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Cuanto Dura la Pelicula Diario de una Pasion en Nuestra Piel

6723 palabras

Cuanto Dura la Pelicula Diario de una Pasion en Nuestra Piel

La noche caía suave sobre el departamento en Polanco, con ese airecito fresco que entraba por la ventana entreabierta, trayendo olor a jazmines del jardín de abajo. Yo, Ana, me recargaba en el sillón de cuero negro, con las piernas cruzadas, sintiendo el roce sedoso de mi falda corta contra los muslos. Frente a mí, Luis, mi chulo de ojos cafés intensos, tecleaba en su celular con una sonrisa pícara. Habíamos cenado tacos al pastor en la esquina, con esa salsa picosa que aún me quemaba la lengua, y ahora queríamos algo romántico para calentar la velada.

¿Qué película ponemos, nena? me dijo, su voz grave retumbando en mi pecho como un tambor lejano. Yo me mordí el labio, recordando esa historia que tanto me gustaba.

La de Diario de una pasión, esa que te hace llorar y te pone cachonda al mismo tiempo
, respondí, guiñándole un ojo. Él rio bajito, ese sonido ronco que me erizaba la piel, y empezó a buscar. Cuanto dura la pelicula diario de una pasion, murmuró mientras googleaba, frunciendo el ceño concentrado. Dos horas con quince, mi amor. Suficiente pa' que nos dé tiempo de... No terminó la frase, pero su mirada hambrienta lo dijo todo. El deseo ya flotaba en el aire, mezclado con el aroma de su colonia cítrica y mi perfume de vainilla.

Apagamos las luces, solo el resplandor azul de la tele iluminaba la sala. Nos acurrucamos en el sillón amplio, mi cabeza en su hombro musculoso, sintiendo el calor de su cuerpo filtrarse a través de la playera delgada. La película empezó, con esas escenas de lluvia torrencial y besos que te dejan sin aliento. Noah y Allie en el muelle, sus cuerpos pegándose bajo el agua, el sonido de las gotas golpeando como un latido acelerado. Yo suspiré, mi mano descansando en su muslo, notando cómo se tensaba bajo mi palma. Qué chido, susurró él, pero su aliento caliente rozaba mi oreja, enviando chispas por mi espina.

Al principio, todo era inocente. Sus dedos trazaban círculos perezosos en mi brazo desnudo, la piel sensible respondiendo con cosquilleo. Olía a él, a hombre limpio con un toque de sudor fresco de la cena. Yo levanté la vista, capturando sus labios en un beso suave, saboreando la dulzura de la michelada que habíamos compartido. La película avanzaba, las pasiones contenidas de los protagonistas reflejándose en nosotros. Mi corazón latía fuerte, sincronizado con la música orquestal que llenaba la habitación. ¿Cuánto dura esto antes de explotar?, pensé, mientras su mano bajaba despacio por mi costado, rozando la curva de mi cadera.

El primer acto de nuestra propia historia se cocía lento. En la pantalla, la tensión entre Noah y Allie crecía, igual que la mía. Sentía mi panocha humedecerse, un calor líquido que empapaba mis panties de encaje. Luis me miró, sus pupilas dilatadas como pozos oscuros.

Estás mojadita ya, ¿verdad, reina?
murmuró, su voz un ronroneo que vibró en mi clítoris. Asentí, ruborizada pero empoderada, y deslicé mi mano bajo su pantalón, encontrando su verga ya dura, palpitante, caliente como hierro forjado. La apreté suave, sintiendo las venas gruesas bajo la piel suave. Él gimió bajito, un sonido animal que me hizo apretar los muslos.

La película seguía, pero ya no la veíamos del todo. Sus besos se volvieron urgentes, lenguas danzando con sabor a chile y cerveza. Me quitó la blusa con manos temblorosas de deseo, exponiendo mis tetas llenas, pezones erectos besados por el aire fresco. Los lamió despacio, succionando uno mientras pellizcaba el otro, el placer punzante irradiando hasta mi vientre. ¡Ay, cabrón! jadeé, arqueándome contra él. Olía a mi propia excitación, ese almizcle dulce que llenaba el espacio entre nosotros. Sus dedos bajaron mi falda, rozando mis labios hinchados a través de la tela húmeda. Estás chorreando, mi vida, gruñó, y metí la mano en sus boxers, masturbándolo lento, sintiendo el precum resbaloso lubricar mi palma.

Nos movimos al piso, alfombra persa suave bajo mi espalda desnuda. La película llegaba a su clímax emocional, llantos y declaraciones de amor eterno, pero nosotros construíamos el nuestro con toques febriles. Él se arrodilló entre mis piernas abiertas, besando el interior de mis muslos, la barba incipiente raspando deliciosamente. Lamí su cuello salado mientras él me comía el chochito, lengua experta girando en mi clítoris, chupando mis jugos con ruidos obscenos que ahogaban el diálogo de la tele.

¡Más, Luis, no pares, pendejo!
grité, mis caderas ondulando contra su boca. El orgasmo se acercaba como una ola, tensión enredándose en mi vientre, músculos contrayéndose.

Pero no solté aún. Lo empujé boca arriba, montándolo como una amazona. Su pinga erguida, cabezona y reluciente, me llamó. Me acomodé encima, frotándome contra él, lubricándonos mutuamente. Entra en mí, amor, le rogué, y descendí despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome hasta el fondo. El estirón ardiente me arrancó un gemido gutural. Empecé a cabalgar, tetas rebotando, sudor perlando nuestra piel. Él agarraba mis nalgas, guiándome, sus ojos clavados en los míos. Eres mi todo, Ana. Esto dura pa' siempre, jadeó, mientras yo apretaba mis paredes internas alrededor de su verga, ordeñándolo.

La intensidad crecía, ritmos acelerados como tambores aztecas. Sonidos de carne chocando, plaf plaf, gemidos entremezclados con la banda sonora de la película que ya nadie oía. Sudor goteaba de su pecho al mío, salado en mi lengua cuando lo lamí. Mi clítoris rozaba su pubis con cada embestida, chispas de placer acumulándose. Él volteó posiciones, poniéndome a cuatro patas, penetrándome profundo desde atrás. Sus bolas golpeaban mi clítoris, manos amasando mis tetas. ¡Me vengo, reina! rugió, y eso me llevó al borde. Explosión: mi coño convulsionó, chorros de placer mojando sus muslos, grito ahogado en la almohada. Él se derramó dentro, caliente y espeso, pulsos interminables.

Colapsamos, entrelazados, piel pegajosa y resbaladiza. La película terminaba en la tele, créditos rodando con música suave. ¿Viste? Cuanto dura la pelicula diario de una pasion es nada comparado con nosotros, susurró él, besando mi sien húmeda. Yo reí bajito, el corazón aún galopando, cuerpo lánguido en afterglow. Olía a sexo crudo, a nosotros, a promesas. En ese momento, supe que nuestra pasión no tenía reloj. Era eterna, como en el diario de nuestras noches.

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