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Novela Pasión Capítulo 1 Fuego en la Mirada

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Novela Pasión Capítulo 1 Fuego en la Mirada

La noche en el bar de Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que solo México City sabe regalarnos en pleno verano. El aire olía a mezcal ahumado, a pieles sudadas y a promesas que flotan entre risas y copas tintineantes. Yo, Ana, sentada en la barra con mi vestido rojo ceñido que me hacía sentir como una diosa urbana, no buscaba nada más que un trago y buena música. Pero entonces lo vi. Diego. Alto, moreno, con esa barba recortada que pedía a gritos que la rozaran los labios. Sus ojos, negros como el obsidiana de Taxco, se clavaron en los míos desde el otro lado del salón. Neta, fue como si el mundo se pusiera en pausa.

Esto es el comienzo de mi novela pasión capítulo 1, pensé, mientras mi pulso se aceleraba como tamborazo zacatecano. ¿Será él el que encienda la chispa?

Se acercó con esa caminadota chula, segura, como si el piso fuera suyo. "Órale, morra, ¿te puedo invitar un tequila?" Su voz era grave, ronca, con ese acento chilango que me eriza la piel. Asentí, sonriendo, y el primer sorbo quemó mi garganta, pero su mirada quemaba más. Hablamos de todo y nada: del pinche tráfico de Insurgentes, de cómo el pozolito de su abuela es el mejor del barrio, de sueños locos como viajar a la playa en Tulum sin billete de regreso. Cada palabra suya era un roce invisible, y yo sentía mi cuerpo respondiendo, mis pezones endureciéndose bajo la tela delgada del vestido.

La tensión crecía con cada copa. Su mano rozó la mía al pasarme el limón, y juro que un chispazo eléctrico subió por mi brazo hasta mi entrepierna. Olía a sándalo y hombre, a ese sudor limpio que invita a lamerlo. "Eres preciosa, Ana. Tienes esa vibra que hace que un carnal quiera perderse en ti", murmuró cerca de mi oído, su aliento cálido oliendo a tequila y menta. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que lo oiría sobre el ruido de la banda sonidera que retumbaba en los parlantes.


Salimos del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco contrastando con el fuego que nos ardía por dentro. Caminamos por las calles iluminadas de Polanco, riendo como pendejos, pero con esa urgencia que no se disimula. "Vamos a mi depa, está cerca", dijo, y yo, sin pensarlo dos veces, asentí. En el elevador, ya no aguantamos. Sus labios encontraron los míos, suaves al principio, probando, saboreando el tequila en mi lengua. El beso se volvió feroz, hambriento; gemí contra su boca mientras sus manos bajaban por mi espalda, apretando mis nalgas con fuerza posesiva pero tierna. Sentí su verga dura presionando contra mi vientre, gruesa, prometedora, y un río de humedad empapó mis panties.

En su departamento, todo era minimalista chido: luces tenues, una cama king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al descubierto. "Qué chula eres, Ana. Tu piel es como miel de maguey", ronroneó, mientras sus labios recorrían mi cuello, bajando hasta mis tetas. Lamí su oreja, mordisqueándola suave, y él gruñó, un sonido animal que me puso los vellos de punta.

En esta novela pasión capítulo 1, no hay vuelta atrás. Quiero que me folle hasta que olvide mi nombre.

Nos tumbamos en la cama, cuerpos enredados como serpientes de Teotihuacán. Sus dedos expertas exploraron mi coño, resbaladizo de jugos, rozando mi clítoris con círculos lentos que me hacían arquear la espalda. "Estás empapada, mi reina. Todo para mí", susurró, metiendo dos dedos adentro, curvándolos justo en ese punto que me hace ver estrellas. Gemí fuerte, mis uñas clavándose en sus hombros anchos, oliendo su sudor salado que se mezclaba con mi aroma almizclado de excitación. Él se quitó la camisa, revelando un pecho tatuado con un águila real, músculos que pedían ser lamidos. Bajé mi boca por su torso, saboreando la sal de su piel, hasta llegar a su pantalón. Lo desabroché con dientes, liberando su verga tiesa, venosa, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo su calor, su grosor que apenas cabía en mi palma.

Lo chupé despacio al principio, lengua girando alrededor de la cabeza, probando el precum salado y dulce. Él jadeaba, enredando sus dedos en mi pelo. "¡Neta, qué boca tan rica, pendejita deliciosa!" Su voz entrecortada me volvía loca. Lo mamé más profundo, garganta relajada, hasta que sentí sus bolas tensarse. Pero no lo dejé venir; quería más.


Me volteó boca arriba, abriendo mis piernas como un libro sagrado. Su lengua en mi coño fue éxtasis puro: lamiendo mis labios hinchados, succionando mi clítoris con labios carnosos, metiendo la lengua adentro como si quisiera devorarme entera. El sonido de su chupeteo era obsceno, húmedo, mezclado con mis gemidos que rebotaban en las paredes. "¡Sí, Diego, así, no pares, cabrón!" Olía a sexo crudo, a mi esencia mezclada con su saliva. Mi primer orgasmo me golpeó como ola en Acapulco, cuerpo convulsionando, jugos salpicando su barbilla mientras gritaba su nombre.

Pero la noche apenas empezaba. Se puso un condón –siempre responsable, qué chingón– y se posicionó entre mis muslos. La punta de su verga rozó mi entrada, y empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. "Estás tan apretadita, Ana. Me vas a volver loco". Gemí al sentirlo llenarme por completo, su pubis rozando mi clítoris. Empezó a moverse, primero suave, profundo, nuestros ojos clavados el uno en el otro. El slap-slap de piel contra piel, el crujir de la cama, nuestros jadeos... todo era sinfonía erótica.

La intensidad subió. Me puso a cuatro patas, agarrando mis caderas, embistiéndome fuerte, sus bolas golpeando mi culo. Sudábamos como locos, el olor a sexo impregnando el cuarto. Alcancé atrás, tocando sus muslos peludos, sintiendo sus músculos contraerse con cada estocada. "¡Más duro, mi amor, rómpeme!" grité, y él obedeció, una mano en mi clítoris, frotando rápido. El segundo orgasmo me destrozó, paredes vaginales apretándolo como vicio, ordeñándolo.

Se corrió poco después, gruñendo como león, su verga pulsando dentro de mí, llenando el condón con chorros calientes que sentía palpitar. Colapsamos juntos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón galopante calmarse, su mano acariciando mi espalda en círculos perezosos.

Fin del novela pasión capítulo 1. Pero esto solo es el principio. ¿Qué vendrá en el dos?

Nos quedamos así, envueltos en sábanas revueltas que olían a nosotros, a pasión consumada. Hablamos bajito de lo chido que fue, riendo como viejos amantes. Él me besó la frente, y yo supe que esto era real, no solo un polvo de una noche. Afuera, la ciudad seguía su ritmo loco, pero en ese depa, habíamos creado nuestro propio mundo. Empoderada, satisfecha, lista para más capítulos de esta vida ardiente.

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