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Diario de una pasion trailer espanol

5705 palabras

Diario de una pasion trailer espanol

Querido diario, hoy no puedo creer lo que pasó. Todo empezó una noche cualquiera en mi depa de la Roma, con el calor de julio pegándome en la piel como una promesa de algo prohibido. Yo, Ana, sentada en el sillón con las piernas cruzadas, el ventilador zumbando como un susurro ansioso, y Luis a mi lado, ese pendejo guapo que me hace sudar con solo mirarme. ¿Por qué carajos siempre termino así de mojada con él? pensábamos ver Netflix, pero él sacó su cel y dijo: "Mira este diario de una pasion trailer espanol que encontré, neta que te va a prender".

El trailer empezó, con esa música de guitarra española que te eriza la piel, voces roncas hablando de amores intensos en las playas de Andalucía. La tipa del trailer, con el pelo suelto y los labios carnosos, se acercaba a su galán bajo la luna, sus cuerpos rozándose en slow motion. Olía a mar y a jazmín en mi mente, aunque solo era el aroma de mi café con canela enfriándose en la mesa. Luis me miró de reojo, su mano grande posándose en mi muslo desnudo bajo la falda corta. Sentí el calor de sus dedos subiendo despacito, como si el trailer nos estuviera dictando el ritmo.

"¿Te gusta?" murmuró él, su aliento caliente contra mi oreja.
Asentí, el corazón latiéndome en la garganta, el pulso acelerado entre las piernas.

La pantalla mostraba besos húmedos, lenguas danzando, manos explorando curvas que me recordaban las mías. Yo ya no veía el trailer, solo sentía a Luis acercándose, su pecho ancho presionando mi hombro. El sonido de sus jeans crujiendo al moverse, el roce de su barba incipiente en mi cuello cuando me besó ahí, suave al principio, como un trailer que promete más. Neta, wey, me estás volviendo loca, pensé, mientras mis pezones se endurecían contra la blusa delgada. Él deslizó la mano más arriba, rozando el encaje de mis calzones, y yo gemí bajito, el aroma de mi propia excitación mezclándose con su colonia de madera y limón mexicano.

Apagó el cel de un manotazo, la habitación quedando en penumbras solo iluminada por la tele en mute. Acto dos de nuestra propia película, se me ocurrió. Me volteó hacia él, sus ojos cafés ardiendo como tequila puro. "Ven acá, mamacita", gruñó, y me jaló a su regazo. Sentí su verga dura presionando contra mi culo a través de la tela, gruesa y pulsante, lista para mí. Le mordí el labio inferior, saboreando el salado de su piel, mientras mis uñas se clavaban en su nuca. Nuestras lenguas se enredaron, húmedas y urgentes, el sabor de su boca como chiles en nogada, dulce y picante.

Me quitó la blusa de un tirón, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus labios bajaron, chupando un pezón con hambre, la lengua girando en círculos que me hacían arquear la espalda. ¡Qué rico, cabrón! El sonido de su succión, húmedo y obsceno, llenaba la sala, mezclado con mis jadeos. Bajé la mano a su bragueta, liberando su pito tieso, venoso, con esa gota de pre-semen brillando en la punta. Lo apreté, sintiendo el calor latiendo en mi palma, y él rugió bajito, empujándome al sillón.

Se arrodilló entre mis piernas abiertas, el piso de madera crujiendo bajo su peso. Subió mi falda, oliendo mi coño empapado antes de tocarlo.

"Estás chorreando, Ana, por el trailer ese, ¿verdad?"
dijo con voz ronca, y yo solo pude asentir, mordiéndome el labio. Su lengua lamió despacio desde el clítoris hasta el ano, saboreándome como si fuera el mejor pozole de mi vida. Gemí fuerte, el placer subiendo en oleadas, mis caderas moviéndose solas contra su boca. El olor a sexo crudo, almizclado, impregnaba el aire, mientras sus dedos entraban en mí, curvándose para tocar ese punto que me hace ver estrellas.

Lo jalé del pelo, levantándolo. No aguanto más, Luis, métemela ya. Se quitó los jeans, su cuerpo moreno y musculoso brillando de sudor bajo la luz tenue. Me penetró de una embestida lenta, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Sentí cada vena rozando mis paredes, el calor de él llenándome por completo. Empezamos a follar con ritmo, el sillón rechinando, piel contra piel en palmadas húmedas. Sus manos amasaban mis nalgas, mis tetas rebotando con cada thrust. El trailer de nuestra pasión ahora era real, más intenso, con mis uñas marcando su espalda, su aliento jadeante en mi cuello.

La tensión crecía, mis músculos contrayéndose alrededor de su verga, el orgasmo acechando como tormenta en el desierto sonorense. Él aceleró, gruñendo "Te voy a llenar, pinche diosa", y yo exploté primero, el placer rasgándome en espasmos, gritando su nombre mientras chorros de jugo mojaban sus bolas. Él se corrió segundos después, caliente y espeso dentro de mí, su cuerpo temblando contra el mío. Nos quedamos pegados, sudorosos, respiraciones entrecortadas, el olor a semen y coño fresco flotando como niebla dulce.

Después, recostados en el sillón desordenado, con las piernas enredadas, él me acarició el pelo.

"Ese trailer español nos prendió chido, ¿no?"
reí bajito, besando su pecho salado. Sentía su semen goteando entre mis muslos, un recordatorio cálido de nuestra entrega. Diario mío, esta pasión no es de película, es nuestra, mexicana y bien cabrona. Mañana quizás busquemos la peli completa, pero neta, nada supera esto. El corazón aún me late fuerte, la piel erizada, saboreando el afterglow que dura horas. ¿Qué sigue? Solo Dios y mi cuerpo lo saben.

Fin de la entrada, pero no de la noche. Luis ya ronca suave, y yo aquí, escribiendo con una sonrisa pendeja, lista para más.

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