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Abismo de Pasion Capitulo 125

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Abismo de Pasion Capitulo 125

La noche en la playa de Cancún envolvía todo con su manto salado y cálido. Sofía se recargaba en la barandilla de la terraza de la villa, el viento juguetón le revolvía el cabello negro como ala de cuervo. El sonido de las olas rompiendo contra la arena era como un latido constante, sincronizado con el de su corazón acelerado. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez? pensó, mientras el aroma a coco de su loción se mezclaba con el del mar. Vestía un vestido ligero de algodón blanco que se pegaba a sus curvas con cada ráfaga, dejando poco a la imaginación.

Alejandro apareció en la puerta de cristal, su silueta recortada contra la luz dorada del interior. Alto, con esa piel morena curtida por el sol y ojos que ardían como brasas. Llevaba una camisa guayabera desabotonada hasta el pecho, revelando el vello oscuro que Sofía tanto amaba recorrer con las yemas de los dedos. "Órale, mi reina, ¿me extrañaste?" dijo con esa voz ronca que le erizaba la piel, caminando hacia ella con pasos felinos.

Sofía se giró, su sonrisa traviesa iluminando la penumbra. "¿Extrañarte? Wey, si no he podido dormir pensando en ti, pendejo." Se fundieron en un abrazo, sus cuerpos encajando perfecto como piezas de un rompecabezas prohibido. El calor de él la invadió al instante, el olor a su colonia cítrica mezclado con sudor fresco la mareó. Sus labios se buscaron con urgencia, un beso que empezó suave, explorando sabores de tequila y menta, pero que pronto se volvió voraz, lenguas danzando en un tango húmedo y salvaje.

Esto es nuestro abismo de pasion capitulo 125, pensó ella, donde cada roce nos hunde más profundo en el placer.

Acto primero: la chispa. Alejandro la levantó en brazos sin esfuerzo, sus manos fuertes bajo sus nalgas, apretando la carne suave a través de la tela fina. Sofía enredó las piernas alrededor de su cintura, sintiendo la dureza de su erección presionando contra su monte de Venus. "Te tengo tan mojada ya, ¿verdad, mamacita?" murmuró él contra su cuello, mordisqueando la piel sensible justo debajo de la oreja. Ella gimió bajito, el sonido ahogado por el rugido del océano. "Neta, carnal, no sabes cuánto te deseo. Llévame adentro."

La llevó a la habitación principal, donde la cama king size con sábanas de hilo egipcio los esperaba bajo la luz tenue de las velas. La depositó con gentileza, pero sus ojos prometían tormenta. Se quitó la camisa de un tirón, revelando el torso esculpido por horas en el gimnasio y el mar. Sofía se incorporó sobre los codos, admirando cada músculo que se contraía. El aire estaba cargado de anticipación, el olor a jazmín de las velas se entretejía con el almizcle naciente de sus cuerpos.

Acto segundo: la escalada. Sus manos expertas subieron por las piernas de ella, abriendo las rodillas con delicadeza. "Déjame verte, preciosa." Levantó el vestido hasta la cintura, exponiendo las bragas de encaje negro empapadas. El dedo índice trazó la línea húmeda, haciendo que Sofía arqueara la espalda. Qué chingón se siente su toque, como electricidad pura, pensó, mientras un jadeo escapaba de sus labios pintados de rojo. Él se arrodilló entre sus muslos, inhalando profundo su esencia femenina, ese olor dulce y salado que lo volvía loco.

"Sabes a gloria, mi amor." Su lengua se deslizó por la tela, presionando el clítoris hinchado. Sofía agarró las sábanas, las uñas clavándose en la tela. "¡Ay, Dios, Alejandro! No pares, wey." Él rio bajito, una vibración que la atravesó como un rayo. Deslizó las bragas a un lado y hundió la lengua en su calor líquido, lamiendo con hambre, chupando los labios mayores, succionando el botón de placer hasta que ella tembló al borde del abismo.

Pero él se detuvo, subiendo para besarla, compartiendo su propio sabor en la boca de ella. "Quiero que vengas conmigo, no sola." Sofía, con los ojos vidriosos de deseo, lo empujó contra el colchón. Era su turno de empoderarse. Le desabrochó los pantalones, liberando su verga gruesa y venosa, palpitante de necesidad. La tomó en la mano, sintiendo el calor aterciopelado, el pulso acelerado bajo la piel. "Mira lo que me haces, pendejo. Estás que explotas." Se inclinó, pasando la lengua por la punta, saboreando la gota perlada de precum, salada y amarga como el mar Caribe.

Lo engulló centímetro a centímetro, sus mejillas hundiéndose con la succión, mientras él gruñía y enredaba los dedos en su melena. Su sabor me enloquece, es como adicción pura, reflexionó ella entre lamidas. La habitación se llenaba de sonidos obscenos: succiones húmedas, gemidos roncos, el slap de piel contra piel cuando ella aceleró el ritmo. Alejandro la detuvo, jadeante. "Ya, mi reina, o me vengo en tu boca."

Se posicionaron, ella encima, cabalgando su deseo. La punta rozó su entrada, lubricada al extremo. Bajó despacio, sintiendo cómo la estiraba, la llenaba hasta el fondo. "¡Qué rico, carnal! Eres perfecto." Empezó a moverse, círculos lentos primero, luego rebotes furiosos. Sus pechos rebotaban libres ahora que el vestido estaba arremangado, pezones duros como piedras rozando el pecho de él. Alejandro agarró sus caderas, guiando el ritmo, sus pulgares presionando el hueso ilíaco. El sudor los unía, resbaloso y caliente, el olor a sexo impregnando el aire.

La tensión crecía como una ola gigante. Sofía sintió el orgasmo aproximándose, un nudo en el vientre que se deshacía en espasmos. "¡Me vengo, Alejandro! ¡No pares!" Gritó, su coño contrayéndose alrededor de él en oleadas. Él la volteó sin salir, embistiendo desde arriba con fuerza controlada, prolongando su placer. Es mío, todo mío, este abismo nos pertenece, pensó en el pico del éxtasis. Segundos después, él rugió, llenándola con chorros calientes, su cuerpo convulsionando sobre el de ella.

Acto tercero: el resplandor. Colapsaron enredados, respiraciones entrecortadas sincronizándose poco a poco. Alejandro besó su frente sudorosa, trazando patrones perezosos en su espalda con las yemas. "Eres mi todo, Sofía. Este fuego no se apaga nunca." Ella sonrió contra su cuello, inhalando su olor post-coital, esa mezcla embriagadora de semen, sudor y amor.

"Y esto es solo el abismo de pasion capitulo 125, mi amor. Hay más capítulos por escribir." Se acurrucaron bajo las sábanas revueltas, el sonido de las olas como una nana. En ese momento, el mundo exterior desaparecía; solo existían ellos, en su paraíso privado de piel y susurros. El deseo latente prometía más noches así, más caídas voluntarias en el abismo que los unía para siempre.

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