Bebe la Pasion de Cristo
Tú caminas por las calles empedradas de San Miguel durante la procesión de Semana Santa el aire cargado de incienso y el eco de las matracas retumbando como un corazón acelerado. El sol del mediodía calienta tu piel morena bajo el huipil ligero que se pega a tus curvas sudadas. Tienes veintiocho años y esta tradición siempre te ha removido algo profundo algo que la iglesia llama pecado pero que en tus noches solitarias sientes como un fuego bendito. ¿Por qué Dios nos hizo con estos cuerpos que arden? piensas mientras tus ojos se clavan en él.
Javier está ahí de rodillas frente al Cristo de la Pasión su torso musculoso brillando bajo la camisa blanca entreabierta. Es tu vecino el que te saluda con guiños pícaros en el mercado el que huele a tierra mojada y loción barata. Sus ojos oscuros te encuentran y una sonrisa lenta se dibuja en sus labios carnosos. Chingao murmuras para ti el pulso se te acelera como el tambor de la banda. Termina la procesión y la multitud se dispersa pero él se acerca rozando tu brazo con el dorso de su mano callosa. El toque es eléctrico un chispazo que te recorre la espina dorsal hasta el centro de tus muslos.
—Órale nena ¿ya te vas? Ven pa’cá un ratito dice con esa voz ronca que parece salida de un corrido prohibido. Su aliento sabe a tequila y churros calientes. Asientes sin palabras el deseo ya latiendo en tu vientre como una promesa. Caminan juntos hacia su casa chica a unas cuadras detrás de la parroquia el patio lleno de bugambilias rojas que gotean pétalos como sangre dulce.
En tu mente revives las imágenes del Cristo flagelado su cuerpo sufriente pero fuerte y piensas la pasión no es solo dolor es éxtasis.
Adentro el aire es fresco olía a café de olla y a su piel masculina. Se sientan en el sillón viejo las rodillas tocándose. Hablan de la procesión de cómo el santo se mueve en la penumbra de la catedral. Pero sus manos no se quedan quietas la suya sube por tu muslo suave bajo la falda floreada. —Tú siempre me miras en la misa ¿verdad bebé? susurra mordisqueando tu oreja. El calor de su aliento te eriza la nuca y respondes con un gemido bajito sí carnal sí. Tus pezones se endurecen contra la tela delgada y él lo nota sus dedos trazan círculos lentos acercándose al borde de tus bragas húmedas.
El beso llega como una tormenta sus labios devoran los tuyos con hambre santa la lengua explorando tu boca saboreando el dulzor de tu gloss de fresa. Gimes en su garganta el sabor salado de su sudor mezclándose con el tuyo. Sus manos grandes te alzan la blusa exponiendo tus senos plenos al aire fresco. ¡Qué chingonería! exclama admirándolos antes de lamer un pezón rosado. La succión es perfecta tira de ti como un imán el placer subiendo en oleadas desde tu pecho hasta tu clítoris palpitante.
Te recuestas en el sillón él se arrodilla como en la procesión pero esta vez ante ti. Baja tu falda y las bragas de algodón mojado. El olor de tu excitación llena la habitación almizclado y dulce como miel de maguey. —Bebé murmura la pasión de Cristo es nada comparada con esto. Sus palabras te prenden fuego y abres las piernas temblando. Su lengua caliente lame tu piel interna del muslo subiendo lento torturándote con el aliento ardiente. Cuando llega a tu centro el primer roce es divino un trazo largo que te hace arquear la espalda.
¡Ay Diosito! gritas internamente las sensaciones explotando: la aspereza de su barba contra tus pliegues suaves la humedad de su saliva mezclándose con la tuya el chasquido húmedo de su boca devorándote. Él succiona tu clítoris hinchado lo masajea con la lengua en círculos viciosos mientras dos dedos gruesos se deslizan dentro de ti curvándose para tocar ese punto que te hace ver estrellas. Tus jugos lo empapan el sonido obsceno de chapoteo llenando el cuarto junto con tus jadeos roncos. ¡Más pendejo más! le ruegas y él obedece acelerando el ritmo sus caderas frotándose contra el piso buscando su propia fricción.
El clímax se acerca como la procesión en crescendo tu cuerpo tiembla los músculos tensos el sudor perlándote la frente. Piensas en la pasión del Cristo su entrega total y sientes que esto es sagrado esta unión carnal. Bebe la pasión de Cristo susurras sin darte cuenta y él levanta la vista ojos brillantes ¿qué mami? Pero no respondes solo agarras su cabello negro revuelto empujándolo más profundo. La ola te rompe entera gritas su nombre el placer estallando en espasmos que te dejan jadeante el coño contrayéndose alrededor de sus dedos.
Él se levanta limpiándose la boca con el dorso de la mano sonriendo triunfante. Te besa de nuevo compartiendo tu sabor en su lengua salado y embriagador. —Ahora tú bebé dice quitándose la camisa revelando el pecho velludo y marcado por el sol. Desabrochas su jeans y su verga salta libre gruesa venosa palpitando con venas hinchadas. La tocas maravillada la piel aterciopelada caliente como hierro forjado. El olor almizclado de su excitación te marea y bajas la cabeza lamiendo la punta donde una gota perlina precúm salado.
Lo tomas en tu boca centímetro a centímetro saboreando la sal de su piel el grosor estirando tus labios. Él gime ¡Órale qué rico! sus caderas moviéndose suave follándote la boca con cuidado. Chupas fuerte la lengua girando alrededor del glande succionando como si bebieras néctar divino. Tus manos masajean sus huevos pesados suaves y calientes. El ritmo aumenta sus manos en tu cabeza guiándote pero siempre preguntando ¿está chido nena? y tú asientes con la boca llena el zumbido de placer en tu garganta.
Lo sientes hincharse más el pulso acelerado bajo tu lengua. —Me vengo bebé advierte y explota chorros calientes y espesos llenándote la boca. Tragas ávida el sabor amargo dulce como ofrenda tragas todo hasta la última gota lamiendo limpio su eje sensible. Él tiembla colapsando a tu lado besándote el cabello eres una diosa.
Se acuestan desnudos el sudor enfriándose en sus pieles el corazón latiendo al unísono. Afuera las campanas repican anunciando la tarde pero aquí dentro reina la paz postrera. Sus dedos trazan patrones en tu vientre la pasión de Cristo es buena pero la nuestra es eterna bromea y ríes suave el cuerpo laxo satisfecho. Piensas en cómo esta entrega mutua te ha liberado del peso de la culpa convirtiendo el deseo en algo puro poderoso.
Te vistes lento robando besos más suaves ahora tiernos. Salen juntos al atardecer el cielo teñido de rosa y naranja como vuestros cuerpos encendidos. —Vuelve mañana bebé dice guiñando y sabes que lo harás. La procesión ha terminado pero tu pasión apenas comienza un ciclo de éxtasis consensual que te hace sentir viva entera mujer en toda su gloria.