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Pasion Gitana Avon Precio de Fuego

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Pasion Gitana Avon Precio de Fuego

Estaba hojando el catálogo de Avon en mi depa de la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas de lino. Pasion Gitana Avon precio bajo, solo doscientos varos por esa fragancia que prometía encender pasiones ancestrales, como un fuego gitano en la piel. La compré sin pensarlo dos veces, porque andaba con ganas de algo salvaje, de romper la rutina con mi carnal, ese morro alto y prieto que me volvía loca cada vez que me rozaba con sus manos callosas de mecánico. Llegó el paquete esa misma semana, y al abrirlo, el aroma me pegó como un derechazo: jazmín quemado, canela picante y un toque de ámbar que olía a sexo prohibido.

Me rocié un chorrito en el cuello, otro en las muñecas, y sentí cómo el calor subía por mi piel morena.

Órale, esto va a ser la neta
, pensé, mirándome en el espejo del baño. Mi blusa escotada de encaje negro, la falda plisada que apenas tapaba mis muslos, y unos tacones rojos que chasqueaban como latigazos. Llamé a Javier: "Ven pa'cá, mi rey, te tengo una sorpresa que te va a dejar con la verga parada toda la noche". Su risa ronca al teléfono me mojó al instante.

Llegó puntual, con su playera ajustada marcando el pecho tatuado y jeans que le ceñían el bulto. Lo recibí en la puerta, y antes de que dijera hola, lo jalé adentro, cerrando con el pie. Sus ojos se clavaron en mi escote, y aspiró hondo. "¿Qué chingados es ese olor, nena? Me estás volviendo loco", murmuró, su aliento caliente contra mi oreja. Era el pasión gitana Avon precio de fuego, baratísimo pero potentísimo, envolviéndonos como una niebla sensual. Lo besé con hambre, mi lengua danzando con la suya, saboreando el tequila que traía en la boca, salado y dulce a la vez.

Nos fuimos al sillón de terciopelo rojo, mis piernas sobre sus rodillas, frotándome despacito contra él. Sus manos subieron por mis muslos, ásperas y firmes, arrugando la falda hasta que sentí el aire fresco en mis calzones de encaje. "Te ves como una gitana endemoniada, pinche diosa", dijo, mordisqueándome el lóbulo de la oreja. El perfume se mezclaba con mi sudor, creando un olor embriagador que me hacía jadear. Le quité la playera de un tirón, pasando las uñas por su abdomen marcado, sintiendo los músculos tensarse bajo mis dedos. Su piel olía a sol y motor, un contraste perfecto con mi fragancia exótica.

El deseo crecía como una tormenta en el DF, lento al principio, con truenos lejanos. Me recargué en su pecho, escuchando el tum-tum acelerado de su corazón, mientras sus labios bajaban por mi cuello, lamiendo el rastro del perfume.

Esto es lo que necesitaba, este calor que me quema por dentro
. Sus dedos se colaron bajo mi blusa, pellizcando mis pezones ya duros como piedras, enviando chispas directas a mi entrepierna. Gemí bajito, "Más, Javi, no pares, cabrón", y él obedeció, chupando con fuerza hasta que arqueé la espalda.

Lo empujé al sillón y me subí a horcajadas, sintiendo su verga tiesa presionando contra mi rajita húmeda a través de la tela. Me moví en círculos lentos, torturándolo, mientras el aroma del pasión gitana nos envolvía como humo de fogata. Sus manos agarraron mis nalgas, amasándolas con rudeza juguetona, y yo reí, "¿Te gusta el precio de este fuego, amor?". Él gruñó, desabrochándome el sostén para liberar mis tetas, que rebotaron libres. Las tomó en sus bocas, succionando una y luego la otra, el ruido húmedo de su lengua haciendo eco en la sala.

La tensión subía, mis jugos empapando los jeans de él, mi clítoris palpitando contra la fricción. Bajé la mano, desabrochándole el cinturón con dientes, "Quiero probarte, mi gitano". Saqué su miembro grueso, venoso, latiendo en mi palma caliente. Olía a hombre puro, a deseo crudo. Lo lamí desde la base hasta la punta, saboreando la gota salada de precum, mientras él echaba la cabeza atrás con un "¡Qué rico, pinche reina!". Lo tragué profundo, mi garganta ajustándose a su tamaño, el perfume en mi piel mezclándose con su esencia masculina.

Pero no quería acabar así. Me paré, quitándome la falda y los calzones de un jalón, quedando desnuda salvo por los tacones y el brillo del Avon en mi piel sudada. "Fóllame ya, Javi, hazme tuya". Él se levantó como fiera, cargándome hasta la recámara, donde la cama king size nos esperaba con sábanas de satén negro. Me tiró suave, abriéndome las piernas con rodillas firmes. Su lengua atacó mi coño primero, lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris con maestría. Sentí el roce áspero de su barba, el calor de su boca, y grité, "¡Sí, así, no pares!". Mis caderas se alzaban solas, persiguiendo su lengua, el olor de mi excitación llenando el aire junto al perfume gitano.

El clímax se acercaba, pero lo detuve, jalándolo arriba. "Adentro, métemela toda". Se puso condón rápido, y empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Gemí largo, sintiendo cada vena, el grosor llenándome hasta el fondo. Empezó a bombear, lento al inicio, sus pelotas chocando contra mi culo con palmadas húmedas. Aceleró, el catre crujiendo, nuestros cuerpos sudados resbalando uno contra el otro.

Esto es puro fuego, pasión que quema y no se apaga
. Le clavé las uñas en la espalda, arañando, mientras él me besaba feroz, mordiendo mi labio inferior.

Cambié de posición, montándolo como amazona, mis tetas botando al ritmo de mis bajadas. Él las agarraba, pellizcando, y yo giraba las caderas, frotando mi clítoris contra su pubis. "Me vengo, Javi, ¡me vengo!", chillé, el orgasmo explotando en olas que me hacían temblar, contrayendo mi vagina alrededor de su verga. Él rugió, "Yo también, nena", y se vació dentro del condón, pulsando fuerte, su semen caliente filtrándose en mi mente.

Caímos exhaustos, jadeando, el aroma del pasión gitana Avon precio de fuego aún flotando, ahora mezclado con sexo y sudor. Me acurruqué en su pecho, su brazo rodeándome posesivo. "Ese perfume es la chingada, amor. ¿Cuánto costó esa maravilla?", preguntó con voz ronca. Reí suave, besando su piel salada.

Precio de nada comparado con este placer
. Afuera, las luces de la ciudad parpadeaban, pero aquí dentro, el fuego gitano ardía eterno, prometiendo más noches así, de deseo puro y entrega total.

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