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Explorando las Caracteristicas de Pasion

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Explorando las Caracteristicas de Pasion

Entras al antro de salsa en el corazón de Polanco, el aire cargado de ritmos calientes y el olor a tequila fresco mezclado con perfumes caros. Las luces neón parpadean sobre la pista, donde cuerpos se pegan al compás de la música, sudados y vivos. Tú, con ese vestido rojo ceñido que abraza tus curvas como un amante ansioso, sientes las miradas clavadas en ti. Pero solo una te eriza la piel: la de él.

Está en la barra, alto, moreno, con camisa negra desabotonada lo justo para dejar ver el vello oscuro en su pecho. Sus ojos cafés te recorren despacio, como si ya supiera el sabor de tu piel. Te acercas, el tum-tum de los tambores acelerando tu pulso. ¿Bailas? pregunta con voz grave, esa ronquera mexicana que suena a promesas sucias. Asientes, y sus manos grandes toman las tuyas, guiándote a la pista.

El primer roce es eléctrico. Sus palmas calientes contra tu cintura, el calor de su aliento en tu cuello mientras giran. Hueles su colonia, madera y algo salvaje, como tierra mojada después de la lluvia en Xochimilco. Estas son las caracteristicas de pasion, piensas, ese fuego que nace en el estómago y sube como lava. Bailan pegados, cadera contra cadera, y sientes su dureza presionando contra ti, dura ya, lista. ¿Qué traes, guapa? murmura, labios rozando tu oreja. Solo ganas de quemarme, respondes, y su risa vibra en tu pecho.

Tú quieres más. Neta, este wey te prende como nadie. Sus manos bajan un poco, rozando el borde de tu vestido, y el mundo se reduce a su tacto áspero, calloso de quien trabaja con las manos.

La noche avanza, shots de reposado bajan suaves por tu garganta, quemando dulce. Hablan entre baile y baile, sentados en una mesa apartada. Se llama Diego, artista callejero que pinta murales en la Roma, con tatuajes que serpentean por sus brazos como ríos de tinta. Tú le cuentas de tu curro en una galería, cómo el arte te hace sentir viva. La pasion tiene caracteristicas únicas, dice él, ojos brillando. Es como un mural: colores intensos, trazos salvajes, que te dejan marcado para siempre. Sus dedos trazan tu antebrazo, y un escalofrío te recorre la espina.

El deseo crece, lento pero imparable. Sus besos empiezan suaves en la barra, labios carnosos probando los tuyos, lengua juguetona con sabor a limón y sal. Te muerde el labio inferior, suave, y gimes bajito. Vámonos de aquí, susurras, y él asiente, pagando la cuenta con prisa. En su camioneta vieja, estacionada afuera, el motor ruge como tu corazón mientras manejan a su depa en la Condesa. La ciudad pasa borrosa: luces de Reforma, olor a elotes asados en la calle, el viento colándose por la ventanilla y revolviéndote el pelo.

Llegan, y apenas cierran la puerta, sus bocas chocan de nuevo. Manos everywhere: las tuyas en su pelo negro revuelto, las suyas subiendo tu vestido, palpando muslos suaves, nalgas firmes. Su piel sabe a sal y sudor fresco, piensas mientras le besas el cuello, lamiendo esa vena que palpita fuerte. Lo empujas al sofá, desabotonando su camisa. Sus pectorales duros bajo tus uñas, pezones oscuros que chupas hasta que gruñe, ¡Órale, qué rico!

Pero no apresuran. Esa es una caracteristica de pasion verdadera: la espera que enciende todo. Se miran, jadeantes, y él te levanta en brazos, llevándote a la cama deshecha, sábanas oliendo a él, a hombre. Te recuesta despacio, besando cada centímetro expuesto: hombros, clavículas, el valle entre tus senos. El vestido vuela al piso, y quedas en tanga negra, tetas libres, pezones duros como piedras. Eres una chingona, dice, voz ronca, y te lame un pezón, succionando hasta que arqueas la espalda, gimiendo alto.

Piensas en las caracteristicas de pasion que él despierta en ti: el temblor en las rodillas, el calor húmedo entre las piernas, esa necesidad de ser devorada.

Sus manos bajan, dedos gruesos rozando tu monte de Venus a través de la tela. Estás empapada, el olor a tu excitación llenando la habitación, almizclado y dulce. ¿Quieres que te toque? pregunta, ojos fijos en los tuyos, pidiendo permiso. Simón, pero despacio, respondes, y él obedece, deslizando la tanga, exponiendo tu sexo hinchado, labios rosados brillando. Su aliento caliente primero, luego su lengua: plana, lamiendo de abajo arriba, saboreando tu clítoris como un tamal jugoso. Gimes, caderas moviéndose solas, manos en su cabeza empujándolo más adentro. ¡No mames, qué sabroso! exclama entre lamidas, y tú ríes, perdida en el placer.

El ritmo sube. Lo volteas, montándolo a horcajadas. Su verga sale libre: gruesa, venosa, cabeza morada palpitando. La tocas, piel aterciopelada sobre acero, y él gime, Cabrona, me vas a matar. La lames despacio, lengua girando en la punta, probando su pre-semen salado. Lo chupas hondo, garganta relajada, mientras él acaricia tus tetas, pellizcando pezones. La pasion hierve: sudan, el aire denso con gemidos y el slap-slap de piel húmeda.

No aguantas más. Te subes encima, guiando su pija a tu entrada. Despacio, centímetro a centímetro, lo sientes estirarte, llenarte hasta el fondo. ¡Ay, wey! gritas, y él agarra tus caderas, ayudándote a cabalgar. Arriba-abajo, rápido, tetas rebotando, su pubis rozando tu clítoris cada embestida. El sonido es obsceno: jugos chorreando, carne chocando. Sus manos en tu culo, azotando suave, ¡Muévete así, mi reina!

La tensión crece, espiral imparable. Cambian: él encima ahora, misionero profundo, piernas en sus hombros. Te penetra duro, besos fieros, lenguas enredadas. Sientes cada vena, cada pulso, el roce en tu punto G. Me vengo, anuncias, y él acelera, Y yo, jefa. El orgasmo explota: paredes contrayéndose alrededor de él, olas de placer sacudiéndote, grito ahogado en su boca. Él se corre segundos después, chorros calientes pintando tu interior, gruñendo como animal.

Caen exhaustos, enredados, piel pegajosa de sudor, corazones latiendo al unísono. Su olor te envuelve: sexo, pasión gastada. Besos suaves ahora, caricias perezosas en la espalda. Esas fueron las caracteristicas de pasion más chidas, murmura él, riendo bajito. Tú sonríes, cabeza en su pecho, escuchando su corazón calmarse.

La madrugada entra por la ventana, luces de la ciudad parpadeando lejanas. Piensas en cómo una noche cambió todo: de extraños a amantes marcados. No hay promesas, solo este afterglow perfecto, pieles entrelazadas, el sabor de él aún en tus labios. Mañana quién sabe, pero esta pasion, con sus caracteristicas salvajes e intensas, quedará grabada en tu alma como un mural eterno.

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