Relatos
Inicio Erotismo Película Completa Diario de una Pasión Película Completa Diario de una Pasión

Película Completa Diario de una Pasión

7894 palabras

Película Completa Diario de una Pasión

Querido diario, hoy empezó todo como en esas películas completas que tanto me gustan las de pasión desbordante donde el corazón late a mil y el cuerpo se enciende sin remedio. Me llamo Ana y vivo en la Roma aquí en la Ciudad de México esa colonia llena de cafés chulos y calles empedradas que huelen a jazmín por las noches. Tengo veintiocho años trabajo en una galería de arte y mi vida era tranquila hasta que llegó él Javier un tipo alto moreno con ojos que te miran como si ya te supieran de memoria.

Lo vi por primera vez en el mercado de Medellín comprando unos chiles rellenos y un poco de queso fresco. Yo andaba con mi canasta llena de aguacates maduritos y tomates jugosos cuando nuestras manos se rozaron al reaching por el mismo racimo de cilantro. Su piel era cálida áspera por el trabajo en construcción pero suave en las yemas de los dedos. "Disculpa mamacita" me dijo con esa voz grave que vibra en el pecho como un tamborazo zacatecano. Le sonreí sintiendo un cosquilleo en el estómago que bajaba directo al sur. "No hay pedo wey" contesté juguetona y ahí nomás platicamos media hora de la vida del barrio de cómo el sol quema en el asfalto y cómo la noche trae ese calor húmedo que pega la ropa al cuerpo.

Desde ese día no pude sacármelo de la cabeza. Cada noche antes de dormir te escribía pensando en su olor a jabón de lavanda mezclado con sudor fresco ese aroma macho que me hacía apretar las piernas bajo las sábanas. Imaginaba su boca en mi cuello saboreando el salitre de mi piel y sus manos grandes explorando mis curvas.

¿Por qué carajos me pongo así por un desconocido? Es que Javier no es cualquiera tiene esa chispa que prende fuego en lo más hondo.
Al día siguiente lo busqué en el mismo mercado y ahí estaba con su sonrisa pícara. "Ven a mi taller esta tarde" me invitó "te enseño cómo tallo la madera que vibra bajo mis manos". No lo pensé dos veces.

El taller estaba en una vecindad cerca de la Vibra con el ruido de los niños jugando en el patio y el olor a tortillas recién hechas flotando en el aire. Entré y lo vi inclinado sobre una mesa de cedro su camisa pegada al torso por el sudor delineando cada músculo de su espalda. El serrín bailaba en el rayo de sol que se colaba por la ventana y el sonido de la lija rasgando la madera era hipnótico rítmico como un latido acelerado. "Pasa Ana acércate" dijo girándose con el pelo revuelto y una gota de sudor resbalando por su sien hasta el cuello. Me acerqué oliendo ese perfume natural de hombre laborioso que me mareaba.

Me dio una pieza de madera suave al tacto aún tibia por sus manos. "Siente cómo responde al toque" murmuró y sus dedos rozaron los míos enviando chispas por mi espina. Platicamos horas de todo y nada de mis pinturas abstractas llenas de rojos furiosos y de cómo él sueña con tallar figuras que cobren vida con pasión. La tensión crecía el aire se espesaba con nuestro calor compartido. Cada vez que se movía cerca sentía su aliento en mi oreja cálido con sabor a menta de los chicles que mascaba. Mi cuerpo gritaba por más mis pezones se endurecían contra la blusa de algodón y entre las piernas un calor líquido me traicionaba.

Al atardecer cuando el sol pintaba todo de naranja intenso nos sentamos en un banco viejo del patio. Sus rodillas se tocaron las mías y no nos movimos. "Ana desde que te vi en el mercado no paro de pensar en ti" confesó su voz ronca temblando un poco. Yo tragué saliva sintiendo el pulso en la garganta. "Yo tampoco Javier me traes loca con esa mirada que promete todo". Nos miramos los ojos dilatados el silencio roto solo por el zumbido de las abejas en las bugambilias. Entonces su mano subió a mi mejilla el pulgar acariciando mi labio inferior suave y húmedo. Me incliné y nuestros labios se encontraron en un beso lento profundo con sabor a café y deseo reprimido.

Su lengua exploró mi boca danzando con la mía mientras sus manos bajaban por mi espalda apretándome contra él. Sentí su dureza presionando mi vientre firme y palpitante qué chingón pensé mordiéndome el labio. Nos levantamos tropezando con la pasión el mundo desapareció solo existían sus gemidos bajos en mi oído y el roce de su barba incipiente en mi piel sensible. "Vamos adentro" jadeó llevándome a su cuarto pequeño pero limpio con sábanas blancas oliendo a eucalipto.

Acto dos del diario de una pasión puro fuego. Me quitó la blusa despacio besando cada centímetro de piel expuesta su aliento caliente en mis senos. "Estás preciosa nena" murmuró chupando un pezón rosado que se endureció al instante enviando descargas al clítoris hinchado. Gemí arqueándome mis manos enredadas en su pelo negro áspero. Bajó más lamiendo mi ombligo saboreando el sudor salado hasta desabrochar mis jeans y bajarlos con mis bragas empapadas. El aire fresco besó mi sexo depilado expuesto reluciente de jugos.

"Mira cómo estás de mojada por mí" dijo con voz juguetona separando mis labios vaginales con los dedos gruesos frotando el clítoris en círculos lentos. El placer era eléctrico oleadas que me hacían temblar las piernas flojas. "¡Ay Javier no pares pendejo!" grité medio en serio medio en risa mientras él reía y hundía dos dedos en mi interior apretado y caliente. Los movía adentro afuera curvándolos tocando ese punto que me volvía loca el sonido chapoteante de mi excitación llenaba la habitación mezclado con nuestros jadeos.

Lo empujé a la cama quitándole la ropa con urgencia su verga saltó libre gruesa venosa con la cabeza morada brillando de precúm. La tomé en la mano sintiendo su calor pulsante el grosor que apenas cabía en mi palma. "Qué rica verga tienes carnal" le dije lamiendo desde la base hasta la punta saboreando su esencia salada y almizclada. Él gruñó agarrando las sábanas mientras yo la chupaba tragándomela hasta la garganta succionando con hambre. Su sabor me volvía adicta ese olor almizclado de macho excitado impregnaba todo.

La tensión subió como la marea él me volteó poniéndome a cuatro patas sus manos amasando mis nalgas redondas separándolas para lamer mi ano rosado y luego mi concha chorreante. Su lengua era mágica girando lamiendo chupando hasta que grité en un primer orgasmo violento contrayendo todo el cuerpo chorros calientes salpicando su barbilla. "¡Sí cabrón así!" aullé temblando mientras él se ponía de rodillas detrás alineando su verga con mi entrada resbaladiza.

Entró despacio centímetro a centímetro estirándome deliciosamente el dolor placer mezclado me hacía llorar de gusto. "Estás tan apretada tan caliente" jadeó embistiéndome profundo sus bolas peludas chocando contra mi clítoris. El ritmo aumentó salvaje el catre crujiendo nuestros cuerpos sudados aplastándose sudor goteando mezclándose olores a sexo crudo almizcle y piel tostada. Lo monté después cabalgándolo sintiendo su grosor llenándome pulsando dentro mis tetas rebotando en su cara que chupaba ávidamente.

Acto final la liberación. Nos corrimos juntos él gritando mi nombre inundándome con chorros calientes espesos que desbordaban goteando por mis muslos mientras yo explotaba en espasmos interminables el placer cegador como fuegos artificiales en el Zócalo. Colapsamos enredados piel con piel corazones galopando el aire pesado de nuestro aroma compartido.

Ahora en la afterglow yacemos besándonos lento sus dedos trazando patrones en mi espalda. "Esto es solo el principio de nuestra película completa diario de una pasión" susurra él y yo sonrío sabiendo que sí que hay más páginas por escribir más noches de fuego en esta ciudad que late como nosotros. Mañana más diario mío pero hoy duermo en sus brazos oliendo a nosotros satisfechos plenos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.