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Cuantos Capítulos Tiene la Telenovela Abismo de Pasión en Nuestra Noche Ardiente

6889 palabras

Cuantos Capítulos Tiene la Telenovela Abismo de Pasión en Nuestra Noche Ardiente

Marisol se recostó en el sofá de su departamento en la Condesa, con el control remoto en la mano y una sonrisa pícara en los labios. El aire olía a las enchiladas que acababa de calentar en el microondas, un aroma picante que se mezclaba con el perfume floral de su loción. Afuera, las luces de la Ciudad de México parpadeaban como estrellas caídas, pero adentro, la pantalla del televisor iluminaba la habitación con las pasiones desbordadas de Abismo de Pasión. Su novio, Alex, se acercó con dos chelas frías, el sonido del hielo chocando contra el vidrio rompiendo el silencio.

Órale, qué chido que ya empezó el capítulo, pensó Marisol, mientras Alex se sentaba a su lado, su muslo fuerte rozando el suyo. Llevaban tres meses saliendo, y noches como esta eran su ritual: telenovela, risas y, quién sabe, algo más caliente. Ella se acurrucó contra él, sintiendo el calor de su pecho a través de la playera delgada. "¿Sabes, amor? Me estoy preguntando cuantos capítulos tiene la telenovela Abismo de Pasión. Neta, parece que nunca acaba esta pasión loca de Damiana y Augusto."

Alex rio bajito, su aliento cálido contra su oreja. "Son 175, mi reina. Pero la nuestra apenas empieza." Sus dedos juguetones se deslizaron por el brazo de Marisol, trazando círculos suaves que erizaron su piel. Ella giró la cabeza, capturando sus labios en un beso lento, saboreando la sal de las papitas que él había comido antes. La telenovela sonaba de fondo: gemidos dramáticos, música de violines intensos, pero el mundo se reducía a ellos dos.

El beso se profundizó, lenguas danzando con urgencia creciente. Marisol sintió un cosquilleo en el vientre, como mariposas enloquecidas.

Este wey me prende con solo mirarme, pendejo sexy
, pensó, mientras sus manos exploraban el pecho de Alex, palpando los músculos firmes bajo la tela. Él respondió deslizando una mano por su espalda, bajando hasta la curva de sus nalgas, apretando con esa posesión juguetona que la volvía loca. "Te ves tan rica con esa falda corta", murmuró él, su voz ronca como grava.

La tensión crecía como la trama de la novela. Marisol se subió a horcajadas sobre él, el sofá crujiendo bajo su peso. Sus caderas se mecían instintivamente, frotándose contra la dureza que ya palpitaba en los jeans de Alex. El olor a su excitación empezaba a flotar, almizclado y dulce, mezclándose con el sudor ligero de sus cuerpos. Ella jadeó cuando él levantó su blusa, exponiendo sus senos al aire fresco. Sus labios capturaron un pezón, chupando con hambre, la lengua girando en círculos que enviaban descargas eléctricas directo a su centro.

No mames, qué rico se siente su boca, se dijo Marisol internamente, arqueando la espalda. Sus uñas se clavaron en los hombros de él, dejando marcas rojas que lo harían sonreír después. Alex gruñó de placer, sus manos subiendo por sus muslos, rozando el encaje de sus calzones. "¿Quieres que pare?" preguntó, juguetón, sabiendo la respuesta. "Ni loca, cabrón. Sigue, que esto es mejor que cualquier capítulo."

Se levantaron enredados, tropezando hacia la recámara. El pasillo estaba oscuro, solo guiados por la luz parpadeante del tele. Marisol empujó a Alex contra la puerta, besándolo con furia, mordiendo su labio inferior hasta saborear un toque metálico de sangre. Él la cargó como si no pesara nada, sus brazos fuertes envolviéndola, y la tiró sobre la cama king size. Las sábanas frescas de algodón egipcio rozaron su piel desnuda mientras él le quitaba la falda de un tirón.

Ahora desnuda, Marisol se abrió para él, invitándolo con la mirada. Alex se quitó la ropa rápido, su verga erecta saltando libre, gruesa y venosa, goteando ya de anticipación. Ella la tomó en mano, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel suave, el calor irradiando. "Qué chingona está", susurró ella, lamiendo la punta, probando el sabor salado y ligeramente dulce del precum. Alex siseó, sus caderas empujando hacia adelante.

Me encanta cómo me mira cuando la mamo, como si fuera su reina
.

Él se arrodilló entre sus piernas, besando el interior de sus muslos, inhalando el aroma embriagador de su concha húmeda. Su lengua trazó el camino hasta el clítoris, lamiendo con delicadeza al principio, luego succionando con fuerza. Marisol gritó, el placer explotando en ondas, sus jugos fluyendo copiosos. El sonido húmedo de su boca trabajando era obsceno, erótico, acompañado por sus gemidos ahogados. "¡Sí, así, mi amor! ¡No pares!" Sus dedos se enredaron en el cabello de él, guiándolo más profundo.

La intensidad subía como los giros de la telenovela. Alex se posicionó, la punta de su verga rozando su entrada resbaladiza. "Dime que la quieres", exigió, ojos clavados en los de ella. "¡La quiero toda, métemela ya, wey!" respondió Marisol, empinándose. Él empujó lento, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. El ardor inicial dio paso a plenitud absoluta, sus paredes contrayéndose alrededor de él. Comenzaron a moverse, ritmo pausado al principio, piel contra piel chocando con palmadas suaves, sudor perlando sus cuerpos.

Siento cada vena, cada pulso, como si fuéramos uno, pensó ella, mientras aceleraban. Alex la penetraba profundo, golpeando ese punto que la hacía ver estrellas, sus bolas azotando contra su culo. Ella clavó las uñas en su espalda, dejando surcos rojos, el dolor mezclándose con placer para él. Cambiaron posiciones: Marisol encima, cabalgándolo como amazona, sus senos rebotando, cabello revuelto cayendo sobre su rostro. Él pellizcaba sus pezones, enviando chispas extras. El olor a sexo impregnaba la habitación, pesado y adictivo, con el leve aroma a su perfume original aún persistente.

La tensión alcanzó el pico. "Me vengo, amor", jadeó Alex, sus embestidas volviéndose erráticas. Marisol aceleró, frotando su clítoris contra su pubis, el orgasmo construyéndose como una ola imparable. "¡Juntos, cabrón!" gritó ella, explotando en espasmos, su concha ordeñándolo. Él rugió, llenándola con chorros calientes, profundo dentro. Colapsaron, entrelazados, pulsos latiendo al unísono, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco.

En el afterglow, Marisol trazó patrones en el pecho sudoroso de Alex, sintiendo la pegajosidad entre sus piernas, el semen goteando lento. La telenovela seguía sonando lejana, créditos rodando. "Neta, nuestro abismo de pasión tiene infinitos capítulos", murmuró ella, besando su cuello salado. Él sonrió, abrazándola fuerte.

Esto es mejor que cualquier novela, puro fuego mexicano
. Afuera, la ciudad dormía, pero ellos flotaban en su propio paraíso, satisfechos, conectados, listos para el próximo "capítulo".

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