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Pasiones TV Mexico en Carne Viva

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Pasiones TV Mexico en Carne Viva

Estás sentada en el sillón de tu depa en la Condesa, con las luces bajas y el control remoto en la mano. Afuera, la ciudad de México bulle con su caos eterno: cláxones lejanos, risas de borrachos en la calle y el aroma a taquitos de suadero flotando desde el puesto de la esquina. Pero adentro, solo existes tú y la pantalla del tele. Enciendes Pasiones TV Mexico, ese canal que siempre te prende como yesca seca. La telenovela de turno arranca con una escena heavy: la galán, todo musculoso y con mirada de depredador, acorrala a la prota contra la pared de una hacienda. Sus labios se rozan, el sudor brilla en sus cuellos, y tú sientes un cosquilleo traicionero entre las piernas.

Órale, qué chido, piensas, mientras te muerdes el labio inferior. Tus pezones se endurecen bajo la blusa ligera de algodón, y el calor sube por tu vientre como tequila reposado. Te recargas, abres un poco las piernas, dejando que el aire fresco roce tu shortcito. La prota gime bajito en la tele, y tú imitas el sonido sin querer, un ahhh suave que rebota en las paredes. De repente, tocan la puerta. ¿Quién vergas a estas horas?

Abrís, y ahí está Luis, tu vecino el de al lado, con una chela en cada mano y esa sonrisa pícara que te hace agua la boca. Alto, moreno, con tatuajes asomando por las mangas de su camiseta negra. ¡Wey, Ana! ¿Viendo tus pasiones otra vez? Déjame entrar, no seas mala, dice con ese acento chilango puro, guiñándote el ojo. Lo dejas pasar porque neta, Luis siempre ha sido un tentador. Se tira en el sillón a tu lado, te pasa una fría, y el choque de botellas suena como un brindis por lo que viene.

La tele sigue ardiendo. La pareja en pantalla se besa con hambre, manos por todos lados, telas rasgándose. Luis se ríe bajito. Mira nomás, qué fieros. ¿Tú crees que así sea en la vida real, nena? Su voz ronca te eriza la piel. Sientes su muslo pegado al tuyo, cálido y firme. El olor de su colonia, mezclado con sudor fresco, te invade las fosas nasales. Asientes, la garganta seca. Pues claro, pendejo. Solo hay que atreverse, respondes juguetona, y le das un sorbo a la chela, sintiendo el amargor bajar fresco por tu pecho.

El programa avanza, y la tensión entre ustedes crece como tormenta en el Popo. Luis pone la mano en tu rodilla, casual al principio, pero sus dedos trazan círculos lentos, subiendo poquito a poco por tu muslo. Tu corazón late a todo lo que da, bum bum bum, como tambores de cumbia.

No pares, cabrón, esto se siente chingón
, piensas, mientras arqueas la espalda un pelín. Él se acerca, su aliento caliente en tu oreja. Ana, desde que te vi hoy en el elevador, no dejo de imaginarte así... mojada y lista. Sus palabras te prenden el fuego. Giras la cara, y sus labios chocan con los tuyos: suaves al inicio, luego fieros, lenguas enredándose como en la tele.

La besan se intensifica, manos explorando. Él te quita la blusa con urgencia, exponiendo tus tetas al aire. Las chupas, lame los pezones duros como piedras, y tú gimes fuerte, ¡Ay, Luis, qué rico! Tus uñas se clavan en su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la piel morena. Hueles su excitación, ese almizcle macho que te hace delirar. Bajas la mano a su entrepierna: la verga está dura como fierro, palpitando bajo el pantalón. La liberas, gruesa y venosa, y la acaricias despacio, saboreando el pre-semen salado en la punta con la lengua.

Se paran del sillón, tambaleantes de deseo. Te lleva a la recámara, tirándote en la cama con cuidado pero firme. El colchón huele a sábanas limpias y a tu perfume de vainilla. Se desnuda entero, su cuerpo atlético brillando bajo la luz tenue. Tú te quitas el short, revelando tu concha depilada, ya empapada y reluciente. Mírate, qué chula estás, Ana. Quiero comerte entera, gruñe él, arrodillándose entre tus piernas. Su lengua ataca: lame el clítoris hinchado, chupa los labios mayores, mete los dedos adentro curvándolos justo en ese punto que te hace ver estrellas. Gritas, ¡Sí, wey, así! No pares! Tus jugos corren por su barbilla, el sonido chupón y húmedo llena la habitación, mezclado con tus jadeos y el zumbido lejano de la ciudad.

La intensidad sube. Lo jalas hacia arriba, guiando su verga a tu entrada. Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, te llena hasta el fondo. ¡Qué prieta, nena! Me vas a volver loco, suspira él, empezando a bombear. Ritmo lento al principio, piel contra piel chapoteando, sudor goteando de su pecho al tuyo. Aceleran: embestidas profundas, tus caderas respondiendo, tetas rebotando. El olor a sexo crudo impregna todo, salado y dulce. Tus paredes lo aprietan, ordeñándolo, mientras él te magrea el culo, azotando suave.

Esto es mejor que cualquier Pasiones TV Mexico, piensas en un flash, recordando la tele aún encendida en la sala. Él te voltea a cuatro patas, entra por atrás con fuerza consentida. Sus bolas golpean tu clítoris, plaf plaf plaf, y tú arqueas la espalda, empujando contra él.

¡Córrete conmigo, Luis! ¡Dame todo!
gritas, el orgasmo construyéndose como volcán. Él acelera, gruñendo como animal, ¡Ya voy, pinche diosa! Explota primero él, chorros calientes inundándote, y eso te lanza al abismo: olas de placer te sacuden, piernas temblando, visión borrosa, un grito gutural que sale de tu alma.

Caen exhaustos, enredados en sábanas húmedas. Su pecho sube y baja contra tu espalda, el corazón latiéndole fuerte en tu oído. Besos suaves en la nuca, manos acariciando perezosas. El aroma a sexo y sudor se mezcla con el de sus cuerpos calmados. Afuera, la noche mexicana sigue su rollo, pero adentro hay paz. ¿Ves? Mejor que la tele, murmura él, riendo bajito. Tú sonríes, satisfecha hasta los huesos. Neta, Luis. Pero la próxima vemos Pasiones TV Mexico juntos desde el principio. Se duerme abrazándote, y tú cierras los ojos, saboreando el afterglow, el cuerpo pesado de placer, lista para soñar con más noches así.

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