientes empapándolo todo. "¡Sí, córrete conmigo, pendeja!", ruge él, y explota dentro, chorros espesos y calientes pintando tus paredes, desbordando en hilos blancos por tus muslos. Colapsan juntos, cuerpos pegajosos de sudor, corazones galopando al unísono. El audio sigue de fondo, ahora en la cruz:

"Consumación total del amor..."
, perfecto cierre.

Se quedan así, enredados, su cabeza en tu pecho oyendo tu pulso calmarse. El olor a semen y vainilla persiste, pieles enfriándose al roce del aire. Diego besa tu frente, "Esas horas de la pasión de Luisa Piccarreta en audio son lo máximo, morra. Hagámoslo tradición". Tú ríes bajito, acariciando su cabello revuelto.

Neta, quién diría que una devota me daría las noches más calientes
. Duermes con él adentro aún, soñando más horas de éxtasis infinito, el cuerpo saciado pero el alma queriendo más.

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