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Abismo de Pasion Capitulo 139 El Precipicio del Placer

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Abismo de Pasion Capitulo 139 El Precipicio del Placer

La noche en Polanco vibra con esa energía electrizante que solo México City sabe darte en las alturas. Tú, con ese vestido rojo ceñido que abraza cada curva de tu cuerpo como un amante posesivo, bajas del taxi frente al hotel más chulo de la zona. El aire huele a jazmín mezclado con el humo lejano de los taquitos callejeros, y el sonido de la ciudad retumba suave: cláxones lejanos, risas de parejas en la acera. Tu corazón late fuerte, pinche nervios, piensas, porque sabes que él está arriba, en la terraza, esperándote.

Subes en el elevador, el espejo refleja tu piel morena brillando bajo las luces tenues, labios pintados de rojo fuego, y ese escote que deja poco a la imaginación. Javier, ese güey que te ha tenido loca desde el primer día, el que te hace sentir como reina y puta al mismo tiempo. Hace semanas que no se ven, por el jale, por la vida que los separa, pero esta noche es suya. El deseo te quema por dentro, un cosquilleo entre las piernas que te hace apretar los muslos.

Órale, Ana, no te rajes ahora. Esta noche vas a caer en su abismo de pasión, como en el capítulo 139 de esas novelas que tanto te gustan.

Llegas a la terraza, el viento fresco acaricia tu piel, y ahí está él, de pie junto a la barandilla, con camisa blanca desabotonada lo justo para ver ese pecho tatuado que tanto te gusta lamer. Sus ojos oscuros te devoran mientras caminas hacia él, el sonido de tus tacones contra el piso de mármol marca el ritmo de tu pulso acelerado. ¡Qué chingón se ve!

—Mi reina —te dice con esa voz ronca que te eriza la piel, acercándose para besarte la mejilla, pero su aliento roza tu oreja, oliendo a tequila reposado y hombre puro—. Te extrañé verga.

Te sientas en la mesa, la ciudad se extiende a tus pies como un mar de luces. Piden tacos de arrachera y margaritas heladas, pero la plática es puro coqueteo. Sus manos rozan las tuyas, fuertes y cálidas, enviando chispas por tu espina. Hablan de todo y nada: del pinche tráfico, de esa serie que ven juntos, pero sus ojos dicen otra cosa. Te quiero aquí y ahora, gritan. Tú sientes el calor subiendo, tus pezones endureciéndose contra la tela del vestido, el aroma de su colonia mezclándose con el sudor ligero de anticipación.

La cena termina rápido, demasiado rápido. Él paga, te toma de la mano y suben al elevador. Adentro, solos, el espacio se cierra. Su cuerpo presiona el tuyo contra la pared, sus labios capturan los tuyos en un beso hambriento. Sabes a margarita y a él, salado, con ese sabor que te vuelve loca. Sus manos bajan por tu espalda, apretando tu culo con fuerza posesiva pero tierna.

—No aguanto más, nena —murmura contra tu boca, su verga ya dura presionando tu vientre.

El ding del elevador los separa, riendo como pendejos, pero el fuego ya arde.

En la suite, las luces bajas pintan todo de dorado. La cama king size invita, sábanas de seda crujiendo bajo tus cuerpos cuando te arroja sobre ella. Javier se quita la camisa, revelando músculos tensos por el gym, tatuajes que cuentan historias que solo tú conoces. Tú te incorporas de rodillas, jalando su cinturón con dientes, el sonido del metal desabrochándose como música erótica.

Su pantalón cae, y ahí está su verga, gruesa, venosa, palpitando por ti. La tocas, suave al principio, sintiendo el calor irradiar a tu palma, el pulso latiendo contra tus dedos. Qué rica, piensas, lamiendo la punta, saboreando la gota salada de precum. Él gime, "Así, mi amor, chúpamela rico", enredando dedos en tu pelo.

Te la metes hasta la garganta, el olor almizclado de su sexo llenándote las fosas nasales, el sabor intenso haciendo que tu panocha se moje más. Tus jugos corren por tus muslos, el vestido subido dejando tu tanga empapada al aire. Él te levanta, te desnuda lento, besando cada centímetro de piel expuesta: el cuello que huele a perfume, los senos pesados que chupa con hambre, mordisqueando pezones hasta que gritas de placer.

Esto es el abismo de pasión, capítulo 139 de nuestra puta vida, donde todo se desborda.

Te tumba boca arriba, abre tus piernas como un libro sagrado. Su lengua encuentra tu clítoris hinchado, lamiendo con maestría, chupando jugos que sabe a miel dulce y salada. Tus caderas se alzan, manos en su cabeza, "¡Sí, Javier, no pares, cabrón!" Gimes, el sonido de succión húmeda mezclándose con tus jadeos, el aire cargado de olor a sexo puro.

El primer orgasmo te sacude como terremoto, olas de placer desde el centro de tu ser, piernas temblando, uñas clavándose en sus hombros. Pero no para. Te voltea, de perrito, su verga rozando tu entrada mojada. Sientes la presión, el estiramiento delicioso cuando te penetra de un solo empujón. ¡Ay, Dios! Llena, completa, su pelvis chocando contra tu culo con palmadas rítmicas.

—¿Te gusta, mi reina? ¿Te gusta mi verga adentro? —gruñe, jalando tu pelo suave.

—¡Sí, pendejo, más fuerte! —respondes, empujando hacia atrás, el sudor perlando vuestros cuerpos, piel resbaladiza uniéndose en frenesí.

Cambia posiciones, tú encima ahora, cabalgándolo como amazona. Sus manos en tus caderas guían, pero tú mandas, rebotando, sintiendo cada vena rozar tus paredes internas. El slap slap de carne contra carne, sus gemidos graves, tu voz aguda gritando obscenidades mexicanas: "¡Métemela hasta el fondo, amor!" El olor a sudor, a panocha abierta, a verga lubricada impregna la habitación.

La tensión sube, coiling como resorte. Tus músculos se aprietan alrededor de él, él hinchándose dentro.

Ven, córrete conmigo, hagamos este abismo eterno
, piensas en el delirio. Explota primero él, chorros calientes inundándote, trigger para tu segundo clímax, más intenso, visión borrosa, cuerpo convulsionando, grito ahogado en su boca.

Colapsan juntos, jadeando, cuerpos enredados en sábanas húmedas. Su semen gotea de ti, cálido recordatorio. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Él acaricia tu espalda, tú su pecho, escuchando su corazón ralentizarse al unísono con el tuyo.

—Eres mi todo, Ana —susurra, oliendo tu pelo—. Este precipicio... no quiero salir nunca.

Tú sonríes, piel aún sensible, músculos laxos en afterglow perfecto. La ciudad murmura afuera, pero aquí dentro, en este abismo de pasión capítulo 139, han encontrado paz en el fuego. Mañana el mundo los reclamará, pero esta noche, son dioses del placer, eternos en su entrega mutua.

Duermes en sus brazos, soñando con más capítulos, más abismos, más de él.

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