Relatos
Inicio Erotismo Orgullo Pasion y Gloria Setlist en Nuestra Piel Orgullo Pasion y Gloria Setlist en Nuestra Piel

Orgullo Pasion y Gloria Setlist en Nuestra Piel

6595 palabras

Orgullo Pasion y Gloria Setlist en Nuestra Piel

El estadio estaba a reventar de puro desmadre chingón esa noche en el Palacio de los Deportes. El aire olía a chelas frías mezcladas con sudor ansioso y ese perfume dulzón de las chavas que se arreglan pa’l desfile. Yo, Ana, con mi blusa escotada roja como la pasión que me ardía por dentro, me abrí paso entre la multitud hasta encontrar a Diego, el morro que había conocido en el antro la semana pasada. Qué pendejo tan guapo, pensé, mientras lo veía con su playera negra ajustada que marcaba sus pectorales duros como piedra.

¡Ey, nena! ¡Ya llegó el momento! —gritó él por encima del rugido de la gente, jalándome de la cintura con unas manos callosas que me erizaron la piel al instante.

Nos dimos un beso rápido, de esos que saben a tequila y promesas calientes. El telón se abrió y Maná explotó en el escenario con su orgullo pasion y gloria setlist, empezando por “Labios Compartidos”. La voz de Fher retumbaba en mis huesos, vibrando hasta mi entrepierna. Diego me pegó a su cuerpo, moviéndose al ritmo, su aliento caliente en mi cuello oliendo a menta y deseo crudo.

¿Por qué carajos este güey me pone así de loca? Su calor me quema, y ni hemos empezado.

El primer acto de nuestra noche apenas arrancaba. Bailábamos pegaditos, mis nalgas rozando su paquete que ya se ponía tieso contra mí. El orgullo de estar viva, de sentir esa pasión que Maná cantaba, me inundaba. Gloria pura en cada acorde que nos mecía.

La multitud sudaba, gritaba, saltaba. Yo sentía el pulso de Diego latiendo contra mi espalda, sus dedos hundiéndose en mis caderas como si quisiera marcarme. Olía su colonia macho mezclada con el aroma salado de su piel. Cada roce era una chispa, building up esa tensión que me hacía mojarme sin remedio.

Estás cañona esta noche, Ana —me susurró al oído durante “En el Muelle de San Blas”, su lengua rozándome el lóbulo. Sabía a victoria esa caricia.

Yo volteé, le mordí el labio inferior suave pero firme, probando su sabor salado. Sí, cabrón, esta es nuestra setlist personal.

El concierto avanzaba, canción tras canción del orgullo pasion y gloria setlist, y nosotros escalábamos. Sus manos subieron por mi blusa, tocando mis tetas por debajo del brasier, pellizcando mis pezones que se pusieron duros como balas. Yo gemía bajito, perdida en el mar de luces parpadeantes y el bombo que retumbaba como mi corazón desbocado.

Pero el antro de la lujuria no podía quedarse ahí. Cuando tocaron “Oye Mi Amor”, Diego me cargó en brazos, mis piernas envolviéndolo mientras la gente aplaudía ajena a nuestro fuego privado. Salimos a media función, riendo como pendejos enamorados del momento, directo a su camioneta estacionada cerca.

Adentro, el vapor empañó los vidrios al instante. Sus besos eran fieros ahora, lengua explorando mi boca con hambre de lobo. Yo le arañaba la espalda, oliendo su sudor fresco que me volvía loca. Le bajé el zipper, liberando su verga gruesa y venosa que saltó dura como fierro. La tomé en mi mano, sintiendo su calor pulsante, el olor almizclado de su excitación llenando el espacio.

Chingado, qué prieta y caliente está. Quiero que me rompa entera.

Chúpamela, mi reina —gruñó él, y yo obedecí gustosa, porque esto era puro orgullo mutuo, pasión compartida.

Mi lengua recorrió su tronco desde la base hasta la cabeza hinchada, saboreando el precum salado y dulce. Él jadeaba, enredando sus dedos en mi pelo, guiándome sin forzar, solo guiando el ritmo que nos volvía uno. El sonido de su respiración entrecortada se mezclaba con el eco lejano del concierto.

Pero queríamos más. Llegamos a su depa en Polanco, un lugar chido con vista a la ciudad iluminada. Apenas cruzamos la puerta, nos desvestimos como animales en celo. Su cuerpo desnudo era una gloria: músculos definidos, vello oscuro bajando hasta esa verga tiesa lista para mí. Yo me recargué en la pared, abriendo las piernas, mi panocha chorreando jugos que olían a miel caliente.

Diego se arrodilló, su boca devorándome. Lamía mi clítoris hinchado con maestría, chupando mis labios mayores, metiendo la lengua adentro para probar mi esencia. ¡Ay, wey, qué rico! Grité, mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda que raspaba delicioso. Sentía cada roce como electricidad, mis pezones erectos rozando el aire fresco.

Él se levantó, me cargó hasta la cama king size, sus brazos fuertes sin esfuerzo. Me puso a cuatro patas, admirando mi culo redondo. El slap de su mano en mi nalga resonó, enviando ondas de placer doloroso. Luego, su verga presionó mi entrada húmeda, deslizándose lento al principio, estirándome delicioso.

Dame todo, Diego, hazme tuya —supliqué, y él empujó profundo, llenándome hasta el fondo.

El ritmo empezó pausado, cada embestida un golpe sordo de piel contra piel, su saco chocando mis nalgas. Olía a sexo puro, a sudor mezclado con nuestros jugos. Yo empujaba hacia atrás, clavándome más en él, mis tetas balanceándose pesadas. Sus manos me amasaban las caderas, luego subieron a mis tetas, apretando fuerte mientras aceleraba.

Esto es orgullo, pasión y gloria en cada thrust. Mi cuerpo es fuego, él mi gasolina.

La tensión crecía como la canción final del setlist. Él me volteó boca arriba, mis piernas sobre sus hombros, penetrándome profundo, su mirada clavada en la mía. Veía el sudor perlando su frente, sus ojos negros de puro vicio. Yo le clavaba las uñas en la espalda, saboreando el beso que nos dimos, lenguas enredadas como nuestros cuerpos.

Me vengo, Ana, contigo —rugió, y yo exploté primero, mi coño contrayéndose alrededor de su verga en oleadas de éxtasis cegador. Gritos ahogados, temblores, el olor intenso de orgasmo llenando la habitación. Él se derramó dentro, chorros calientes bañándome, prolongando mi placer.

Colapsamos jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su cabeza en mis tetas, yo acariciando su pelo revuelto. Afuera, la ciudad brillaba indiferente, pero adentro reinaba la gloria post-concierto, esa paz satisfecha.

Fue como nuestro orgullo pasion y gloria setlist privado —murmuró él, besándome el ombligo.

Yo sonreí, sabiendo que esto no acababa aquí. La noche había sido épica, llena de deseo mutuo y entrega total. Mañana, quién sabe, pero esta pasión nos marcó para siempre.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.