Relatos
Inicio Erotismo Frases de Pasion por Tu Trabajo Frases de Pasion por Tu Trabajo

Frases de Pasion por Tu Trabajo

6834 palabras

Frases de Pasion por Tu Trabajo

Estás sentado en la sala de juntas de la agencia en Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito como un susurro constante, y el olor a café recién molido flotando desde la máquina en la esquina. Es lunes por la mañana, y el sol de México City se filtra por las persianas, pintando rayas doradas en la mesa de caoba. Tú, el gerente creativo, esperas a la nueva del equipo de copywriting. Ana. La contrataste por su portafolio chido, lleno de frases que enganchan, que hacen que la gente se detenga y sienta algo en el pecho.

La puerta se abre con un clic suave, y ahí está ella. Cabello negro largo cayendo en ondas salvajes, blusa blanca ajustada que marca sus curvas sin esfuerzo, falda lápiz que sube justo lo necesario cuando camina. Sus ojos cafés te miran directo, con esa chispa que promete problemas buenos. Órale, wey, piensas, esta morra va a revolver todo.

—Buenos días, jefe —dice con voz ronca, como si hubiera pasado la noche gritando en un concierto de rock–barrio. Se sienta frente a ti, cruza las piernas, y el roce de la tela contra su piel hace un sonido mínimo, pero tú lo oyes todo. Saca su laptop, y el aroma de su perfume —algo floral con un toque de vainilla– invade tu espacio personal.

—Traje unas frases de pasion por tu trabajo para la campaña de motivación interna —anuncia, abriendo un doc con viñetas. Su sonrisa es pícara, como si supiera el doble sentido que estás a punto de pillar.

Lee la primera: "Tu trabajo te quema por dentro, te hace sudar hasta el alma, te deja exhausto pero pidiendo más". Su voz baja en "pidiendo más", y sientes un tirón en el estómago. La miras: labios rojos entreabiertos, pezón endureciéndose bajo la blusa por el fresco del AC. Neta, esto no es para empleados, piensas, pero tu verga ya responde, apretándose contra el pantalón.

—¿Qué tal esa? —pregunta, inclinándose. Ves el valle entre sus chichis, oliendo a jabón y deseo contenido.

—Pura dinamita —respondes, voz grave. Ella ríe, un sonido gutural que vibra en tu pecho.

Continúa con más: "Ama tu trabajo como a un amante fiero, que te penetra hasta el fondo y te hace gemir de placer". Tú tragas saliva, imaginándola a ella diciendo eso en la cama, arqueando la espalda. El ambiente se calienta; sientes el pulso en tu cuello, el sudor perlando tu nuca. Ella se muerde el labio, ojos fijos en los tuyos, y sabes que no es casualidad. Estas frases de pasion por tu trabajo son un juego, un anzuelo.

La reunión termina, pero ninguno se mueve. El silencio es espeso, cargado de electricidad estática. Tus manos tiemblan un poco al cerrar la laptop.

—¿Y si probamos una en la vida real? —susurra ella, levantándose lento. Su falda sube, revelando muslos suaves, bronceados por el sol de Iztapalapa donde creció, según su CV.

Tú te paras, corazón latiendo como tamborazo en una fiesta. La tomas de la cintura —consenso en su mirada hambrienta–, y la besas. Sus labios son calientes, suaves como mango maduro, saboreando a chicle de tamarindo y café. Gime bajito contra tu boca, manos enredándose en tu pelo.

Esto es lo que necesitaba, wey. Pasión por el trabajo, por ti, por esto que arde

La empujas contra la mesa, papeles volando como confeti. Le subes la falda, dedos rozando encaje húmedo. Ella jadea: "Sí, así, hazme sudar por mi trabajo". El olor a su excitación sube, almizclado y dulce, mezclándose con el cuero de la silla.

Acto dos: la cosa se pone intensa. La volteas, falda en la cintura, nalgas firmes expuestas. Le bajas el tanga despacio, oyendo el jadeo ahogado. Tu lengua recorre su espalda, salada por sudor fresco, bajando hasta morder suave esa carne. Ella se arquea, "¡Chíngame, pendejo! Ponle pasión a esto", voz entrecortada, mexicana hasta el hueso.

Te desabrochas el cinturón —clic metálico ecoando–, liberas tu verga dura como fierro. La rozas contra su entrada mojada, sintiendo el calor palpitante. Entras lento, centímetro a centímetro, su coño apretándote como guante caliente. Gime fuerte: "¡Ay, wey, qué rico! Tu trabajo es de primera". Empujas, ritmo building, piel contra piel chapoteando húmedo. Sus uñas clavan tu brazo, dejando marcas rojas que queman delicioso.

La volteas de frente, piernas en tus hombros. Besas sus tetas, pezones duros como piedras de obsidiana, saboreando sal y vainilla. Ella cabalga tus embestidas, caderas girando como en baile de cumbia salvaje. Piensas: neta, estas frases la prendieron, o siempre fue así de fuego. Sudor gotea de tu frente a su pecho, mezclándose. El AC no alcanza; el cuarto huele a sexo puro, a pasión desatada.

Interno: ¿Y si alguien entra? Que entren, que vean cómo se ama el trabajo. Ella lee tu mente: "No pares, jefe. Esto es mi pasión por ti, por el pinche trabajo". Aceleras, bolas golpeando suave, su clítoris hinchado bajo tu pulgar frotando círculos. Grita: "¡Me vengo, cabrón!", coño contrayéndose, ordeñándote leche caliente que no sale aún.

La sientas en la silla, ella te monta ahora. Cabello volando, chichis rebotando hipnóticos. Tus manos aprietan su culo, guiándola arriba–abajo. Sabor de su cuello: sudor y perfume. Oyes su corazón galopando contra tu pecho. Esto es escalada perfecta, tensión rompiéndose.

La llevas al piso, alfombra áspera contra tu espalda. Ella arriba, control total, cabalgando fiera. "Frase final: tu trabajo me llena hasta rebosar", gime, y explota de nuevo, jugos calientes mojando todo. Tú no aguantas: "¡Ana, chingada madre!", chorros profundos dentro, pulsando, liberando todo.

Acto tres: afterglow. Caen exhaustos, respiraciones jadeantes sincronizadas. Su cabeza en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel sudorosa. El cuarto huele a clímax compartido, ventanas empañadas por calor humano. Besas su frente, salada.

Qué chingón fue eso, wey —murmura ella, riendo suave.

—Las mejores frases de pasion por tu trabajo que he oído —respondes, acariciando su cabello.

Se levantan lento, vistiéndose con miradas cómplices. Afuera, la ciudad bulle: cláxones, vendedores de elotes. Pero aquí, cierre perfecto: pasión laboral convertida en fuego eterno. Sabes que mañana, en la oficina, cada frase será un recuerdo vivo, un pulso secreto bajo la piel.

Ella sale primero, guiño al pasar. Tú te sientas, sonrisa boba, sintiendo el eco de su calor. Trabajo hecho, pasión eterna.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.