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Pasión y Poder Capítulo 14 El Fuego del Dominio

7190 palabras

Pasión y Poder Capítulo 14 El Fuego del Dominio

La noche en Polanco se sentía cargada de electricidad, como si el aire mismo supiera que algo grande estaba por estallar. Yo, Ana, subía en el ascensor privado del penthouse de Diego, con el corazón latiéndome a mil por hora. Vestida con un vestido negro ceñido que abrazaba mis curvas como una segunda piel, olía a mi perfume de jazmín y vainilla, ese que siempre lo volvía loco. Pasión y poder capítulo 14, pensé, recordando cómo él mismo había bautizado así nuestras noches de fuego en sus mensajes codificados. Cada encuentro era un capítulo más en esta saga nuestra, donde el deseo chocaba contra el control como olas furiosas en la costa de Acapulco.

Las puertas se abrieron y ahí estaba él, Diego, el rey de los negocios en la ciudad, con su camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar ese pecho moreno y musculoso que me quitaba el aliento. Sus ojos oscuros me devoraron de arriba abajo, y una sonrisa chueca se dibujó en su cara. "Órale, mamacita, llegaste justo a tiempo para la junta", dijo con esa voz grave que me erizaba la piel. Lo miré fijo, sintiendo el pulso acelerarse en mi cuello. "No vengo a jugar a las juntas, wey. Vengo por lo nuestro".

Entramos al salón principal, con vistas al Ángel de la Independencia brillando allá abajo. El lugar olía a cuero nuevo y a su colonia cara, esa con notas de sándalo que se mezclaba con el aroma sutil de tequila reposado en la barra. Me sirvió un trago, sus dedos rozando los míos al pasármelo, y ese toque fue como una chispa.

¿Por qué este pendejo siempre sabe cómo encenderme con tan poco?
me dije, mientras tomaba un sorbo que quemaba dulce en la garganta.

Nos sentamos en el sofá de piel italiana, facing each other, y empezó el juego. Hablamos de negocios, de ese contrato millonario que nos tenía en bandos opuestos toda la semana. "Tú quieres controlarlo todo, Diego, pero esta vez yo mando", le espeté, cruzando las piernas para que el vestido subiera un poco, dejando ver el encaje de mis medias. Él se recargó, sus ojos bajando a mis muslos. "Ay, Ana, tu poder es sexy, pero el mío te hace suplicar". La tensión crecía, el aire se espesaba con promesas mudas. Sentía el calor subiendo por mi vientre, mis pezones endureciéndose bajo la tela fina.

De repente, se acercó, su mano grande posándose en mi rodilla. "Admítelo, carnal, me extrañaste". Su aliento cálido en mi oreja, oliendo a tequila y hombre. Lo empujé juguetona. "No tan rápido, chingón. Primero, dime por qué me evitaste toda la semana". Él rio bajito, ese sonido ronco que vibraba en mi pecho. "Porque si te veía, no parábamos hasta el amanecer. Y mañana tenemos junta de verdad". Pero sus dedos ya subían por mi muslo, trazando círculos lentos que me hacían jadear.

El beso llegó como un trueno. Sus labios capturaron los míos con hambre, su lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y deseo puro. Gemí contra él, mis manos enredándose en su cabello negro azabache. Qué rico sabe este cabrón, pensé, mientras lo jalaba más cerca. Nos pusimos de pie sin soltarnos, tropezando hacia la recámara, dejando un rastro de ropa por el pasillo. Su camisa voló, revelando abdominales duros como roca, marcados por horas en el gym de Las Lomas.

En la cama king size, con sábanas de seda negra, me tumbó con gentileza pero firmeza. "Esta noche, pasión y poder capítulo 14 es tuyo para escribirlo", murmuró, besando mi cuello, lamiendo la sal de mi piel sudada. Sentí su erección presionando contra mi cadera, dura y caliente a través de los pantalones. Mis uñas arañaron su espalda, dejando marcas rojas que lo hicieron gruñir. "Quítate eso, Diego. Quiero sentirte todo".

Él obedeció, desabrochando su cinturón con un chasquido metálico que resonó en la habitación. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con necesidad. La tomé en mi mano, sintiendo su calor aterciopelado, el pulso acelerado bajo mi palma. "Mira lo que me haces, Ana. Estás chingándome la cabeza". La acaricié despacio, de la base a la punta, viendo gotas de precum brillar en la luz tenue de las velas. Él jadeaba, sus caderas moviéndose instintivo.

Me quitó el vestido de un tirón, exponiendo mis tetas llenas y mi tanga empapada. "Estás chorreando por mí, ¿verdad?", dijo, su voz ronca mientras lamía un pezón, chupándolo fuerte hasta que arqueé la espalda. El placer era eléctrico, disparándose directo a mi clítoris hinchado. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, mezclada con su sudor masculino. Sus dedos bajaron, apartando la tela húmeda, y metió dos adentro de mí sin aviso. "¡Ay, wey!", grité, mis paredes contrayéndose alrededor de él. Me follaba con los dedos lento al principio, luego rápido, su pulgar frotando mi botón con maestría.

No mames, este hombre sabe exactamente cómo hacerme volar
, pensé, mientras mis jugos chorreaban por su mano. Lo empujé hacia atrás, montándome encima. "Ahora yo mando". Frotes su verga contra mi entrada, sintiendo la cabeza abriéndose paso, estirándome delicioso. Bajé despacio, centímetro a centímetro, gimiendo por la plenitud. "¡Qué chingón te sientes!", exclamé, empezando a cabalgar, mis caderas girando en círculos que lo volvían loco.

El sonido de piel contra piel llenaba la habitación, slap-slap rítmico, mezclado con nuestros gemidos y el crujir de la cama. Sudábamos a chorros, el olor a sexo impregnando el aire. Él agarró mis nalgas, amasándolas fuerte, sus dedos hundiéndose en la carne suave. "Más rápido, Ana, fóllame duro". Obedecí, rebotando con furia, mis tetas saltando, su boca capturando una para morderla suave. El orgasmo me acechaba, una ola creciendo en mi vientre.

Cambié de posición, él encima ahora, embistiéndome profundo, sus bolas golpeando mi culo con cada thrust. "¡Sí, Diego, así! ¡Dame todo tu poder!". Sus ojos clavados en los míos, sudor goteando de su frente a mi pecho. Sentía cada vena de su verga rozando mis paredes sensibles, el roce perfecto en mi punto G. "Voy a correrme, carnal", gruñó, acelerando. "¡Córrete conmigo!", supliqué, mis uñas clavándose en sus hombros.

Explotamos juntos. Mi coño se contrajo en espasmos violentos, ordeñándolo mientras él se vaciaba dentro, chorros calientes inundándome. Grité su nombre, el placer cegador, estrellas bailando en mi visión. Él rugió, colapsando sobre mí, nuestros cuerpos temblando en unisono. El afterglow fue dulce, su peso reconfortante, nuestros corazones latiendo al mismo ritmo desbocado.

Minutos después, nos recargamos lado a lado, él trazando círculos perezosos en mi vientre. El aire olía a sexo satisfecho y paz. "Esto fue el mejor capítulo hasta ahora", susurró, besando mi sien. Sonreí, sintiendo una calidez profunda en el pecho.

Pasión y poder, eso somos nosotros. Ni uno sin el otro
. Afuera, la ciudad seguía su ajetreo, pero aquí, en este penthouse, habíamos encontrado nuestro equilibrio perfecto. Mañana volvería el mundo de los negocios, las juntas y las rivalidades, pero esta noche, el dominio era nuestro, puro y ardiente.

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