Relatos
Inicio Erotismo Pasiones Negativas Ejemplos Ardientes Pasiones Negativas Ejemplos Ardientes

Pasiones Negativas Ejemplos Ardientes

6446 palabras

Pasiones Negativas Ejemplos Ardientes

La fiesta en Polanco estaba a todo lo que daba, con luces neón parpadeando sobre las mesas cargadas de botellas de tequila y vasos sudados. El aire olía a perfume caro mezclado con humo de cigarros electrónicos y ese toque salado del sudor de cuerpos bailando pegados. Yo, Ana, me sentía como una chingona con mi vestido negro ceñido que marcaba cada curva de mis caderas anchas y mis tetas firmes. Pero de repente, lo vi: mi ex, ese pendejo de Rodrigo, con una morra nueva colgada de su brazo, riéndose como si yo no existiera.

El coraje me subió por el pecho como lava ardiente. ¿Cómo se atreve, cabrón? pensé, mientras mis uñas se clavaban en la palma de mi mano. Mis pasiones negativas ejemplos como los celos me estaban comiendo viva. Quería ir y arrancarle el pelo a esa tipa, pero en lugar de eso, apreté los dientes y me largué de ahí, el corazón latiéndome como tambor en una comparsa.

Llegué a mi depa en la Roma, el viento fresco de la noche mexicana rozándome la piel caliente. Marco, mi carnal del alma y amante de esas noches locas, me esperaba en el sillón con una cerveza en la mano. Es alto, moreno, con esa barba recortada que me raspa delicioso y ojos que me desnudan con solo mirarme.

¿Qué te pasa, nena? Tienes cara de que quieres matar a alguien
, me dijo, levantándose para abrazarme. Su olor a jabón y hombre me invadió, calmando un poco el fuego, pero no del todo.

Le conté todo, las palabras saliendo como balas: los celos, la rabia, cómo me hervía la sangre al ver a Rodrigo con esa pinche zorra. Marco me escuchaba, pero vi cómo sus ojos se encendían, su respiración se aceleraba. Este güey se prende con mis dramas, pensé, y de pronto, sentí un cosquilleo entre las piernas.

—Eso son pasiones negativas ejemplos perfectos, mi amor —murmuró él, su voz ronca mientras me jalaba contra su pecho duro—. Los celos, la envidia... pero míranos, ¿no te dan ganas de cogérmela de coraje?

Acto uno cerrado: la tensión ya estaba ahí, latiendo como un pulso compartido.

En la cama, el cuarto olía a sábanas frescas y al incienso de copal que siempre prendo para ambientar. Marco me quitó el vestido despacio, sus dedos callosos rozando mi piel como pluma de águila, erizándome los vellos. Yo lo empujé contra el colchón, montándome encima, mis muslos apretando sus caderas.

Imagina que soy ella, la de Rodrigo
, le dije, mi voz temblando de rabia fingida. Esto es chido, jugar con el fuego de las pasiones negativas.

Él gruñó, sus manos grandes amasando mis nalgas, el sonido de su palma contra mi carne resonando como un latigazo suave. —

Pues yo soy él, y te voy a demostrar quién te coge mejor, pendeja
.

Nos besamos con furia, lenguas enredadas, saboreando el tequila en su boca y mi labial de cereza en la suya. Mis tetas rozaban su pecho peludo, los pezones duros como piedras volcánicas pidiendo atención. Bajé la mano, sintiendo su verga tiesa bajo el pantalón, palpitando como un corazón salvaje. La saqué, gruesa y venosa, el olor almizclado de su excitación llenándome las fosas nasales.

Lo masturbe lento, viendo cómo su cara se contorsionaba de placer mezclado con esa ira jugada. Los celos nos encienden, cabrón, pensé, mientras él me volteaba, su boca devorando mi cuello, mordiendo lo justo para dejar marcas rojas como besos de venganza.

La escalada era imparable. Me abrió las piernas, su aliento caliente en mi panocha ya empapada, el olor dulce y salado de mi flujo mezclándose con el suyo. Lamio despacio, su lengua plana recorriendo mis labios hinchados, chupando el clítoris como si fuera un dulce de tamarindo. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes, mis caderas subiendo para follarle la cara.

Más, güey, castígame por celosa
, le rogué, las uñas en su pelo tirando fuerte.

Él se incorporó, su verga apuntándome como lanza azteca. Entró de un empujón, llenándome hasta el fondo, el estirón delicioso haciendo que viera estrellas. Nos movíamos como animales, piel contra piel chapoteando sudor, el colchón crujiendo bajo nosotros. Cada embestida era un ejemplo vivo de pasiones negativas transformadas en éxtasis: la envidia de Rodrigo se volvía mi posesión total de Marco.

Pero no paramos ahí. Cambiamos, yo de perrito, su vientre peludo pegado a mi espalda, manos en mis tetas ordeñándolas mientras me taladraba. El slap-slap de sus bolas contra mi clítoris era música obscena, mi jugo chorreando por mis muslos. Siento su pulso dentro, latiendo conmigo.

Acto dos en su punto álgido, la intensidad psicológica rompiendo barreras: —

Te quiero solo para mí, no me importa si es negativo, te cojo hasta que grites
, jadeaba él, y yo respondía con contracciones de mi concha apretándolo más.

El clímax nos alcanzó como tormenta en el desierto. Lo volteé, cabalgándolo salvaje, mis caderas girando como en un baile de cumbia erótica. Sus manos en mi cintura guiándome, ojos clavados en mis tetas botando. Sentí la ola subir, el calor desde el estómago explotando en mi centro, gritando su nombre mientras mi concha se convulsionaba ordeñándolo.

Él se vino segundos después, chorros calientes pintando mi interior, su rugido gutural vibrando en mi piel. Colapsamos, cuerpos enredados, sudor enfriándose en la brisa del ventilador, el olor a sexo puro impregnando el aire como ofrenda a los dioses del deseo.

En el afterglow, su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. Acaricié su pelo húmedo, el sabor salado de su piel en mis labios cuando lo besé.

Esos pasiones negativas ejemplos nos salvaron la noche, ¿verdad?
, susurré.

Él rio bajito, su mano trazando círculos en mi vientre. —

Sí, nena. Los celos, la rabia... son chidos si los canalizamos así. Mañana repetimos con envidia, ¿va?

Me quedé pensando, el cuerpo laxo y satisfecho, el alma en paz. En México, donde las pasiones hierven como mole en olla, aprendí que lo negativo puede ser el mejor afrodisíaco. Nuestros cuerpos, marcados por la noche, prometían más ejemplos ardientes. Y así, dormimos, envueltos en sábanas revueltas y promesas de lujuria eterna.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.