Relatos
Inicio Erotismo Pasión y Poder Capítulo 128 El Fuego de la Entrega Pasión y Poder Capítulo 128 El Fuego de la Entrega

Pasión y Poder Capítulo 128 El Fuego de la Entrega

6462 palabras

Pasión y Poder Capítulo 128 El Fuego de la Entrega

En el ático del hotel más exclusivo de Polanco, Daniela se paró frente al ventanal que dominaba la ciudad de México. Las luces de Reforma parpadeaban como estrellas caídas, y el aroma a jazmín de su perfume se mezclaba con el leve olor a tequila reposado que flotaba en el aire. Llevaba un vestido negro ceñido que acentuaba sus curvas, y su corazón latía con esa mezcla de rencor y deseo que solo Arturo sabía despertar. Él, el rey del imperio inmobiliario, acababa de entrar, su presencia llenando la habitación como un trueno lejano.

Daniela, neta que no te cansas de joderme en las juntas, ¿verdad? —dijo él con esa voz grave, ronca, que le erizaba la piel. Se acercó, su colonia cara invadiendo su espacio, un toque de cuero de su chamarra rozando su brazo.

Ella giró, sus ojos cafés clavándose en los de él, verdes como el mar de Cancún en verano.

Pasión y poder, capítulo 128 de nuestra pinche telenovela personal, pensó. Siempre terminamos así, peleando por el control hasta que uno cede.
La tensión entre ellos era eléctrica, como el aire antes de una tormenta en el DF.

—Tú eres el que no suelta el mando, pendejo —replicó ella, pero su voz salió más suave de lo planeado, traicionada por el calor que subía por su pecho. Sus pezones se endurecieron bajo la tela fina, y sintió un cosquilleo húmedo entre las piernas. Hacía meses que jugaban este juego: rivales en los negocios, amantes en la cama.

Acto primero, la provocación. Arturo la acorraló contra el vidrio frío, sus manos grandes posándose en sus caderas. El contraste del frío del cristal en su espalda y el calor de su cuerpo la hizo jadear. Olía a hombre, a sudor limpio y ambición. Sus labios rozaron su oreja:

—Hoy te voy a hacer rogar, mi reina. Vas a admitir que me necesitas tanto como yo a ti.

Daniela empujó su pecho, pero no con fuerza real. Sus dedos se engancharon en su camisa, sintiendo los músculos duros debajo. Qué chingón se siente su piel, pensó, el pulso acelerándose. Bajaron al sofá de piel italiana, donde él la sentó a horcajadas sobre sus piernas. Sus bocas se encontraron en un beso feroz, lenguas batallando por dominio, saboreando el tequila y el dulce de su gloss de fresa.

El beso se profundizó, manos explorando. Arturo deslizó el vestido por sus hombros, exponiendo sus senos plenos. Sus pulgares rozaron los pezones rosados, enviando descargas de placer directo a su centro. Ella gimió contra su boca, el sonido ahogado por el tráfico lejano que subía desde la calle. Esto es poder de verdad, no tus juntas de mierda.

En el medio del acto, la escalada. Daniela lo desvistió con urgencia, arrancando botones, revelando su torso tatuado con un águila mexicana que gritaba fuerza. Su verga ya dura presionaba contra sus muslos, gruesa y caliente a través del pantalón. Ella la liberó, envolviéndola con la mano, sintiendo las venas palpitantes, el calor que quemaba su palma. Neta, esta cosa me vuelve loca.

—Chúpamela, carnal —gruñó él, pero ella negó con la cabeza, sonriendo maliciosa.

—No tan rápido, rey. Primero vas a comerme tú.

Arturo la tumbó en el sofá, separando sus piernas con reverencia. El vestido se arremangó hasta la cintura, revelando su tanga de encaje negro empapada. Él inhaló profundo, el aroma almizclado de su excitación llenando sus sentidos.

Pasión y poder, capítulo 128, donde el jefe se arrodilla
, pensó ella triunfante. Su lengua trazó la línea de la tela, luego la apartó, lamiendo su clítoris hinchado con lentitud tortuosa.

Daniela arqueó la espalda, uñas clavándose en el cuero del sofá. El sonido de su lengua chupando era obsceno, húmedo, mezclado con sus gemidos roncos. ¡Ay, cabrón, qué rico! Cada roce enviaba ondas de placer, sus jugos cubriendo su barbilla. Él metió dos dedos gruesos dentro de ella, curvándolos contra su punto G, mientras succionaba con fuerza. Ella se retorcía, caderas moviéndose al ritmo, el sudor perlando su frente, el aire cargado de sus olores mezclados: ella floral y salada, él terroso y masculino.

La intensidad crecía. Daniela lo jaló del pelo, obligándolo a subir. —Métemela ya, no aguanto —suplicó, voz quebrada. Arturo se posicionó, la punta de su verga rozando su entrada resbaladiza. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos jadearon al unísono, el sonido de piel contra piel comenzando como un tambor lento.

Él embestía profundo, sus caderas chocando contra las de ella, bolas golpeando su culo. Daniela clavó las uñas en su espalda, sintiendo cada vena, cada pulso. Es mío, todo este poder es mío en este momento. Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándolo con furia, senos rebotando, pelo suelto azotando su rostro. El sofá crujía bajo ellos, el vidrio del ventanal vibraba con sus gritos.

—¡Más duro, pendejo! ¡Dame todo! —exigía ella, y él obedecía, manos apretando sus nalgas, un dedo rozando su ano para más placer. El clímax se acercaba, tensión enredándose como resortes. Sus respiraciones eran jadeos animales, sudor chorreando, el cuarto oliendo a sexo puro, a pasión desatada.

En el final, la liberación. Daniela sintió la ola romper primero, su concha contrayéndose alrededor de su verga, jugos salpicando. Gritó su nombre, visión nublándose, cuerpo temblando en espasmos interminables. Arturo la siguió segundos después, gruñendo como bestia, llenándola con chorros calientes, su semilla mezclándose con la de ella.

Colapsaron juntos, cuerpos entrelazados, piel pegajosa y brillante. El silencio post-orgasmo era roto solo por sus respiraciones entrecortadas y el zumbido de la ciudad abajo. Él la besó la frente, suave ahora, vulnerable.

—Eres mi todo, Daniela. En la cama y en los negocios —murmuró, acariciando su espalda.

Ella sonrió, exhausta, satisfecha.

Pasión y poder, capítulo 128: empate técnico, pero ganamos los dos
. Se acurrucó contra su pecho, escuchando su corazón latir fuerte, el aroma de sus cuerpos fundidos envolviéndolos como una manta. Mañana volverían a pelear por contratos, pero esta noche, el poder era compartido, la pasión eterna.

El amanecer tiñó el cielo de rosa, y en ese ático, su historia continuaba, capítulo a capítulo, deseo infinito.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.