Novela Pasión Capítulos Completos de Fuego en las Venas
Era una noche de esas que te prenden el alma en la Ciudad de México, con el skyline de Reforma brillando como diamantes falsos bajo la luna llena. Yo, Valeria, acababa de salir de un antro en Polanco, con el cuerpo todavía vibrando al ritmo de la cumbia rebajada que sonaba adentro. El aire olía a tacos al pastor de la taquería de la esquina, mezclado con el perfume dulce de las jacarandas que caían como lluvia morada. Llevaba un vestido rojo ceñido que me hacía sentir como diosa, neta, poderosa, lista para lo que viniera.
Ahí lo vi, recargado en su camioneta negra, con una cerveza en la mano y esa sonrisa pícara que te derrite las rodillas. Se llamaba Rodrigo, un morro alto, moreno, con ojos negros que prometían pecados deliciosos. Órale, este wey es puro fuego, pensé mientras me acercaba, sintiendo ya el cosquilleo en la piel. Me invitó una chela fría, y platicamos de la vida, de cómo la ciudad te chupa la energía pero también te da estas chispas inesperadas.
—Valeria, tú no pareces de aquí, pareces salida de una novela pasión capítulos completos, me dijo con voz ronca, rozando mi brazo con los dedos. Su toque fue eléctrico, como si mi piel despertara de un letargo. Reí, coqueta, porque neta se sentía así: como si estuviéramos escribiendo el primer capítulo de algo ardiente.
La tensión creció rápido. Caminamos por las calles empedradas de la colonia, el ruido de los cláxones lejano, el viento fresco besando mis piernas desnudas. Él me contó de su chamba en una disquera, de cómo amaba el sonidero y las rancheras que te ponen el alma en llamas. Yo le hablé de mis sueños de ser diseñadora, de cómo odiaba las rutinas pendejas que te atan. Cada palabra era un pretexto para mirarnos fijo, para que nuestras manos se rozaran "sin querer". Olía a su colonia, madera y algo salvaje, que me hacía morder el labio.
¿Y si esta noche es el comienzo de mi propia novela pasión capítulos completos? ¿Y si me dejo llevar por este carnal que me mira como si ya me hubiera desnudado mil veces?
Llegamos a su depa en una torre con vista al Bosque de Chapultepec. Subimos en el elevador, solos, y el silencio se cargó de electricidad. Su mano en mi cintura, firme pero suave, y yo giré la cara, nuestros labios chocando en un beso que sabía a cerveza y deseo puro. Puta madre, qué bien besa el cabrón, pensé mientras su lengua exploraba mi boca, caliente, insistente. El ding del elevador nos separó un segundo, pero ya estábamos perdidos.
Adentro, la luz tenue de unas velas que él prendió rápido iluminaba el cuarto. Música de fondo, un bolero suave de Armando Manzanero que nos envolvía como niebla. Me quitó el vestido despacio, sus ojos devorándome, y yo sentí mi corazón latiendo en el pecho, en las sienes, en el centro de mi ser. Su piel era cálida, tersa, con ese olor masculino que te nubla la razón. Lo empujé al sillón, montándome encima, sintiendo su dureza contra mí a través de la tela.
—Te quiero ya, Valeria, pero neta, hagámoslo despacio, que dure, murmuró, sus manos en mis pechos, masajeando con esa presión perfecta que me arrancó un gemido. Bese su cuello, saboreando el salado de su sudor fresco, mientras mis caderas se movían solas, frotándome contra él. El roce era tortura deliciosa, mi humedad empapando mis bragas, el calor subiendo como lava.
Nos desnudamos mutu mutu, riendo bajito cuando se enredó en su playera. Su cuerpo era esculpido, abdomen marcado por horas en el gym, y esa verga tiesa, gruesa, palpitante que me hizo tragar saliva. Chin, esto va a doler rico. Lo tomé en mi mano, suave al principio, sintiendo las venas latiendo bajo mis dedos, el calor que emanaba. Él jadeó, arqueando la espalda, y me jaló para chuparme los pezones, su lengua girando, dientes rozando justo lo suficiente para que mi clítoris se hinchara de anticipación.
El aire se llenó del olor a sexo, almizcle nuestro mezclado con el jazmín de su sábana. Me recostó en la cama, besando mi vientre, bajando lento hasta mi entrepierna. Su aliento caliente me erizó la piel, y cuando su lengua tocó mi sexo, abierto y húmedo, grité bajito. Lamía despacio, saboreándome, chupando mi clítoris con maestría, mientras dos dedos entraban en mí, curvándose para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Más, Rodrigo, no pares, cabrón, le rogué, mis uñas en su espalda, dejando marcas rojas.
El placer subía en olas, mi cuerpo temblando, el sonido de mis gemidos mezclándose con su resuello animal. Me vine fuerte, contrayéndome alrededor de sus dedos, jugos chorreando en su boca. Él sonrió, lamiéndose los labios, y subió para penetrarme de un solo empujón suave. ¡Ay, wey! Llenaba todo, estirándome delicioso, y empezamos a movernos, piel contra piel chapoteando, sudados, resbalosos.
Sus embestidas eran profundas, rítmicas, golpeando justo donde lo necesitaba. Lo monté después, cabalgándolo como reina, mis tetas rebotando, sus manos en mis nalgas apretando fuerte. Olía a nosotros, a pasión cruda, el colchón crujiendo bajo nuestro peso.
Esto es mi novela pasión capítulos completos, cada thrust un capítulo de éxtasis, pensé en medio del delirio, mientras él gruñía mi nombre, sus ojos clavados en los míos.
Cambié de posición, de perrito, sintiendo sus bolas chocando contra mi clítoris, sus manos en mi pelo jalando suave. El orgasmo nos alcanzó juntos, él hondo dentro de mí, caliente, llenándome mientras yo me deshacía en espasmos, gritando su nombre al viento de la ventana abierta. Colapsamos, jadeantes, su peso sobre mí reconfortante, nuestros corazones latiendo al unísono.
Después, en la afterglow, nos quedamos abrazados, el sudor enfriándose en la piel, el sabor de él todavía en mi boca cuando lo besé lento. Fumamos un cigarro en la terraza, mirando las luces de la ciudad, platicando pendejadas. Esto no termina aquí, mi reina, me dijo, y yo supe que era verdad. Mi vida acababa de ganar un nuevo capítulo, lleno de esa pasión que te cambia el alma.
Al amanecer, con el sol tiñendo el cielo de rosa, me fui caminando a mi casa, las piernas flojas pero el corazón lleno. Neta, qué noche. Sabía que lo vería pronto, que nuestra novela pasión capítulos completos apenas empezaba.