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Pasión W Radio

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Pasión W Radio

La noche en el DF se sentía pesada como una cobija de lana en pleno verano. Yo, Ana, estaba sola en mi departamentito de la Condesa, con el ventilador zumbando como un mosco cabrón y el calor pegándome en la piel. No podía dormir ni madres, el insomnio me tenía jodida. Agarré el radio viejo de la mesita, ese que mi carnal me regaló pa' las noches largas, y empecé a sintonizar. Estática, cumbias rancheras, noticieros pendejos... hasta que di con ella: Pasión W Radio. La voz del locutor, grave y ronca como tequila reposado, me erizó la piel de gallina.

"Bienvenidos a Pasión W Radio, carnales, donde la noche se pone caliente y las confesiones queman. Hoy, una oyente nos cuenta cómo se dejó llevar por el ritmo en un antro de Polanco. ¿Estás listo pa' encenderte?" El hombre hablaba con ese acento chilango puro, arrastrando las eses, y de fondo sonaba un bolero sensual, con saxofón que se metía hasta los huesos. Sentí un cosquilleo entre las piernas, neta. Me recosté en la cama, solo con una playera holgada y panties de algodón, el aire caliente lamiéndome las coxas.

¿Por qué carajos esta voz me prende tanto? Es como si me estuviera hablando a mí, susurrándome al oído, pidiéndome que me toque.

La confesión de la tipa era pura dinamita: describía cómo un desconocido la bailó pegadito, sus manos en su cintura, el sudor mezclándose, hasta que terminaron en el baño del antro, follando contra la pared con la música retumbando. Mi mano bajó sola, rozando el encaje de mis panties. Estaban húmedos ya, el olor a excitación flotando en el cuarto como perfume prohibido. El locutor intervenía: "¡Ay, mamacita, qué rico! ¿Y tú, oyente? Llama al 55-PASION y cuéntanos tu pasión W Radio."

El calor subía, mis pezones duros contra la tela ligera. Me imaginé a ese vozarrón materializándose, alto, moreno, con barba de tres días y ojos que te desnudan. Acaricié mi clítoris despacio, círculos lentos, mientras la música pasaba a un tango ardiente. El ritmo me guiaba, mi respiración agitada sincronizándose con el bajo. No pares, me dije, pero quería más. Agarré el teléfono, marqué sin pensarlo dos veces.

"¡Pasión W Radio! ¿Cuál es tu nombre, reina?" Su voz en vivo, tan cerca, me mojó más.

"Ana... de la Condesa."

"¡Ana! Cuéntame, ¿qué te tiene ardiendo esta noche?"

Dudé un segundo, el corazón latiéndome en la garganta. "Estoy sola, escuchándote, y... neta, me estás volviendo loca. Quiero confesar que me estoy tocando pensando en ti."

Rió bajito, ese sonido gutural que vibró en mi centro. "¡Pura pasión W Radio, Ana! Describe cómo te sientes, déjame oírte."

Le conté todo: el calor entre mis piernas, cómo mis dedos se hundían en mi humedad, el sabor salado cuando me los chupé. Él gemía al otro lado, "Sí, así, mételos profundo, imagíname lamiéndote." Colgué temblando, al borde del orgasmo, pero no quise solita. Necesitaba carne real.

Acto seguido, le mandé un whats a mi amigo Raúl, el wey del gym que siempre anda pilas pa' un revolcón. "Ven ya, carnal. Pasión W Radio me tiene encabronada." Respondió en segundos: "Llego en 10, prepárate."

Me levanté, me miré en el espejo: curvas prietas, piel bronceada por el sol mexa, labios hinchados de deseo. Me quité la playera, quedé en tetas y panties, el radio aún sonando promesas calientes. Oí el timbre, abrí la puerta de un jalón. Raúl ahí, playera ajustada marcando pectorales, jeans low-rise dejando ver el borde del boxer. Olía a colonia fresca y hombre sudado del tráfico.

"¿Qué pedo, Ana? Suenas urgida." Me jaló por la cintura, su boca en mi cuello, mordisqueando suave.

"Escucha esto." Lo llevé a la cama, el radio tronando un son jarocho sensual. Nos besamos fieros, lenguas enredadas, sabor a menta y cerveza de su aliento. Sus manos grandes amasaron mis nalgas, apretando hasta doler rico. "Mmm, qué mojada estás, pinche ninfómana."

Caímos en la cama, el colchón crujiendo bajo nuestro peso. Él se quitó la ropa rápido, su verga saltando libre, gruesa y venosa, apuntándome como arma cargada. La radio seguía: "Siente la pasión W Radio en tu piel, déjate llevar." Raúl sonrió pícaro. "Pasión W Radio, ¿eh? Eso explica por qué hueles a sexo desde la puerta."

Su boca bajó a mis tetas, chupando un pezón mientras pellizcaba el otro. Gemí fuerte, arqueando la espalda, el placer eléctrico bajando directo a mi coño. Lamidas húmedas, dientes rozando, mi piel erizándose. Bajó más, besando mi ombligo, lamiendo el sudor salado de mi vientre. "Abre las piernas, reina." Obedecí, exponiéndome, el aire fresco chocando con mi calor húmedo.

¡Dios, su lengua! Caliente, ávida, devorándome como si fuera el último banquete.

Raúl me comió viva: lengua plana lamiendo mi clítoris, dedos curvándose dentro, tocando ese punto que me hace ver estrellas. El sonido era obsceno, chapoteos y mis jadeos mezclados con la voz del locutor. "¡Más, cabrón, no pares!" Él gruñía contra mi carne, vibraciones intensas. Olía a mí, a sexo puro, almizcle y deseo. Me vine primero, piernas temblando, chorro caliente salpicándole la barbilla, gritando su nombre.

No me dio tregua. Se puso de rodillas, verga en mano, frotándola en mi entrada resbalosa. "Dime que la quieres." Sus ojos clavados en los míos, intensos, consentidores.

"¡Sí, métemela toda, wey!" Empujó lento al principio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Lleno, palpitante, tocando fondo. Empezó a bombear, ritmado como la música de Pasión W Radio, caderas chocando contra las mías, piel contra piel sudorosa. Sudor goteando, mezclado, salado en mi lengua cuando lo besé. Sus bolas golpeaban mi culo, sonidito rítmico hipnótico.

Cambié de posición, montándolo a mí. Sus manos en mis caderas guiándome, yo rebotando, tetas saltando, pezones duros rozando su pecho peludo. "¡Qué chingona te ves, Ana!" Gemí, clavando uñas en su pecho, dejando marcas rojas. El radio narraba otra historia: una pareja follando en la playa, olas rompiendo como fondo. Nosotros éramos eso, salvajes, perdidos en el ritmo.

La tensión crecía, mis paredes apretándolo, su verga hinchándose más. "Me vengo, carnal..." Él aceleró, dedos en mi clítoris, frotando fiero. Explotamos juntos: yo convulsionando, ordeñándolo, él rugiendo, chorros calientes llenándome hasta rebosar. Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos, el radio bajando volumen como si supiera.

Después, en el afterglow, Raúl me abrazó, su mano acariciando mi espalda húmeda. "Pinche Pasión W Radio, nos armó un desmadre chido." Reí bajito, besando su hombro salado. La noche se sentía fresca ahora, el ventilador secando nuestro sudor. El locutor cerró: "Gracias por sintonizar Pasión W Radio, sueñen con pasión."

Nos quedamos así, enlazados, el corazón latiendo al unísono. Mañana sería otro día de tráfico y chamba, pero esta noche, la radio nos había dado fuego puro. Y yo, Ana, sabía que volvería a sintonizar, lista pa' más.

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