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Pasion y Poder la Novela Erótica de Marlene Favela

7210 palabras

Pasion y Poder la Novela Erótica de Marlene Favela

En las luces brillantes de los estudios de Televisa, Marlene Favela se preparaba para otra toma de su novela Pasion y Poder. El set era un remolino de glamour: vestidos de diseñador, joyas que brillaban como estrellas y un aroma a café recién molido mezclado con perfume caro. Marlene, con su melena negra cayendo en ondas perfectas sobre sus hombros bronceados, ajustaba el escote de su blusa de seda roja. Sus ojos verdes, intensos como el jade, recorrían el guion. Pero esa noche, después de las cámaras, la verdadera pasión iba a desatarse.

Arturo, el productor ejecutivo, un hombre de cuarenta y tantos con cuerpo atlético forjado en gimnasios exclusivos de Polanco y una sonrisa que derretía voluntades, la observaba desde las sombras. Qué mujer tan cabrona, pensó, mientras su mirada se deslizaba por las curvas de sus caderas. Habían coqueteado durante semanas: miradas robadas en el catering, roces accidentales en los pasillos. La tensión era palpable, como el aire cargado antes de una tormenta en el DF.

—Órale, Marlene, ¿lista para la escena de la confrontación? —le dijo Arturo con voz grave, acercándose. Su colonia, un toque amaderado con notas de vainilla, invadió el espacio de ella.

—Siempre lista, carnal. Pero esta vez, hagámosla real —respondió ella, mordiéndose el labio inferior, su aliento cálido rozando la oreja de él. Sus dedos se rozaron al tomar el guion, y una chispa eléctrica recorrió sus pieles. El deseo latía en sus venas como un tamborazo en una fiesta de pueblo.

La grabación terminó tarde. El equipo se dispersó, dejando el estudio vacío salvo por el eco de sus pasos. Marlene y Arturo se quedaron solos en el camerino principal, un oasis de lujo con sillón de terciopelo, espejo enorme y una botella de tequila reposado abierta sobre la mesa. Ella se sirvió un trago, el líquido ámbar brillando bajo la luz tenue. Él cerró la puerta con llave, el clic resonando como una promesa.

Esto es lo que he anhelado desde el primer día, pensó Marlene, mientras Arturo se acercaba por detrás. Sus manos grandes, callosas de tanto manejar contratos millonarios, se posaron en sus hombros. El calor de sus palmas traspasó la tela fina, erizando su piel. Ella giró despacio, enfrentándolo. Sus labios se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a tequila y anhelo reprimido. Qué rico sabe, gimió ella internamente, mientras sus uñas se clavaban en la camisa de él, rasgando botones.

Acto primero: la seducción. Arturo la levantó en vilo, sus músculos tensándose bajo el peso delicioso de ella. La llevó al sillón, donde Marlene se recostó, abriendo las piernas con invitación descarada. Él se arrodilló, besando su cuello, bajando por el valle entre sus senos. El aroma de su piel, mezcla de loción de coco y sudor sutil, lo enloquecía. —Eres la reina de esta novela Pasion y Poder, Marlene —murmuró contra su ombligo, mientras desabrochaba su falda.

—Y tú mi rey pendejo, pero el más chingón —rió ella, voz ronca. Sus manos guiaron las de él a su entrepierna, donde la humedad ya empapaba sus bragas de encaje. Arturo las apartó con dientes, inhalando su esencia almizclada, dulce como miel de maguey. Su lengua exploró despacio, lamiendo pliegues hinchados, saboreando cada gota. Marlene arqueó la espalda, gemidos escapando como suspiros de novela: ¡Ay, Diosito! Sus caderas se mecían al ritmo de su boca, dedos enredados en el cabello oscuro de él.

El sonido de sus lengüetazos húmedos llenaba el camerino, mezclado con el jadeo entrecortado de ella. Siento mi clítoris latiendo como un corazón desbocado, pensó Marlene, mientras olas de placer subían desde su centro. Arturo succionaba con maestría, dos dedos curvándose dentro de ella, rozando ese punto que la hacía ver estrellas. —¡Más, cabrón, no pares! —suplicó, piernas temblando.

Pero él se detuvo, juguetón. —No tan rápido, mi amor. Esto es pasión y poder, yo mando ahora. —La puso de pie, desnudándola por completo. Su cuerpo desnudo era una obra de arte: senos firmes con pezones oscuros endurecidos, cintura estrecha fluyendo a caderas anchas, nalgas redondas perfectas para sus manos. Arturo se quitó la ropa, revelando su verga erecta, gruesa y venosa, palpitando con necesidad. Marlene la tomó, piel suave contra calor duro, masturbándolo lento mientras lo besaba.

Acto segundo: la escalada. Se tumbaron en el suelo alfombrado, cuerpos entrelazados en un torbellino de caricias. Él la penetró de lado, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. ¡Qué llena me siento, como si fuera suya por completo! gritó su mente. El roce era fuego líquido, su humedad facilitando cada embestida profunda. Sonidos obscenos de carne contra carne, slap-slap, acompañados de gruñidos guturales. Sudor perlaba sus pieles, goteando entre senos y abdomen, salado al lamerlo él.

Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgando con furia. Sus nalgas rebotaban contra los muslos de él, pechos oscilando hipnóticos. Arturo pellizcaba sus pezones, tirando suave, enviando descargas directas a su coño palpitante. —¡Neta, Marlene, estás empapada! —jadeó él, manos amasando sus caderas. Ella aceleró, clítoris frotándose contra su pubis, building esa tensión exquisita. Lo siento venir, ese nudo apretándose en mi vientre.

La giró a cuatro patas, poseyéndola desde atrás. El espejo frente a ellos reflejaba la escena pornográfica: su rostro extasiado, boca abierta en éxtasis, él embistiendo como un toro. El olor a sexo impregnaba el aire, almizcle y fluidos mezclados. Marlene empujaba contra él, ansiando más profundidad. —¡Dame todo tu poder, Arturo! —exigió, voz quebrada. Él obedeció, una mano en su clítoris frotando círculos rápidos, la otra en su cabello tirando para arquearla.

La intensidad crecía: pulsos acelerados latiendo en oídos, pieles resbaladizas chocando, gemidos convirtiéndose en gritos. No aguanto más, voy a explotar, pensó ella, mientras su orgasmo la barría como un huracán. Su coño se contrajo en espasmos rítmicos, ordeñando la verga de él, jugos chorreando por sus muslos. Arturo rugió, corriéndose dentro, chorros calientes llenándola hasta rebosar, su semilla goteando tibia.

Acto tercero: el afterglow. Colapsaron juntos, cuerpos exhaustos entrelazados, respiraciones sincronizándose. El camerino olía a ellos, a pasión consumada. Marlene apoyó la cabeza en su pecho, escuchando el latido fuerte de su corazón. Sudor secándose en pieles sensibles, un beso tierno en la frente. —Esto fue mejor que cualquier novela Pasion y Poder —susurró ella, trazando círculos en su abdomen.

—Y apenas empieza, mi reina. Tú tienes el poder, yo la pasión —respondió él, besándola lento, lenguas perezosas ahora. Se quedaron así, en calma post-orgásmica, planeando la próxima "toma". Fuera, la ciudad dormía, pero en ese camerino, su mundo ardía eterno. Marlene sonrió, satisfecha, poderosa. Esto es mi verdadera novela, pensó, mientras el sueño los envolvía en sábanas imaginarias de deseo infinito.

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