Relatos
Inicio Erotismo Pasión de Sábado Inolvidable Pasión de Sábado Inolvidable

Pasión de Sábado Inolvidable

6307 palabras

Pasión de Sábado Inolvidable

Era un sábado cualquiera en la Condesa, pero el aire ya traía ese cosquilleo de promesas. Salí de mi depa con un vestido negro ceñido que me hacía sentir como diosa, el tipo de prenda que roza la piel con cada paso y despierta miradas. El sol se ponía tiñendo el cielo de naranja y rosa, y el olor a tacos de la esquina se mezclaba con el perfume de jazmín de los balcones. Caminaba hacia la casa de mi amiga Lupe, donde prometía una noche de pasión de sábado, esas que empiezan con risas y terminan en jadeos.

Entré y el lugar ya vibraba con cumbia rebajada sonando bajito, luces tenues y gente guapa charlando con copas en mano. Te vi de inmediato, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que gritaba trouble. Estabas recargado en la barra improvisada, sirviendo tequilas con limón y sal. "¿Quieres uno, preciosa?", me dijiste con voz ronca, ojos clavados en los míos como si ya supieras mis secretos. Te llamabas Marco, y neta, desde ese momento supe que esta pasión de sábado iba a ser épica.

Charlamos de todo y nada: del pinche tráfico de la Roma, de cómo odiábamos los lunes, de sueños locos como viajar a la playa en Tulum sin plan. Tus manos rozaban las mías al pasarme el vaso, y cada toque era electricidad pura, un chispazo que subía por mi brazo hasta el pecho. Olías a colonia fresca con un toque de sudor masculino, ese aroma que hace que las rodillas flaqueen. Bailamos después, pegaditos, tu cadera contra la mía al ritmo de la música. Sentía tu calor a través de la tela, tu aliento en mi cuello mientras susurrabas: "Estás cañona, wey". Reí, pero por dentro ardía.

¿Por qué carajos me pongo así con un desconocido? Neta, su mirada me desarma, me hace querer todo ya.

La noche avanzaba y la tensión crecía como tormenta. Salimos a la terraza, solos por fin, con la ciudad brillando abajo como joyas. Me acorralaste contra la barandilla, tus labios rozando los míos en un beso tentativo. Sabías a tequila dulce y deseo crudo. Mis manos subieron a tu nuca, enredándose en tu pelo revuelto, mientras tu lengua exploraba la mía con hambre contenida. El viento jugaba con mi vestido, subiéndolo un poco, y tus dedos trazaron mi muslo, suaves pero firmes. Qué rico se siente esto, pensé, el pulso latiendo fuerte en mis venas.

"Vamos a mi depa, está cerca", murmuraste contra mi boca, voz entrecortada. Asentí, empapada ya solo de imaginarlo. Caminamos rápido por las calles empedradas, riendo nerviosos, tomados de la mano. Tu departamento era chido, minimalista con ventanales enormes que dejaban entrar la luna. Apenas cerraste la puerta, me besaste con urgencia, quitándome el vestido de un tirón suave. Quedé en lencería negra, expuesta bajo tu mirada hambrienta.

Tus ojos devoraban mi piel, bajando por mis curvas, deteniéndose en mis pechos que subían y bajaban con cada respiración agitada. "Eres perfecta, carnal", dijiste, y me cargaste hasta la cama como si no pesara nada. Caímos sobre las sábanas frescas, tu cuerpo encima del mío, pesado y delicioso. Tus manos everywhere: amasando mis senos, pellizcando pezones que se endurecían al instante, bajando por mi vientre plano hasta el borde de mis panties. Gemí cuando tus dedos rozaron mi humedad, resbaladizos ya de anticipación.

No aguanto más, lo quiero dentro, llenándome, haciéndome suya esta pasión de sábado.

Te quité la camisa, besando tu pecho ancho, lamiendo el salado de tu piel sudada. Tus abdominales se contraían bajo mi lengua, y bajé más, desabrochando tu jeans con dientes ansiosos. Tu verga saltó libre, dura como piedra, venosa y palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo su calor y grosor, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Gruñiste, "¡Qué chingón, mami!", agarrando mi pelo con fuerza juguetona. Chupé más profundo, garganta relajada, el sonido húmedo llenando la habitación junto a tus jadeos roncos.

Pero querías más igualdad. Me volteaste boca arriba, quitándome las panties de un jalón. Tu boca se hundió entre mis piernas, lengua mágica lamiendo mi clítoris hinchado, chupando mis labios jugosos. Olía a sexo puro, a mi excitación mezclada con tu saliva. Arqueé la espalda, uñas clavadas en tus hombros, gritando "¡Sí, wey, así!". Tus dedos entraron en mí, dos primero, curvándose para tocar ese punto que me hace ver estrellas. Venía fuerte, el orgasmo build-up como ola gigante, rompiendo en espasmos que me dejaron temblando.

No paramos. Te puse un condón con manos temblorosas, ansiosa por sentirte. Te subiste encima, penetrándome lento al principio, estirándome deliciosamente. Qué grande, cabrón, pensé mientras gemía. Empezaste a moverte, embestidas profundas que chocaban contra mi cervix, sacando sonidos obscenos de mi coño empapado. Sudábamos juntos, piel resbaladiza, olores intensos de sexo y pasión envolviéndonos. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándote salvaje, tetas rebotando, tus manos en mis caderas guiándome. Luego de lado, tu brazo alrededor de mi cintura, besándome el cuello mientras follabas duro.

La intensidad subía, mis paredes apretándote, tu verga hinchándose más. "Vente conmigo", susurré, y explotamos juntos. Tú gruñendo profundo, llenando el condón con chorros calientes que sentía palpitar. Yo convulsionando, clítoris frotándose contra tu pubis, olas de placer infinito. Colapsamos, exhaustos, cuerpos enredados, respiraciones sincronizadas.

Después, en la afterglow, nos quedamos así, tu mano acariciando mi pelo húmedo, yo trazando patrones en tu pecho. La luna entraba por la ventana, iluminando nuestras pieles brillantes de sudor. "Esta pasión de sábado fue lo máximo", dijiste riendo bajito. Sonreí, besándote suave. Neta, podría acostumbrarme a esto. No prometimos nada, pero en ese momento, el mundo era perfecto, solo nosotros y el eco de nuestros gemidos en el aire quieto.

Nos dormimos pegados, con el sabor de la noche en los labios y el corazón latiendo aún acelerado. Mañana sería otro día, pero esta pasión quedaría grabada, un recuerdo ardiente para masturbarme en solitario algún lunes gris.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.