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El Meme de la Pasion de Cristo que Despierta Carnes Ardientes

6837 palabras

El Meme de la Pasion de Cristo que Despierta Carnes Ardientes

Tú estás tirada en el sillón de tu depa en la Condesa, con el ventilador zumbando como loco contra el bochorno de la noche mexicana. El teléfono vibra en tu mano, scrolleando Instagram sin parar, cuando de repente te topas con ese meme pasion de cristo. No mames, es un gif cabrón: una parodia del cuadro clásico, pero con un Jesús todo musculoso y sudado, clavado en la cruz, y una María Magdalena de curvas imposibles arrodillada, lamiéndole los pies con una mirada que grita quiero más. El texto dice "Cuando ves a tu crush en la disco". Te ríes sola, sientes un cosquilleo traicionero entre las piernas. Está chido, pecaminoso, perfecto para mandárselo a Alex, ese wey que siempre te calienta con sus mensajes coquetos.

Le das share sin pensarlo dos veces. "Mira este meme pasion de cristo, carnal. ¿Te prende o qué?", escribes. Su respuesta llega en segundos: "Jajaja puta madre, Daniela, eso es fuego puro. ¿Ya estás mojada o nomás yo?". Sientes el calor subirte por el cuello, el pulso acelerado como tambor en fiesta de pueblo. Alex vive a dos cuadras, en la Roma, y en menos de quince minutos toca el timbre. Abres la puerta y ahí está, con su playera negra ajustada marcando pectorales, jeans rotos y esa sonrisa de pendejo que te deshace.

"Órale, nena, ese meme me dejó con la verga parada desde la colonia."
Su voz grave, con ese acento chilango puro, te eriza la piel. Lo jalas adentro, cierras la puerta de un portazo. El aire huele a su colonia barata mezclada con el tequila que ya trae en la mano, un trago que ofrece mientras se avienta en el sillón a tu lado. Pones música de Natalia Lafourcade bajito, algo sensual para no espantar el mood.

Se sientan cerca, piernas rozándose, y reviven el meme en el teléfono. La Pasion de Cristo nunca se vio tan rica, piensas, mientras él te mira fijo, ojos cafés oscuros devorándote. Hablan de todo y nada: del pinche tráfico de Reforma, de cómo el meme es un desmadre genial, de que Jesús seguro era bien macho en la cama. La risa se transforma en roces casuales, su mano en tu muslo, tu dedo trazando su brazo tatuado con una virgen de Guadalupe estilizada. Sientes el calor de su palma a través del short de mezclilla, el pulso latiendo fuerte en tus venas.

El deseo crece lento, como el humo de un comal. Él se inclina, aliento cálido en tu oreja: "¿Quieres revivir esa pasion de cristo conmigo, Daniela?". Asientes, mordiéndote el labio, y lo besas primero, suave, explorando el sabor salado de su boca, mezclado con limón y sal del trago. Sus labios carnosos responden hambrientos, lengua danzando con la tuya en un duelo húmedo y caliente. Manos everywhere: las tuyas en su nuca, jalando mechones sudorosos; las suyas subiendo por tu blusa, rozando pezones que se endurecen al instante bajo el encaje del bra.

Lo empujas contra el sillón, te subes a horcajadas, sintiendo su erección dura presionando contra tu entrepierna. Chingado, qué rico se siente, piensas mientras mueles despacio, el roce enviando chispas por tu espinazo. Él gime bajito, manos amasando tus nalgas, apretando la carne suave. "Estás empapada, wey", murmura contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible, dejando un rastro de besos que huelen a deseo crudo. Te quitas la blusa, el bra vuela, y él chupa tus tetas con devoción, lengua girando en círculos alrededor de los pezones rosados, succionando hasta que arqueas la espalda, un ayyy cabrón escapando de tus labios.

El cuarto se llena de sonidos: respiraciones jadeantes, besos chapoteantes, el crujir del sillón viejo. Hueles tu propia excitación, ese aroma almizclado que se mezcla con su sudor masculino, terroso como tierra mojada después de lluvia en Xochimilco. Lo desabrochas, liberas su verga gruesa, venosa, palpitante en tu mano. La acaricias despacio, sintiendo el calor aterciopelado, el pre-semen perlado en la punta que pruebas con la lengua, salado y adictivo. Él gruñe, cabeza echada atrás:

"No mames, Daniela, me vas a matar así."

Lo guías a la cama, alfombra áspera bajo pies descalzos. Se desnudan mutuo, cuerpos expuestos bajo la luz tenue de la lámpara. Tú, curvas mexicanas perfectas: caderas anchas para parir pasiones, piel morena brillante de sudor. Él, torso definido de gym en Polanco, verga erguida como cruz pecaminosa. Te tumba suave, besa camino abajo: ombligo, vientre tembloroso, hasta tu coño depilado, labios hinchados y húmedos. Su aliento caliente me quema, sientes mientras abre tus piernas, lengua plana lamiendo clítoris en ondas lentas.

La tensión sube como volcán, Popocatépetl en erupción. Gemís juntos, tus manos en su pelo, jalando mientras él mete dos dedos gruesos, curvándolos contra tu punto G, chupando con hambre. "¡Más, pendejo, no pares!", gritas, caderas buckeando contra su cara barbuda, barba raspando muslos internos en deliciosa fricción. El orgasmo te pega primero, olas violentas, coño contrayéndose alrededor de sus dedos, jugos empapando sábanas. Él lame todo, bebiendo tu placer como vino de misa.

Aún temblando, lo volteas, lo montas. Su verga entra despacio, estirándote delicioso, llenándote hasta el fondo. Qué chingón se siente, piensas, mientras cabalgas lento al principio, sintiendo cada vena rozando paredes sensibles. Él te agarra caderas, guiando el ritmo, embistiendo arriba con fuerza controlada. Sudor gotea de su pecho al tuyo, pieles chocando en palmadas húmedas, olor a sexo puro invadiendo el aire. Aceleras, tetas rebotando, uñas clavándose en su pecho, dejando marcas rojas como estigmas eróticos.

El clímax se acerca galopando. Él te voltea a perrito, entra profundo, bolas golpeando clítoris con cada estocada. "¡Sí, así, cabrón, rómpeme!", ruegas, voz ronca. Sus manos en tu pelo, jalando suave, arco de placer. Sientes su verga hincharse, él gruñe: "Me vengo, nena, chingada madre". Eyacula caliente dentro, chorros potentes que te llevan al segundo orgasmo, visionando estrellas, cuerpo convulsionando en éxtasis compartido.

Caen exhaustos, enredados en sábanas revueltas, respiraciones calmándose. Él te abraza por atrás, verga flácida aún dentro, cálida. Besos perezosos en hombro, olor a semen y sudor envolviéndolos como manta.

"Ese meme pasion de cristo fue el mejor detonador, ¿verdad?"
, murmura riendo bajito. Tú sonríes, mano en su muslo: "Pinche meme, nos salvó la noche, wey". Duermen así, cuerpos pegados, soñando pasiones eternas, el eco del meme resonando en memorias ardientes. Mañana será otro día, pero esta noche, la pasión de cristo mexicana late en vuestras venas, eterna y carnal.

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