Biblia Version La Pasion Carnal
Tú caminas por las calles empedradas del centro de Guadalajara, el sol de la tarde calienta tu piel morena mientras el aroma a tacos al pastor se mezcla con el dulzor de las flores de bugambilia que cuelgan de los balcones. Entras a una librería antigua, de esas que huelen a papel viejo y misterio, y tus ojos se posan en un tomo polvoriento en el estante de lo oculto. Biblia versión La Pasión, dice el lomo en letras doradas desgastadas. Lo agarras, sientes su peso en tus manos, como si guardara secretos prohibidos. Pagas unos pesos y te vas, el corazón latiéndote un poco más rápido sin saber por qué.
De regreso en tu departamento luminoso, con vistas al Cerro del Cuatro, te sientas en el sillón de cuero suave, descalza, con una chela fría en la mano. Abres el libro y las páginas crujen como un susurro pecaminoso. No es la Biblia que conocías de la iglesia de tu abuela. Esta es diferente, una versión que transforma los versos sagrados en relatos de deseo puro, de cuerpos entrelazados bajo cielos eternos. Lees sobre Eva no mordiendo la manzana, sino lamiendo el fruto jugoso de Adán, su lengua trazando venas hinchadas mientras el sudor perlaba sus pechos. Sientes un calor subir por tu entrepierna, tu concha humedeciéndose contra las panties de encaje.
¿Qué carajos es esto? –piensas–. Pero qué rico se lee, como si me estuvieran tocando el alma... y el clítoris.
La puerta se abre y entra Marco, tu carnal de hace dos años, con su camisa ajustada marcando los músculos del gym y esa sonrisa pícara que te hace mojar al instante. Huele a colonia fresca y a hombre, ese olor que te recuerda noches de chingo sin parar. "¿Qué traes ahí, mamacita?", pregunta, tirando las llaves en la mesa y acercándose con ese paso felino. Le muestras el libro. "Biblia versión La Pasión. Mira, no es lo que piensas, pendejo. Es... intensa". Él se ríe, se sienta a tu lado, su muslo rozando el tuyo, enviando chispas por tu piel.
El atardecer pinta la habitación de naranjas y rosas, el tráfico lejano zumba como un fondo erótico. Le lees en voz alta el pasaje de Sansón y Dalila, pero aquí Dalila no corta el cabello, sino que lo usa para atar a Sansón a la cama, montándolo con furia mientras él gime como un toro en celo. Marco te escucha, su respiración se acelera, ves cómo su verga se endurece bajo los jeans, presionando contra la tela. Tú sientes tus pezones endureciéndose, rozando el bra, un pulso caliente entre las piernas. Su mano se posa en tu rodilla, sube despacio, explorando. "Sigue leyendo, rey", murmura él, su voz ronca como grava.
Las palabras fluyen de tus labios, pero tu mente divaga en sensaciones. El roce de sus dedos ásperos en tu muslo interno, el calor de su aliento en tu cuello. Cierras el libro un momento, lo miras a los ojos, oscuros y hambrientos. "Esto me prende, Marco. Como si la pasión de la Biblia fuera nuestra". Él te besa, lento al principio, sus labios carnosos saboreando los tuyos con gusto a cerveza y menta. Su lengua invade tu boca, bailando, mientras sus manos te aprietan las nalgas, levantándote sobre su regazo. Sientes su erección dura contra tu chocha, frotándose, prometiendo.
Te quitas la blusa, los pechos libres saltan, y él gime, succionando un pezón con hambre, su lengua girando, dientes rozando lo justo para erizarte. Qué chingón se siente, piensas, arqueando la espalda mientras el sonido de su chupeteo llena la habitación, húmedo y obsceno. Tus manos bajan a su bragueta, liberas su pito grueso, venoso, palpitante. Lo acaricias, sientes la piel aterciopelada sobre acero, el pre-semen untándose en tu palma. Él te mete mano por las panties, dedos hundiéndose en tu humedad,
"Estás empapada, putita mía. Esto es la pasión verdadera".Jadeas, moviendo las caderas contra su mano, el squelch de tus jugos resonando.
Lo empujas al sillón, te arrodillas entre sus piernas, el piso fresco contra tus rodillas. El libro cae abierto a un lado, páginas de Salomón cantando al cuerpo amado. Tomas su verga en la boca, saboreando la sal de su piel, la vena pulsando en tu lengua. Chupas profundo, garganta relajada, mientras él agarra tu cabello, guiándote sin fuerza, solo deseo mutuo. "Sí, así, córreme la verga, amor". El olor a sexo sube, almizclado, embriagador, mezclándose con el jazmín de tu perfume. Tus chichis rozan sus muslos, pezones duros como piedras.
Él te levanta, te lleva a la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso. Te desnuda despacio, besando cada centímetro de piel expuesta: el ombligo, las caderas anchas, el interior de los muslos. Llega a tu centro, labios rozando tu clítoris hinchado. Su lengua lame, chupa, dedos curvándose dentro de ti, tocando ese punto que te hace ver estrellas. Gimes alto, "¡Chíngame con la lengua, cabrón!", las sábanas arrugándose bajo tus puños. El placer sube en olas, tu cuerpo temblando, pero no corres aún. Quieres más, lo quieres todo.
Te voltea, te pone a cuatro patas, el espejo del clóset reflejando vuestros cuerpos sudorosos, brillantes. Él se posiciona atrás, la cabeza de su pinga rozando tu entrada resbaladiza. "Dime que sí, mi vida", susurra, y tú respondes con un "¡Sí, métemela toda!". Empuja, llenándote centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. El sonido de piel contra piel empieza, palmadas rítmicas, sus bolas golpeando tu clítoris. Huele a sudor limpio, a morbo, a nosotros. Sus manos en tus caderas, tirando de ti, profundo, rápido.
El ritmo acelera, tus gemidos se convierten en gritos, "Más fuerte, Marco, rómpeme la concha". Él gruñe, sudando sobre tu espalda, mordiendo tu hombro suave. Sientes su verga hincharse más, el orgasmo acercándose como un tren. Tus paredes lo aprietan, pulsando, y explotas primero, un tsunami de placer que te sacude, jugos chorreando por tus muslos. Él sigue, unas embestidas más, y se corre dentro, chorros calientes pintando tus entrañas, su cuerpo colapsando sobre el tuyo.
Jadean juntos, piel pegajosa, corazones galopando al unísono. Se salen despacio, su semen goteando, y te voltea para besarte tierno, lenguas perezosas ahora. Recogen el libro de la mesita, lo abren al azar. Un verso sobre amantes eternos en el jardín del Edén.
Esto fue nuestra Biblia versión La Pasión –piensas, acurrucada en su pecho, oliendo su aroma post-sexo–. No pecados, solo puro amor carnal.La noche cae, las luces de la ciudad parpadean afuera, y duermen entrelazados, con la promesa de más pasiones bíblicas por descubrir. El deseo no acaba; solo se transforma, como las páginas de ese libro mágico que cambió todo.