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Como Se Llama el Actor de Diario de una Pasion en Mi Cama

6937 palabras

Como Se Llama el Actor de Diario de una Pasion en Mi Cama

Estaba en mi depa en la Condesa, con una chela fría en la mano, viendo la tele un viernes por la noche. Neta, no tenía planes, solo quería relajarme después de una semana de puro estrés en la oficina. Puse Diario de una pasión, esa peli que siempre me pone el corazón a mil y el cuerpo en llamas. Ahí estaba él, el protagonista, con esos ojos azules que te clavan como puñaladas de deseo, besando a la morra bajo la lluvia. ¿Cómo se llama el actor de Diario de una pasión? me pregunté en voz alta, riéndome sola. Ryan algo, ¿no? Pero su cara, su mandíbula marcada, su forma de mover las manos... ay, wey, me tenía mojadita sin tocarme.

Apagué la tele de un jalón cuando oí el timbre. Era mi carnala Lupe, que llegó con una botella de tequila y su sonrisa pícara. "¡Ana, ponte las pilas, güey! Vamos a una fiesta en Polanco, hay un chavo que te va a volar la cabeza". No me dejó opción, me metí al baño, me puse un vestido negro ceñidito que me marca el culo perfecto, tacones altos y labial rojo fuego. Olía a vainilla y jazmín, mi perfume favorito que hace que los vatos se vuelvan locos.

La fiesta estaba en una casa chida, luces tenues, música electrónica suave, gente guapa bebiendo y bailando. Lupe me presentó a unos cuates, pero mis ojos se clavaron en él. Alto, fornido, pelo oscuro revuelto, ojos claros que brillaban bajo las luces. Neta se parece al actor de la peli, pensé, y el calor me subió por el pecho hasta las mejillas. Se acercó con una sonrisa que me derritió, ofreciéndome un trago. "Hola, soy Diego. ¿Y tú?". Su voz grave, como un ronroneo, me erizó la piel. "Ana", le dije, mordiéndome el labio sin querer.

Charlamos un rato, riéndonos de tonterías. El aire olía a colonia cara mezclada con humo de cigarro y sudor fresco de cuerpos bailando. Su mano rozó la mía al pasarme el vaso, y sentí un chispazo eléctrico que me recorrió el brazo hasta el ombligo.

¿Será él? No mames, se ve igualito al vato de la peli.
No aguanté más. "Oye, Diego, ¿cómo se llama el actor de Diario de una pasión? Porque neta, te pareces un chingo". Él se carcajeó, su risa profunda vibrando en mi pecho. "Ryan Gosling, mi reina. Noah Calhoun en la peli. ¿Te gusta?". Asentí, sintiendo mis pezones endurecerse bajo el vestido. "Mucho. Me pone... ya sabes". Sus ojos se oscurecieron, bajando por mi escote. "Vamos a algún lado más privado, ¿sale?".

Salimos de la fiesta, el viento fresco de la noche mexicana nos acariciaba la piel, trayendo olor a comida callejera de los taqueros cercanos. Tomamos un Uber a su depa en Lomas, un lugar elegante con vistas a la ciudad iluminada. Apenas cerramos la puerta, sus labios cayeron sobre los míos. Beso hambriento, lenguas danzando, sabor a tequila y menta. Sus manos grandes me apretaron la cintura, subiendo por mi espalda, desabrochando el vestido con maestría. Caí al suelo el vestido, quedando en tanga y bra de encaje negro. Él se quitó la camisa, revelando un torso esculpido, pectorales firmes con vello oscuro que olía a jabón y hombre puro.

Esto es como la peli, pero mejor, real, caliente, pensé mientras lo empujaba al sofá. Me senté a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra mi panocha a través de la tela. "Eres una diosa, Ana", murmuró, besando mi cuello, lamiendo la sal de mi piel sudada. Gemí bajito, mis uñas arañando su pecho, dejando marcas rojas. El sonido de nuestras respiraciones agitadas llenaba la habitación, mixto con el zumbido lejano del tráfico de la ciudad. Bajé la mano, abrí su chamarra de mezclilla, desabroché su jeans. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, palpitante. La tomé en mi mano, piel suave sobre acero, tan caliente que quemaba.

Él me levantó como si no pesara nada, llevándome a la cama king size con sábanas de algodón egipcio frescas contra mi piel ardiente. Me tendió boca arriba, besando mi vientre, bajando lento, torturándome. Su aliento caliente en mis muslos internos, olor a mi excitación empapando la tanga. La arrancó con los dientes, un sonido rasposo que me hizo arquear la espalda. Lengua experta en mi clítoris, chupando suave al principio, luego voraz. Sabía a miel salada, gruñó contra mi carne. Grité su nombre, "¡Diego, cabrón, no pares!", mis caderas moviéndose solas, follando su boca. El placer subía como ola, tenso, apretado en mi bajo vientre.

Pero quería más. Lo volteé, montándolo como amazona. Su verga entró en mí de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. ¡Qué rico, qué grueso! Pensé, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, húmedas y ansiosas. Reboté sobre él, tetas saltando, sudor goteando entre nosotros, olor almizclado de sexo puro. Sus manos en mi culo, amasando, azotando leve, clap clap resonando. "¡Chíngame más duro, Ryan! Digo, Diego", jadeé, riendo entre gemidos. Él sonrió pícaro, embistiéndome desde abajo, pelotas golpeando mi trasero. "Llámame como quieras, mamacita, solo no pares".

La tensión crecía, mis músculos internos apretándolo, su verga hinchándose más. Cambiamos, él encima, misionero profundo. Piernas en sus hombros, penetrando tan hondo que tocaba mi alma. Ojos en los ojos, sudor cayendo de su frente a mi boca, salado y delicioso. "Estás tan apretadita, Ana, me vas a hacer venir", gruñó. Yo clavaba uñas en su espalda, "¡Ven conmigo, wey, lléname!". El clímax llegó como tormenta, mi concha convulsionando alrededor de él, chorros de placer escapando, mojando sábanas. Él rugió, caliente semen inundándome, pulsos y pulsos dentro. Colapsamos, cuerpos temblando, pegados por sudor y fluidos.

Después, en la afterglow, yacíamos enredados, su cabeza en mi pecho, oyendo mi corazón galopante calmarse. El aire olía a sexo satisfecho, a nosotros. "Neta, Diego, pareces el actor de la peli. ¿Cómo se llama el actor de Diario de una pasión? Ryan Gosling, ¿verdad?". Él levantó la cabeza, besó mi nariz. "Sí, pero yo soy mejor, ¿no?". Reí suave, acariciando su pelo húmedo. "Mucho mejor. Real, mexicano, con esa verga que me dejó temblando". Hablamos bajito de la peli, de pasiones locas como la nuestra, de cómo la noche empezó con una pregunta tonta y terminó en éxtasis puro.

Me quedé hasta el amanecer, viendo el sol pintar la ciudad de rosa y oro por la ventana. Su piel contra la mía, cálida y protectora.

Esto no es solo un polvo, es conexión, fuego que no se apaga fácil
, pensé mientras él dormía. Me vestí sigilosa, dejando una nota: "Gracias por ser mi Noah mexicano. Llámame cuando quieras repetir. Ana". Salí al pasillo, piernas flojas aún, sonrisa en la cara, sabiendo que esa noche cambió todo. La pasión no es solo de pelis, wey, vive en la vida real, en camas calientes y cuerpos que se reconocen al instante.

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