Imágenes de Amor Cariño y Pasión
Estaba recostada en mi sofá de la casa en Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el sol de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas. Mi celular vibró sobre la mesita de centro, y al verlo era un mensaje de Diego. Mi Diego, ese moreno alto de ojos cafés que me volvía loca con solo una mirada. Abrí el chat y ahí estaban: imágenes de amor cariño y pasión. Fotos nuestras de la última vez en la playa de Puerto Vallarta, él besándome el cuello con el mar de fondo, mis manos en su pecho desnudo, nuestros cuerpos entrelazados bajo la luna. Neta, cada píxel me hacía sentir el calor de su piel otra vez.
El corazón me latió más rápido, como si estuviera ahí de nuevo. Podía oler el salitre del mar mezclado con su colonia de sándalo, sentir la arena tibia bajo mis pies mientras él me cargaba.
¿Por qué me manda esto ahora, pinche provocador?pensé, mordiéndome el labio. Mi cuerpo reaccionó solo: un cosquilleo en el estómago que bajó directo entre mis piernas. Me acomodé el short de algodón, que ya se sentía húmedo. Las imágenes eran puro fuego; una donde me tenía de espaldas, su mano en mi cadera, mi cabeza echada atrás en éxtasis. Ay, wey, cómo me ponía caliente.
Le contesté rápido: Órale, carnal, ¿vienes o qué? Estas imágenes de amor cariño y pasión me tienen loca. Su respuesta fue un emoji de fuego y Llego en 20, prepárate, mi reina. Me levanté de un brinco, el pulso acelerado, y corrí al baño. Me quité la ropa frente al espejo empañado, admirando mis curvas: pechos firmes, cintura de avispa, nalgas redondas que Diego tanto amaba apretar. Me duché rápido, el agua caliente cayendo como lluvia sobre mi piel, jabón de lavanda perfumando el aire. Me sequé, me puse un baby doll negro transparente que compré en La Rosa, sin nada debajo. El tejido rozaba mis pezones endurecidos, enviando chispas por todo mi cuerpo.
Regresé a la sala, prendí velas de vainilla para ambientar, y puse música ranchera suave, de esa que Diego dice que le da ternura mexicana. Minutos después, la puerta sonó. Abrí y ahí estaba él, con su playera ajustada marcando los músculos del gym, jeans desgastados y esa sonrisa pícara. ¡Hola, preciosa! dijo, jalándome contra su pecho. Su olor a hombre fresco y sudor ligero me invadió, y lo besé con hambre, lenguas danzando, sabor a menta de su chicle mezclándose con el mío.
Acto primero del deseo: Nos besamos de pie en la entrada, sus manos grandes explorando mi espalda, bajando a mis nalgas. Estás riquísima, Ana, murmuró contra mi boca, voz ronca como tequila añejo. Lo empujé al sofá, sentándome a horcajadas sobre él. Sentí su verga dura presionando contra mi entrepierna a través de la tela. Gemí bajito, frotándome despacio, el roce enviando ondas de placer. Estas imágenes me mataron, Diego. Quiero lo mismo en vivo, le susurré al oído, mordisqueando su lóbulo. Él rio suave, ¿Sí? Pues agárrate, que te voy a dar amor cariño y pasión hasta que grites.
El beso se profundizó, sus dedos colándose bajo el baby doll, pellizcando mis pezones con esa presión perfecta que me hacía arquear la espalda. Olía a su excitación, ese aroma almizclado que me volvía loca. Le quité la playera, lamiendo su pecho salado, bajando por el abdomen marcado hasta el botón de sus jeans. Lo desabroché con dientes, liberando su miembro erecto, grueso y venoso, palpitando en mi mano. ¡Qué chulada, mi amor! exclamé, acariciándolo lento, sintiendo la piel suave sobre la dureza. Él jadeó, Chúpamela, mi vida, neta que la quiero en tu boquita.
La tensión subiendo: Me arrodillé entre sus piernas, el piso fresco contra mis rodillas. Tomé su verga en la boca, lengua girando alrededor del glande, saboreando la gota salada de pre-semen. Él gruñó, manos en mi pelo, guiándome sin forzar. Chupé más profundo, garganta relajada, el sonido húmedo de mi boca llenando la sala junto a sus gemidos roncos. ¡Ay, Ana, qué rica chupas! Eres la mejor, pinche diosa. Mi concha ardía, jugos corriendo por mis muslos. Me toqué mientras lo mamaba, dedos deslizándose en mi humedad, círculos en el clítoris hinchado.
Me levantó como pluma, Ahora te toca a ti, reina. Me acostó en el sofá, separó mis piernas con ternura. Su aliento caliente en mi monte de Venus, lengua lamiendo despacio desde el ano hasta el clítoris. Sabrosa, como mango maduro, dijo, chupando fuerte. Grité, ¡Sí, Diego, así! No pares, cabrón. Olas de placer me recorrían, pechos subiendo y bajando rápido, sudor perlando mi piel. Lamía con maestría, dos dedos dentro curvándose en mi punto G, el squish squish de mi excitación audible. Me corrí primero, cuerpo temblando, ¡Me vengo, amor! ¡Ay, Dios!, chorro caliente salpicando su barbilla.
Pero no paró ahí. La intensidad crecía. Me volteó boca abajo, nalgas en pompa. Te voy a coger rico, Ana, avisó, condón puesto en segundos –siempre responsable, mi Diego–. La punta rozó mi entrada, resbalosa. Empujó lento, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Qué prieta estás, wey! jadeó. Yo empujé hacia atrás, Más duro, métemela toda. Ritmo building: lento primero, piel chocando suave, slap slap creciente. Sudor goteando, olor a sexo puro, vainilla de velas mezclándose. Sus manos en mis caderas, jalándome, yo arañando el sofá, ¡Chíngame, Diego, dame esas imágenes de amor cariño y pasión en vivo!.
Cambiamos: yo encima, cabalgándolo como reina. Sus ojos fijos en mis tetas rebotando, manos apretándolas. Reboté fuerte, clítoris frotando su pubis, placer duplicado. ¡Te amo, Ana! Eres mi todo, gritó. Sentí su pulso dentro, mis paredes apretándolo. ¡Yo también, mi rey! Córrete conmigo. Aceleré, gemidos altos, sala llena de nuestros sonidos animales. El clímax nos golpeó juntos: yo convulsionando, él hinchándose, rugido gutural. Calor llenándome, cuerpos colapsando en sudor pegajoso.
En el afterglow, nos quedamos abrazados, su corazón latiendo contra mi oreja como tambor. Besos suaves, caricias perezosas. Esas imágenes eran para recordarte lo que siento, murmuró, oliendo mi pelo. Sonreí,
Pues lo lograste, pinche romántico. Amor cariño y pasión puro. Afuera, la ciudad zumbaba lejana, pero aquí éramos solo nosotros, en nuestra burbuja mexicana de deseo eterno. Mañana más, pensé, mientras el sueño nos envolvía.