Relatos
Inicio Erotismo Fleming Pasión Fleming Pasión

Fleming Pasión

6346 palabras

Fleming Pasión

Estás sentada en la barra de ese bar chido en la Zona Rosa, con el aire cargado de jazz suave y el aroma dulzón del mezcal reposado flotando alrededor. La luz tenue de las velas parpadea sobre tu piel morena, y sientes el vestido negro ajustado rozando tus muslos como una caricia prohibida. Neta, hace calor esta noche, no solo por el trago de tequila que te acabas de aventar, sino porque él acaba de entrar. Alto, con esa camisa blanca entreabierta dejando ver un pecho marcado, ojos verdes que brillan como el mar de Cancún al atardecer. Se acerca con una sonrisa pícara, como si ya supiera el secreto que traes guardado entre las piernas.

—Órale, güey, ¿me invitas un trago o qué? —dices, juguetona, cruzando las piernas para que el dobladillo suba un poquito más.

Él se ríe, una carcajada ronca que te vibra en el pecho. —Simón, preciosa. Pero tiene que ser algo especial. ¿Has probado el Fleming Pasión? Es tequila con maracuyá, chile y un toque de fuego que te prende por dentro.

El barman lo prepara frente a ustedes: el líquido ámbar burbujea con rodajas de maracuyá maduro, un borde de sal de gusano y chile piquín que huele a pecado. Te lo pasa, y cuando tus dedos rozan los suyos, sientes la electricidad, como un chispazo que te recorre la espina dorsal. Tomas un sorbo: dulce y ardiente, el sabor ácido del maracuyá explota en tu lengua, seguido del picor que te hace jadear. Él te mira fijo, lamiéndose los labios.

—Soy Fleming —se presenta, extendiendo la mano—. Javier Fleming, pero llámame como quieras mientras me mires así.

Charlan un rato, de la ciudad que no duerme, de cómo el pulque te empeda más que tres chelas, de esa vez que él escaló el Popo y sintió el volcán rugir dentro. Cada palabra suya es un roce invisible; sientes su rodilla contra la tuya bajo la barra, el calor de su aliento cuando se inclina para oler tu perfume de vainilla y jazmín. Tu corazón late fuerte, tan tan tan, y entre las piernas ya hay un cosquilleo húmedo que te hace apretar los muslos.

¿Qué chingados me pasa con este wey? Neta, quiero que me coma viva aquí mismo, pero hay que jugarle suave...

Acto seguido, su mano sube por tu muslo, despacito, bajo la mesa. Consientes con una mirada, mordiéndote el labio. —Vamos a otro lado —susurras, la voz ronca de deseo.

Salen al aire fresco de la noche, el bullicio de la avenida Reforma zumbando a lo lejos. Caminan hasta su hotel, un cinco estrellas con vistas al skyline, el lobby oliendo a flores tropicales y cuero nuevo. En el elevador, no aguantan más: te empuja contra la pared, su boca devora la tuya con hambre de lobo. Sabe a Fleming Pasión, dulce picante, su lengua danza con la tuya en un beso que te deja sin aire. Sus manos grandes aprietan tu cintura, bajan a tus nalgas, amasándolas con fuerza. Gimes bajito, el sonido reverbera en el metal del elevador.

La puerta se abre en su piso, y tropiezan hasta la suite. Luces suaves bañan la cama king size con sábanas de algodón egipcio. Te quita el vestido de un tirón, quedas en lencería roja que resalta tus curvas. Él se desnuda rápido: cuerpo atlético, marcado por el gym, el miembro erecto palpitando, grueso y venoso, listo para ti. Lo miras, lames tus labios.

Ven pa'cá, cabrón —le ordenas, tirándolo a la cama.

Te subes encima, rozando tu sexo húmedo contra su dureza. Sientes el calor de su piel contra la tuya, sudorosa y ardiente. Besas su cuello, saboreas la sal de su piel, muerdes suave su oreja mientras él gime tu nombre —Ana, Ana—. Sus manos exploran tus pechos, pellizcan los pezones duros como piedras, enviando ondas de placer directo a tu clítoris hinchado.

Neta, este wey me va a volver loca. Su verga se siente tan chingona contra mí, quiero que me llene ya...

Deslizas la mano abajo, lo agarras firme, lo masturbas lento, sintiendo cómo late en tu puño. Él gruñe, arquea la espalda. Te bajas, lames la punta, salada y musgosa, lo chupas profundo, tu boca llena de él. El sonido húmedo de succión llena la habitación, mezclado con sus jadeos roncos: —¡Pinche chula, qué rica boca!—. Te moja el pelo, te empuja suave para que lo tragues más.

Pero quieres más. Te levantas, te quitas la tanga empapada, el aroma de tu excitación impregna el aire. Te posicionas a horcajadas, guías su verga a tu entrada resbaladiza. Bajas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, te llena hasta el fondo. ¡Ay, carajo! El placer es cegador, paredes vaginales apretándolo como guante. Empiezas a moverte, cabalgándolo con ritmo, pechos rebotando, sudor goteando entre vuestros cuerpos.

Él te agarra las caderas, embiste arriba, profundo y fuerte. El choque de piel contra piel suena como palmadas, plaf plaf plaf. Sientes cada vena frotando tu interior, golpeando ese punto que te hace ver estrellas. Gimes alto, sin vergüenza: —¡Más duro, Fleming, cógeme como puta!—. Él obedece, volteándote de golpe para ponerte en cuatro. Desde atrás, entra brutal pero consensual, sus bolas chocan tu clítoris, mano en tu pelo tirando suave.

El olor a sexo crudo llena todo: sudor, fluidos, Fleming Pasión aún en sus alientos. Tus uñas se clavan en las sábanas, el orgasmo se acerca como tsunami. Él acelera, gruñendo: —Me vengo, preciosa, ¡dame todo!—. Explota dentro, chorros calientes bañando tus paredes, desencadenando el tuyo. Convulsionas, gritando, placer puro estallando en olas, piernas temblando, visión borrosa.

Caen exhaustos, enredados. Su pecho sube y baja contra tu espalda, besos suaves en tu nuca. El aire acondicionado refresca vuestras pieles pegajosas, el skyline titila afuera como testigo. Te giras, lo miras a los ojos verdes, aún brillantes de post-sexo.

Qué chido fue esto. Fleming Pasión no era solo el trago, era él, era nosotros. Neta, quiero más noches así.

Se quedan así, platicando pendejadas entre risas, dedos trazando patrones en la piel del otro. El deseo se apaga en brasas calientes, prometiendo encenderse de nuevo. Afuera, la ciudad duerme, pero tú sabes que esta pasión apenas empieza.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.