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Analisis Sensual de la Pelicula Diario de una Pasion

7335 palabras

Analisis Sensual de la Pelicula Diario de una Pasion

Era una noche chida en mi depa de la Roma, con el aire cargado de ese olor a lluvia fresca que se cuela por las ventanas entreabiertas. Tú y yo, recargados en el sofá mullido, con una cubeta de palomitas y un par de chelas frías sudando en la mesita. Habías insistido en ver Diario de una Pasión, esa película que siempre nos pone románticos y cachondos. "Vamos a hacer un análisis de la película Diario de una Pasión", me dijiste con esa sonrisa pícara, mientras acomodabas el control remoto. Yo asentí, sintiendo ya el cosquilleo en la piel, el calor de tu muslo pegado al mío.

La pantalla se iluminó con las primeras escenas, el lago brillando bajo el sol, Noah y Allie mirándose como si el mundo se acabara ahí mismo. Tus dedos rozaron mi mano accidentalmente, o eso creí al principio, pero el roce se quedó, trazando círculos suaves en mi palma. Qué chingón este inicio, pensé, mientras el sonido de las olas lamiendo la orilla se mezclaba con mi respiración que empezaba a acelerarse. Olía a tu colonia, esa mezcla de madera y cítricos que me enloquece, y el popcorn crujiente en mi boca sabía a mantequilla derretida, pero mi mente ya volaba a lo que vendría.

"Mira cómo se comen con los ojos", murmuraste, tu aliento cálido en mi oreja. Yo giré la cabeza, y ahí estabas, tan cerca que podía ver las motitas doradas en tus ojos cafés. El deseo inicial era como una chispa: sutil, pero lista para incendiar todo. Te besé primero, un piquito juguetón, mientras en la tele Noah empezaba a construir esa casa ridícula pero romántica. Tus labios respondieron con hambre contenida, y el beso se profundizó, lenguas danzando lento, saboreando la sal de las chelas y el dulzor de la anticipación.

Este análisis de la película Diario de una Pasión va a ser lo más cabrón que hayamos hecho, me dije en silencio, mientras tus manos subían por mi blusa floja.

La película avanzaba, Allie y Noah discutiendo como gatos y perros, pero con esa química que hace que quieras meterte en la pantalla. Nosotros hacíamos lo mismo: yo te empujé suave contra los cojines, montándome a horcajadas sobre ti. Sentí tu verga endureciéndose bajo el pantalón, presionando contra mis calzones ya húmedos. Pinche película, reí bajito, "nos está poniendo como locos". Tus manos agarraron mis nalgas, amasándolas con fuerza, el tacto áspero de tus palmas enviando descargas por mi espina. El sonido de la lluvia en la peli se sincronizaba con el golpeteo de mi corazón, y el aroma de mi excitación empezaba a mezclarse con el tuyo, ese olor almizclado y varonil que me hace mojarme al instante.

Paramos un segundo para ver la escena de la lluvia, esa donde se besan como si no hubiera mañana. "Aquí es donde explota todo", dijiste, tu voz ronca, y yo asentí, mordiéndome el labio. Pero nosotros ya estábamos explotando. Te quité la playera de un jalón, exponiendo tu pecho moreno y definido, besuqueándolo con hambre, lamiendo el sudor salado que empezaba a perlar tu piel. Tus pezones se endurecieron bajo mi lengua, y gemiste bajito, un sonido gutural que vibró en mi clítoris. Neta, este análisis se está saliendo de control, pensé, mientras desabrochabas mi brasier y chupabas mis tetas con devoción, succionando fuerte hasta que arqueé la espalda.

La tensión subía como la marea en la película. En la pantalla, separaciones, cartas no enviadas, pero nosotros no íbamos a dejar que nada nos separara. Te bajé el pantalón, liberando tu pito tieso y palpitante, venoso y grueso, listo para mí. Lo tomé en la mano, sintiendo el calor pulsante, el terciopelo sobre acero. "Qué rico estás, carnal", susurré en mexicano puro, mientras lo masturbaba lento, viendo gotitas de precum brillar en la punta. Tú gemiste, tus dedos hurgando en mis calzones, encontrando mi coño empapado, resbaloso de jugos. Metiste dos dedos, curvándolos justo ahí, en mi punto G, y yo grité suave, el placer como un rayo.

Nos volteamos, ahora tú encima, besándome el cuello, mordisqueando esa zona sensible que me hace temblar. El sofá crujía bajo nuestro peso, el aire espeso con gemidos y el slap slap de tus dedos entrando y saliendo. "Te quiero adentro", rogué, arañando tu espalda. Pero no, querías alargar el tormento, como en la peli donde la pasión se cocina a fuego lento. Bajaste, lamiéndome las chichis, el ombligo, hasta llegar a mi monte de Venus. Tu lengua experta abrió mis labios, saboreando mi miel dulce y salada, chupando mi clítoris hinchado. ¡Ay, wey, no pares! Grité en mi mente, mis caderas moviéndose solas contra tu boca, el sonido húmedo y obsceno llenando la habitación.

La película llegó a la escena del desborde, Allie recordando todo bajo la lluvia torrencial. Nosotros igual: yo te jalé arriba, guiando tu verga a mi entrada. Entraste de un empujón suave, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. "¡Sí, cabrón!", jadeé, mientras embestías lento al principio, cada thrust un choque de pelvises, piel contra piel, sudor volando. El olor a sexo crudo nos envolvía, tus bolas golpeando mi culo, mis uñas clavadas en tus hombros. Aceleraste, follándome duro, mis tetas rebotando, gemidos convirtiéndose en gritos ahogados.

Pero queríamos más, como esos amantes eternos de la peli. "Date la vuelta, morra", ordenaste juguetón, y yo obedecí, empinándome en cuatro, mi culo en pompa para ti. Escupiste en mi ano, lubricando con saliva y mis propios jugos, un dedo tanteando la entrada apretada. "Sí, métemela por atrás", supliqué, el deseo quemándome viva. Entraste despacio, centímetro a centímetro, el ardor inicial convirtiéndose en placer puro cuando tu pito me abrió, llenando mi culo con esa presión exquisita. Gemiste fuerte, "¡Qué apretadito, pinche rico!", y empezaste a bombear, una mano en mi clítoris, frotando furioso.

El clímax nos alcanzó como la tormenta en la película. Sentí las contracciones, mi coño y culo palpitando alrededor de ti, olas de éxtasis rompiéndome en pedazos. "¡Me vengo, wey!", chillé, squirteando un chorro caliente sobre tus dedos. Tú rugiste, corriéndote dentro de mí, chorros calientes inundando mi interior, el semen goteando por mis muslos. Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos, el corazón latiendo al unísono.

La película terminaba, créditos rodando con esa música melancólica. Nos quedamos abrazados, tu cabeza en mis tetas, mi mano acariciando tu pelo revuelto. "El mejor análisis de la película Diario de una Pasión ever", bromeaste, besándome la frente. Yo sonreí, sintiendo la paz post-orgásmica, el cuerpo lánguido y satisfecho. Olía a nosotros, a pasión consumada, y en mi mente, este momento se grababa como un diario eterno de nuestra propia pasión.

Nos levantamos despacio, duchándonos juntos bajo el agua tibia que lavaba el sudor pero no el recuerdo. En la cama, envueltos en sábanas frescas, hablamos de la peli de verdad: las emociones crudas, el amor que trasciende. Pero lo nuestro era real, carnal, mexicano al cien: con chelas, slang y un polvo que nos dejó temblando. Quién necesita Hollywood cuando tienes esto, pensé, acurrucándome contra ti, lista para soñar con más noches así.

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