Pasión y Poder del Elenco 2015
La gala de reencuentro del elenco de Pasión y Poder 2015 estaba en su apogeo en ese lujoso salón de fiestas en Polanco. El aire olía a perfume caro mezclado con el humo sutil de cigarros electrónicos y el dulce aroma de champán derramado. Luces tenues bailaban sobre vestidos ceñidos y trajes impecables, mientras la banda tocaba un bolero sensual que hacía vibrar el piso bajo mis tacones. Yo, Daniela, con mi escote profundo en un vestido rojo fuego que abrazaba mis curvas como un amante posesivo, sentía el cosquilleo de la nostalgia y algo más... algo prohibido que había estado latente desde aquellas largas noches de grabación.
Arturo, el galán principal del elenco, el que me había hecho temblar en escenas de besos fingidos que nunca lo fueron del todo, estaba al otro lado del salón. Su mirada cruzó la multitud y se clavó en mí como un rayo. Alto, moreno, con esa mandíbula cuadrada y ojos negros que prometían pecados. Recordé el elenco de Pasión y Poder 2015, esas grabaciones donde su mano rozaba mi cintura y mi piel ardía de verdad.
¿Será que el tiempo no ha borrado nada? ¿O soy yo la que quiere revivirlo todo?Me acerqué, mi corazón latiendo como tambor en una fiesta de pueblo.
—¡Daniela, chula! —dijo él con esa voz grave que me erizaba el vello de la nuca—. Sigues siendo la reina del elenco.
Nos abrazamos, su pecho firme contra mis senos, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela. Olía a colonia masculina, a sudor limpio y a deseo contenido. Charlamos de los viejos tiempos, de anécdotas del set, pero el aire entre nosotros se cargaba de electricidad. Sus dedos rozaron mi brazo al pasarme una copa de tequila reposado, y sentí un pulso traicionero entre mis muslos.
La noche avanzó con risas y bailes. Bailamos un cumbia pegadizo, sus caderas contra las mías, su aliento caliente en mi oreja. Pinche Arturo, siempre supiste cómo hacerme mojar, pensé mientras su mano bajaba posesiva a mi nalga. El deseo crecía como una ola en el Pacífico, inevitable.
—¿Te late ir a un lugar más privado? —me susurró, su labio rozando mi lóbulo. Asentí, empapada ya, el corazón retumbando.
Salimos del salón tomados de la mano, el valet nos trajo su camioneta negra reluciente. En el camino a su penthouse en Lomas, su mano subió por mi muslo, apartando la tela del vestido. Gemí bajito cuando sus dedos encontraron mi tanga húmeda.
—Estás chingona de mojada, Dani —rió ronco—. Como en aquellas escenas del elenco de Pasión y Poder 2015, pero ahora de a devis.
El ascensor del edificio era un espejo de nuestras siluetas entrelazadas. Apenas cerraron las puertas, me besó con hambre, su lengua invadiendo mi boca como un conquistador. Sabía a tequila y a promesas rotas. Mis manos desabotonaron su camisa, sintiendo el vello áspero de su pecho, los músculos duros bajo mis palmas. Él me alzó contra la pared del ascensor, mi vestido subiéndose hasta la cintura, sus dedos hurgando mi clítoris hinchado.
—¡Ay, wey, no pares! —jadeé, mis uñas clavándose en su cuello.
Las puertas se abrieron en su piso, y medio tropezando llegamos a la puerta. Adentro, el penthouse era puro lujo: ventanales con vista a la ciudad iluminada, pieles suaves en el piso, una cama king size esperando. Me quitó el vestido de un tirón, exponiendo mis tetas firmes y mi concha palpitante. Él se desvistió rápido, su verga gruesa saltando libre, venosa y lista, oliendo a hombre puro.
Me tumbó en la cama, sus labios devorando mis pezones, chupándolos con succiones que me arqueaban la espalda. El sonido de su boca húmeda, mis gemidos roncos, el roce de las sábanas de seda contra mi piel... todo era una sinfonía de placer. Bajó lento, torturándome, lamiendo mi ombligo, mordisqueando mis caderas. Cuando su lengua llegó a mi raja, grité.
¡Madre santa, esta lengua es pecado mortal!
Lamía con maestría, sorbiendo mi jugo dulce, su nariz rozando mi clítoris. Metió dos dedos gruesos, curvándolos contra mi punto G, mientras chupaba fuerte. Mi cuerpo convulsionaba, el orgasmo building como tormenta en Veracruz. Olía a mi propia excitación almizclada, a su sudor salado. Vine fuerte, chorros calientes empapando su barbilla, mis piernas temblando como gelatina.
—Ahora te voy a coger como mereces, reina —gruñó, posicionando su pija en mi entrada resbaladiza.
Empujó de un golpe, llenándome hasta el fondo. ¡Qué chingón se siente! Pensé, mis paredes apretándolo como guante. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida un choque de pelvises húmedos, el slap-slap ecoando en la habitación. Sus bolas peludas golpeaban mi culo, su pecho aplastando mis tetas. Aceleró, sudando sobre mí, sus ojos fijos en los míos, conexión pura.
—¡Más duro, cabrón! ¡Dame todo tu poder! —le exigí, arañando su espalda.
Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como jinete en rodeo. Mis caderas girando, su verga tocando spots profundos. Él amasaba mis nalgas, un dedo metiéndose en mi ano apretado, doble estimulación que me volvía loca. Sudábamos juntos, pieles pegajosas, respiraciones entrecortadas. El olor a sexo crudo llenaba el aire, mezclado con el jazmín de su loción.
Lo volteé a perrito, mi posición favorita. Se hundió brutal pero consensual, jalándome el pelo suave, azotando mi culo con palmadas que ardían delicioso. Pinche Arturo, me tienes como perra en celo. Gemía sin control, el placer subiendo en espiral. Él gruñía como animal, sus embestidas feroces.
—¡Me vengo, Dani! —rugió.
—¡Dentro, lléname! —ordené.
Exploto en chorros calientes, su leche cremosa inundándome, mientras yo colapsaba en otro orgasmo cegador, mi concha ordeñándolo hasta la última gota. Colapsamos juntos, jadeantes, cuerpos enredados en sábanas revueltas.
Después, en la afterglow, yacíamos abrazados, la ciudad parpadeando afuera. Su mano acariciaba mi pelo húmedo, mi cabeza en su pecho oyendo su corazón calmarse. Tomamos tequila en vasos helados, riendo de los recuerdos del elenco de Pasión y Poder 2015.
—Esto fue mejor que cualquier guion —dijo él, besándome la frente.
Pasión y poder reales, al fin. ¿Volverá a pasar? Ojalá el destino lo escriba así.Me dormí en sus brazos, satisfecha, el cuerpo zumbando de placer residual, sabiendo que esta noche había sido eterna.