Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Según San Mateo en Nuestra Carne
Imagina que eres Mateo, un tipo normal de veintiocho años, con un curro chido en una agencia de publicidad en el DF. Vives en un depa bien pinche nice en Polanco, con vistas al skyline que te hacen sentir rey. Tu morra, Sofía, es una chava de veintiséis, maestra de yoga con curvas que te vuelven loco, piel morena como chocolate derretido y ojos que prometen pecados deliciosos. Los dos son católicos devotos, pero de los que no se la pasan juzgando, neta. Les late leer la Biblia juntos, sobre todo la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo, ese relato que les eriza la piel de una forma que ni el padre en la misa dominguera podría explicar.
Es Viernes Santo, el sol se cuela por las cortinas de lino blanco, tiñendo la recámara de un dorado suave. El aire huele a café de olla recién hecho y a las gardenias que Sofía pone en el buró. Están sentados en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio revueltas de la noche anterior. Tú traes solo un bóxer ajustado que deja ver el bulto de tu verga ya medio parada, y ella un camisón de seda roja que se le pega al cuerpo como segunda piel, con los pezones duros marcándose como botones de placer prohibido.
—Wey, hoy leemos la Pasión —te dice Sofía con voz ronca, pasando la mano por tu pecho, rozando tus tetillas con las uñas pintadas de rojo sangre—. Me late cómo nos pone, ¿verdad?
Sientes un cosquilleo en el estómago, mezcla de culpa y deseo. Abres el libro gastado, la Biblia familiar con tapas de cuero negro. Tus dedos tiemblan un poquito al buscar Mateo 26. El papel cruje suave, huele a tinta vieja y a algo sagrado que se va a profanar deliciosamente. Empiezas a leer en voz alta, tu voz grave retumbando en la habitación: "Cuando llegó Jesús al huerto de Getsemaní..."
Sofía se acurruca contra ti, su aliento cálido en tu cuello, oliendo a menta y a su crema de vainilla. Su mano baja despacito por tu abdomen, trazando círculos en tu ombligo. Tú sigues leyendo, pero tu verga se endurece como piedra bajo el bóxer, palpitando al ritmo de las palabras.
¿Qué chingados estoy haciendo? Esto es la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo, no un pinche porno. Pero carajo, se siente tan bien su mano acercándose...
La escena del huerto: Jesús sudando sangre, angustiado. Sofía suspira, su muslo rozando el tuyo, suave como terciopelo caliente. —Siente el peso, Mateo. Como si Él cargara nuestro deseo —murmura, y te besa el lóbulo de la oreja, chupándolo suave. Un escalofrío te recorre la espalda, el sonido de su lengua húmeda te pone a mil.
Pasan al beso de Judas. Lees: "El que me entrega con un beso..." Sofía se gira, te mira con ojos ardientes y te planta un beso traicionero en la boca, lengua invadiendo, saboreando a sal y a promesas. Sus labios carnosos se pegan a los tuyos, chupando, mordiendo suave. Tu mano sube por su espalda, sintiendo la curva de su espinazo, la seda resbalando. Huele a su arousal ya, ese musk dulce que te hace salivar.
—Traición deliciosa —jadea ella, bajando la mano al fin a tu verga, apretándola por encima de la tela. Gimes, el sonido gutural llenando la habitación. El tráfico lejano de Reforma se oye como un murmullo, contrastando con vuestros jadeos crecientes.
El juicio ante el Sanedrín, los azotes. Tus dedos se cuelan bajo el camisón, encuentran su panocha ya mojada, labios hinchados y calientes. La tocas despacio, círculos en el clítoris que la hacen arquearse. —¡Ay, wey! Sigue leyendo —suplica, voz entrecortada.
Lees de los latigazos, imaginando el chasquido en la piel, pero en tu mente es su nalga que azotas suave con la palma, el sonido seco y excitante. Ella gime, empapando tus dedos. Pruebas su jugo, salado y dulce como néctar prohibido.
Esto es pecado mortal, pero qué chido pecado. La Pasión nos une así, carnal y divina.
Escalada: la corona de espinas. Sofía se quita el camisón de un tirón, tetas perfectas botando libres, pezones oscuros duros como piedras preciosas. Tú te liberas del bóxer, verga saltando erecta, vena palpitante, precum brillando en la punta. Ella se arrodilla, como Pedro negando, pero en vez de negar, abre la boca y te la traga hasta la garganta. El calor húmedo te envuelve, su lengua lamiendo la base, succionando con hambre. El sonido obsceno de su boca chupando te vuelve loco, gorgoteos y saliva resbalando.
—Niega tres veces, pero cógeme la verga —le dices, riendo ronco. Ella asiente, ojos lagrimeando de esfuerzo, pero feliz, empoderada en su devoción oral.
Llevan el relato al clímax: el vía crucis. La tumbas en la cama, piernas abiertas como invitación al calvario placentero. Entras en ella despacio, su coño apretado tragándote centímetro a centímetro, paredes aterciopeladas masajeando tu polla. Grita tu nombre, uñas clavándose en tus hombros, dejando marcas rojas como espinas. El olor a sexo inunda la habitación, sudor mezclado con perfume, pieles chocando con palmadas rítmicas.
Empujas fuerte, profundo, sintiendo su útero besando tu glande. Ella se mueve contigo, caderas girando, clítoris frotando tu pubis. —¡Más, Mateo! Como la cruz pesada —gime, y tú la follas con furia santa, verga hinchada al límite. El colchón cruje, cabezas golpean la cabecera, sonidos primitivos.
El Gólgota. Lees entre embestidas: "Y Jesús clamó con grande voz..." Ella clama primero, orgasmo rompiéndola en olas, coño contrayéndose como puño, leche chorreado por tus bolas. Tú aguantas, sudando, músculos tensos, hasta que explotas dentro, semen caliente llenándola, pulsos interminables. Gritas "¡Consumado!", colapsando sobre ella.
Afterglow: yacen enredados, pieles pegajosas, corazones latiendo al unísono. El sol ahora alto calienta sus cuerpos exhaustos. Sofía acaricia tu pelo húmedo. —La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo nunca fue tan nuestra —susurra, besándote la frente.
Tú sonríes, paz inundándote.
No es blasfemia, es celebración. Su sufrimiento nos da vida, y nosotros la devolvemos con placer puro, consensual, eterno.El aroma a sexo se mezcla con el café frío, promesas de más lecturas pasionales. Afuera, la ciudad bulle, pero aquí, en su carne, habéis resucitado.