Relatos
Inicio Erotismo Diario de una Pasion Noah y Allie Diario de una Pasion Noah y Allie

Diario de una Pasion Noah y Allie

6735 palabras

Diario de una Pasion Noah y Allie

Querido diario, hoy todo cambió. Me llamo Allie, tengo veintiocho años y vivo en Puerto Vallarta, esa joya de la costa donde el mar besa la arena como un amante impaciente. Hace una semana, en la fiesta de la playa organizada por unos amigos, lo vi por primera vez. Noah, ese morenazo alto con ojos verdes que brillan como el jade bajo el sol poniente. Neta, wey, su sonrisa me dejó con las rodillas flojas. Llevaba una camisa blanca ajustada que marcaba sus pectorales y unos shorts que dejaban ver sus piernas fuertes, bronceadas por el sol mexicano.

Estábamos bailando al ritmo de cumbia rebajada, el aire cargado con olor a sal, coco y esas carnitas asadas que venden en la orilla. Me acerqué, sintiendo el calor de su cuerpo antes de que nos tocáramos. ¿Bailas conmigo, mamacita? me dijo con esa voz ronca que vibraba en mi pecho. Órale, cómo no. Nuestras caderas se rozaron, su mano en mi cintura enviando chispas por mi piel. Olía a mar y a hombre, a sudor fresco mezclado con colonia barata pero chida. Esa noche no pasó nada más, solo miradas que prometían fuego, pero en mi cabeza ya lo imaginaba desnudo, su piel contra la mía.

¿Por qué me acelera tanto este pendejo? Su mirada me desnuda, siento mi concha humedecerse solo con pensarlo. Quiero lamer cada centímetro de él.

Al día siguiente, me mandó mensaje. ¿Café en la playa al atardecer? Claro que sí. Llegué con un vestido ligero de algodón que se pegaba a mis curvas por la brisa húmeda. Noah estaba ahí, descalzo en la arena, con una cerveza en la mano. Nos sentamos cerca del agua, las olas rompiendo suave, lamiendo nuestros pies. Hablamos de todo: de cómo él llegó de la ciudad huyendo del estrés del DF, de mis sueños de abrir un pequeño café con vista al mar. Su risa era grave, retumbaba en mi vientre como un tambor. Rozó mi mano accidentalmente, y juro que sentí electricidad, mi pulso latiendo fuerte en las sienes.

La tensión crecía con cada minuto. El sol se hundía en el horizonte, tiñendo el cielo de naranja y rosa, mientras el aroma de jazmín salvaje flotaba en el aire. Eres preciosa, Allie, murmuró, su aliento cálido en mi oreja. Me incliné, nuestros labios a milímetros. Lo besé primero, suave, probando el sabor salado de su boca, a cerveza y a deseo puro. Sus manos subieron por mi espalda, fuertes pero tiernas, atrayéndome más cerca. Sentí su verga endureciéndose contra mi muslo, dura como roca, y un gemido se me escapó.

Pero nos detuvimos. No aquí, no todavía, dijo él, con los ojos nublados de lujuria. Caminamos hasta su cabaña rentada, un lugar sencillo pero acogedor con hamaca en el porche y vista al Pacífico. El camino fue tortura: su mano en mi nalga, apretando juguetona, yo mordiéndome el labio para no rogarle que me cogiera ya.

Mi cuerpo arde, diario. Mis pezones duelen de tan tiesos, y entre las piernas siento ese vacío que solo él puede llenar. Noah, mi Noah, ven por mí.

Entramos, la puerta se cerró con un clic que sonó como promesa. La habitación olía a sándalo y a él, luces tenues de velas que alguien había encendido antes. Me quitó el vestido despacio, sus dedos trazando mi piel, erizándola. Eres perfecta, susurró, besando mi cuello, lamiendo el sudor salado. Yo le arranqué la camisa, sintiendo los músculos tensos bajo mis palmas, el vello oscuro en su pecho raspando delicioso. Bajé sus shorts, y ahí estaba: su verga gruesa, venosa, palpitante, con una gota de precum brillando en la punta. La tomé en mi mano, suave al principio, luego apretando, oyendo su gruñido animal.

Me arrodillé, el piso de madera fresca contra mis rodillas. La lamí desde la base, saboreando su piel salada, musgosa, hasta meterla en mi boca profunda. Él jadeaba, ¡Órale, Allie, qué rico chupas!, sus caderas moviéndose suave, follando mi boca con cuidado. El sonido húmedo de mi saliva, sus gemidos roncos, el latido de mi clítoris hinchado... todo me volvía loca. Me levantó, me llevó a la cama, sus brazos como acero alrededor de mí.

Caímos sobre las sábanas frescas, cuerpos entrelazados. Sus labios devoraron mis tetas, chupando los pezones duros, mordisqueando hasta que grité de placer. Bajó más, besando mi vientre, mi ombligo, hasta llegar a mi concha empapada. Estás chorreando por mí, dijo, y metió la lengua, lamiendo lento, saboreando mis jugos dulces y salados. Sentí su nariz rozando mi clítoris, sus dedos abriendo mis labios, penetrándome suave. El placer subía en olas, mi espalda arqueándose, uñas clavadas en su pelo. ¡No pares, cabrón, me vengo! exploté, mi cuerpo temblando, chorros de placer mojando su cara.

Él subió, sonriendo pícaro, su verga lista. Te quiero dentro, le supliqué, abriendo las piernas. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Tan lleno, tan duro, golpeando justo donde dolía de ganas. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, sudor resbalando, mezclándose. Olía a sexo puro, a piel caliente, a mar lejano. Lo monté después, cabalgándolo fuerte, mis tetas rebotando, él apretando mi culo, ¡Muévete así, putita mía! en tono juguetón, empoderándome. El clímax nos alcanzó juntos: yo gritando su nombre, él gruñendo, llenándome con su leche caliente, pulsos y pulsos.

Diario de una pasion noah y allie. Así titularía estas páginas si alguien las leyera. Esta pasión que nos consume, que nos une en éxtasis.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones agitadas calmándose. Su mano acariciaba mi pelo, besos suaves en la frente. Esto no es solo una noche, Allie. Quiero más, murmuró. Yo sonreí, el corazón latiendo fuerte no solo de placer, sino de algo profundo. Afuera, las olas seguían su ritmo eterno, como testigos de nuestro fuego.

Han pasado días, diario. Cada encuentro es más intenso. Ayer en la ducha, el agua caliente cayendo sobre nosotros, jabón resbaloso en su verga mientras lo masturbaba hasta que explotó en mi mano. Hoy planeamos un fin de semana en las sierras, solos, para explorar más. Noah me hace sentir viva, deseada, poderosa. Su toque es adictivo, su risa mi droga. Neta, este diario de una pasion noah y allie apenas empieza. ¿Qué vendrá? Solo sé que no quiero que acabe nunca.

El sol de mañana entrará por la ventana, calentando nuestra piel desnuda. Lo despertaré con mi boca, saboreando su despertar. Vida, placer, amor... todo en él. Gracias, universo, por este hombre.

Fin de esta entrada, pero no de nuestra historia. Besos húmedos, diario.

Allie.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.