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Pasión y Poder Reparto Prohibido

6077 palabras

Pasión y Poder Reparto Prohibido

Daniela entró al estudio de grabación en Polanco con el corazón latiéndole a mil por hora. El aire acondicionado zumbaba suave, cargado con ese olor a café recién molido y madera pulida de los sets. Llevaba un vestido negro ajustado que marcaba sus curvas justas, sin exagerar, pero lo suficiente para que los ojos se detuvieran. Era su audición para Pasión y Poder, la telenovela que todos en México platicaban. "Reparto estelar", decían los carteles, y ella quería ser parte de eso, no solo por la fama, sino por la adrenalina de actuar pasiones intensas.

En la sala de espera, hojeaba el guion preliminar. Sus dedos tamborileaban en la página, imaginando las escenas de celos y deseo. De repente, una voz grave la sacó de sus pensamientos: "¡Daniela Ruiz!". Era Arturo, el productor ejecutivo, alto, con esa barba recortada que le daba un aire de galán de los noventa. Sus ojos cafés la escanearon de arriba abajo, pero no con lujuria barata, sino con curiosidad profesional que escondía algo más.

—Pasa, mija, siéntate —dijo él, señalando el sofá de cuero frente a su escritorio. El cuero crujió bajo su peso, fresco contra sus muslos. Arturo se recargó en su silla, abriendo el expediente—. He visto tu demo. Tienes fuego, pero cuéntame, ¿qué te prende de Pasión y Poder?

Daniela sonrió, cruzando las piernas. Olía su colonia, un aroma amaderado con toques cítricos que le erizaba la piel. "La pasión y el poder, ¿no? Ese choque entre querer y dominar", respondió, su voz ronca por los nervios. Él asintió, lento, como si midiera cada palabra.

La audición fluyó natural. Le pidieron improvisar una escena de seducción. Arturo leyó las líneas del galán, su voz envolviéndola como humo. Cuando ella se acercó, fingiendo deseo, el roce accidental de sus dedos envió chispas. "Te quiero mía", dijo él en el guion, pero sus ojos lo hicieron real. Daniela sintió un calor subirle por el vientre, el pulso acelerado en el cuello.

Al terminar, Arturo aplaudió suave. —Impresionante. Quédate un rato, platicamos del reparto. Hay química aquí.

El sol se colaba por las persianas, tiñendo la habitación de dorado. Pidió café para los dos, y mientras esperaban, la charla derivó a lo personal. Él confesó que el estrés del reparto lo tenía loco, eligiendo actores que transmitieran pasión y poder. Ella rió, juguetona: "Yo soy buena repartiendo pasión, carnal". Las palabras salieron solas, con ese slang mexicano que los unía.

Algo cambió en el aire. Arturo se levantó, rodeó el escritorio. Estaba cerca ahora, su calor corporal invadiéndola. "¿Y si probamos una escena sin guion?", murmuró, su aliento cálido en su oreja. Daniela lo miró, el corazón tronándole. No era coerción; era invitación mutua, ojos que pedían permiso. Ella asintió, mordiéndose el labio.

¿Qué chingados estoy haciendo? Esto es mi boleto, pero pinche que se siente bien. Su mirada me deshace.

Acto dos: la escalada. Sus labios se encontraron suaves al principio, explorando. Sabían a café y menta, un contraste que la mareaba. Las manos de Arturo subieron por su espalda, desabrochando el vestido con dedos firmes pero tiernos. El tejido cayó al piso, dejando su piel expuesta al aire fresco. Él jadeó, admirándola: "Eres fuego puro".

Daniela lo empujó al sofá, invirtiendo roles. Le quitó la camisa, sintiendo los músculos tensos bajo sus palmas, el vello áspero que le raspaba las yemas. Olía a sudor limpio, a hombre excitado. "Muéstrame tu poder", le susurró ella, montándose a horcajadas. Sus caderas se mecían lentas, frotándose contra la dureza de él a través del pantalón. El roce era eléctrico, un latido compartido que aceleraba todo.

Él la giró con gentileza, besando su cuello, lamiendo la sal de su piel. Los gemidos llenaban la habitación, bajos y roncos, mezclados con el zumbido del AC. Daniela arqueó la espalda cuando sus dedos encontraron su centro, húmedo y ansioso. "Sí, así", gimió, las uñas clavándose en sus hombros. El placer subía en olas, tenso, pidiendo más.

Internalmente, luchaba:

Esto no es solo sexo, es conexión. En el reparto de pasión y poder, yo reparto también.
Arturo la miró a los ojos, pidiendo confirmación cada paso. Ella respondía con besos fieros, guiándolo.

Se desvistieron del todo, piel contra piel. El sofá crujía bajo ellos. Él entró lento, llenándola, un estirón delicioso que la hizo gritar suave. Se movían en ritmo, sudados, el slap de carne contra carne ecoando. Ella lo cabalgaba ahora, controlando el pace, sus pechos rebotando con cada embestida. El olor a sexo impregnaba el aire, almizclado y crudo. Sus pulsos latían al unísono, el clímax construyéndose como tormenta.

"Vente conmigo", jadeó él, y ella lo hizo, explotando en espasmos que lo arrastraron. El mundo se redujo a temblores, besos salados y respiraciones entrecortadas.

Acto tres: el afterglow. Yacían enredados, el cuero pegajoso bajo sus cuerpos. Arturo le acariciaba el cabello, oliendo a vainilla de su shampoo. "Eso fue... real", murmuró. Daniela sonrió, el pecho subiendo bajando calmado. "En Pasión y Poder, el reparto incluye esto, ¿no?". Rieron bajito, cómplices.

Se vistieron despacio, robándose besos. Él le prometió un papel principal, pero ella sabía que no era por eso. Era empoderador, mutuo. Salió del estudio con piernas flojas, el sol de la tarde calentándole la cara. En su mente, el eco de sus gemidos, el sabor de su piel.

Esto es mi poder: elegir la pasión.

Regresó a casa en Reforma, el tráfico zumbando afuera. Pidió tacos de suadero en el camino, el picor del cilantro despertando sus sentidos. Esa noche, mientras repasaba el guion, sonrió. El reparto de pasión y poder apenas empezaba, y ella era la protagonista.

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