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Pasión en las Letras de Sarah Brightman

6295 palabras

Pasión en las Letras de Sarah Brightman

Estaba sola en mi depa en la Condesa, con las luces bajas y el aire cargado de ese olor a jazmín que tanto me gustaba prender en el difusor. Afuera, la ciudad bullía con su ruido constante de cláxones y risas lejanas, pero adentro, solo existía la voz etérea de Sarah Brightman saliendo de los bocinas. Busqué pasión letra Sarah Brightman en mi cel porque neta, esa rola siempre me ponía la piel chinita. "Pasión", con su letra que habla de fuego y entrega total, me hacía sentir viva, como si el deseo se me colara por los poros.

Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi pelo negro suelto hasta la cintura y un baby doll rojo que apenas cubría mis curvas, me mecía despacio al ritmo. El tacto sedoso de la tela rozándome los muslos me erizaba el alma.

¿Por qué carajos esta canción siempre me prende tanto?
pensé, mientras cerraba los ojos y dejaba que las palabras flotaran: "En el fuego de tu pasión, me entrego sin condición". Mi respiración se aceleraba, y entre las piernas sentía ese calor húmedo que no se aguantaba.

Entonces sonó el timbre. Era Marco, mi morro, el wey que me volvía loca con solo una mirada. Alto, moreno, con esos ojos cafés que prometían travesuras. Entró oliendo a colonia fresca y a noche de viernes, con una sonrisa pícara. "Órale, nena, ¿ya andas en tus rollos sensuales?", dijo, abrazándome por la cintura. Su cuerpo duro contra el mío era puro fuego. Lo jalé al sillón, sin soltarle la playera.

"Escucha esto, mi rey", le susurré al oído, mordiéndole suave el lóbulo. Sarah seguía cantando, y él se dejó caer conmigo, sus manos grandes explorando mi espalda. El sonido de su respiración pesada se mezclaba con la música, y el sabor salado de su cuello cuando lo besé me hizo gemir bajito. Esto apenas empieza, pensé, mientras sus dedos se colaban bajo el baby doll, rozando mis pezones que ya estaban duros como piedritas.

Nos quedamos así un rato, besándonos lento, saboreando cada lengua que se enredaba. El aroma de su sudor mezclado con mi perfume era embriagador, como tequila añejo. "Me encanta cuando pones a Sarah Brightman", murmuró contra mi boca, "es como si la letra de pasión letra Sarah Brightman hablara de nosotros". Reí suave, pero mi cuerpo ya ardía. Lo empujé al piso, montándome encima, sintiendo su verga dura presionando contra mí a través del pantalón.

Acto primero: la chispa. Nos conocimos hace seis meses en un antro de Polanco, bailando reggaetón, pero siempre volvíamos a estos momentos íntimos, donde la música nos unía. Él era mi escape perfecto del caos diario, un diseñador gráfico que me hacía sentir diosa. Pero esa noche, la tensión era diferente, más profunda. Mientras la rola seguía, le quité la playera, lamiendo su pecho tatuado con un águila mexicana. "Qué chingón estás, pendejo", le dije juguetona, y él rio, jalándome el pelo con cariño.

La música subió de volumen, y empezamos a bailar de pie, pegaditos. Sus manos en mis nalgas, amasándolas, el roce de su piel áspera contra mi suavidad. Sentía su pulso acelerado en la yugular, lo besé ahí, saboreando el latido.

Neta, quiero devorarlo entero
, se me cruzó por la mente. Bajé la mano, desabrochándole el cinturón, liberando su miembro tieso que saltó ansioso. Lo toqué despacio, sintiendo las venas palpitantes, el calor que emanaba. Él gimió, "¡Ay, wey, qué rico!".

Lo llevé a la cama, la king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda. Me quitó el baby doll de un tirón, exponiendo mis tetas llenas. Sus labios las capturaron, chupando un pezón mientras pellizcaba el otro. El placer era eléctrico, corrientes bajando directo a mi clítoris hinchado. "Más, Marco, no pares", jadeé, arqueándome. Sus dedos bajaron, separando mis labios húmedos, encontrando mi entrada resbalosa. Metió uno, luego dos, moviéndolos en círculos que me hacían ver estrellas. El sonido chapoteante de mi excitación llenaba la habitación, mezclado con los últimos acordes de Sarah.

Escalada en el medio acto. Nos volteamos, yo arriba, frotándome contra él como gata en celo. El olor a sexo ya impregnaba el aire, almizclado y dulce. Le lamí el pecho, bajando hasta su ombligo, hasta tomar su verga en la boca. La saboreé, salada y suave, metiéndola hondo hasta la garganta. Él gruñó, "¡Chin!, Ana, eres una diosa". Levanté la vista, viendo su cara de puro éxtasis, eso me encendía más. Pero quería más, necesitaba sentirlo dentro.

Me subí encima, guiándolo a mi entrada. Lentito, lo fui bajando, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome delicioso. "¡Qué vergón tan chulo tienes!", exclamé, empezando a mover las caderas. El slap slap de piel contra piel, sus manos en mi cintura guiándome, los gemidos sincronizados con la nueva rola que puse de Sarah Brightman en repeat. Sudor perlando nuestras pieles, el tacto resbaloso, el calor envolvente.

Internamente luchaba:

Quiero que dure forever, pero ya no aguanto
. Él se incorporó, mamándome las tetas mientras yo cabalgaba más rápido. Cambiamos, él encima ahora, embistiéndome profundo, sus bolas golpeando mi culo. "Dime que me quieres, nena", jadeó. "Te amo, pendejo, fóllame más duro", respondí, clavándole las uñas. El clímax se acercaba, como ola gigante. Sentí mis paredes contrayéndose, el placer subiendo desde el estómago.

El final explotó. "¡Me vengo!", grité, y él conmigo, llenándome con chorros calientes. Ondas de éxtasis nos sacudieron, cuerpos temblando, respiraciones entrecortadas. Colapsamos, enredados, su peso reconfortante sobre mí. El olor a semen y sudor, el sabor de sus labios cuando nos besamos perezosos. Sarah seguía susurrando su pasión letra, ahora como banda sonora de nuestro afterglow.

Nos quedamos así, acariciándonos. "Esa canción siempre nos prende, ¿verdad?", dijo él, trazando círculos en mi vientre. Asentí, sonriendo. Pasión letra Sarah Brightman, grabada en nuestra piel para siempre. Afuera, la ciudad dormía, pero nosotros, en nuestro mundo, flotábamos en esa paz post-orgásmica, listos para más noches así. Qué chingón ser adultos y follar con alma.

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