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Imágenes de Amor y Pasión con Frases Lindas que Despiertan el Fuego

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Imágenes de Amor y Pasión con Frases Lindas que Despiertan el Fuego

Todo empezó una noche de esas en que el calor de Guadalajara te pega como una cachetada cariñosa. Yo, Ana, estaba tirada en mi cama con el ventilador zumbando como loco, scrolleando el celular sin rumbo fijo. De repente, un mensaje de él, mi carnalito del alma, Javier. "Mira estas imágenes de amor y pasión con frases lindas que encontré, nena. Te van a poner loca". Y ahí venían, una tras otra: fotos de parejas enredadas en besos eternos, con frases como "Tu piel es mi adicción" o "Bésame hasta que el mundo se acabe". Sentí un cosquilleo en el estómago, como mariposas con alas de fuego. Javier y yo llevábamos meses coqueteando por WhatsApp, pero nunca habíamos cruzado esa línea. Él era el tipo perfecto: alto, moreno, con esa sonrisa pícara que te hace mojar las panties sin esfuerzo.

Le contesté: "

¡Ay wey, estas imágenes me tienen imaginando cosas!
" Y le mandé un emoji de fuego. Su respuesta fue rápida: "Entonces ven pa'cá. Mi depa está solito y fresco con el AC prendido". Mi corazón latió como tamborazo en fiesta. Me levanté de un brinco, me puse un vestidito negro chulo que se pegaba a mis curvas como segunda piel, y salí volando en mi vochito. El aire nocturno olía a tacos al pastor y jazmines, y yo iba con el radio a todo volumen cantando "Amor Prohibido" de Selena, sintiendo que la noche prometía ser épica.

Llegué a su colonia, una de esas bonitas en Zapopan con casas modernas y jardines bien cuidados. Toqué el timbre y él abrió la puerta en shorts y sin camisa, el pecho marcado brillando bajo la luz del porche. "¡Pásale, reina!" dijo, jalándome con un abrazo que me dejó oliendo a su colonia fresca, esa que mezcla madera y limón. Entramos a la sala, iluminada tenue con velitas que no sé de dónde sacó. En la tele, un slideshow de esas imágenes de amor y pasión con frases lindas, proyectadas en la pared como un cine privado. "Mira, Ana, esta dice 'Tu mirada me enciende como el sol'". Su voz era ronca, y cuando se acercó, sentí su aliento cálido en mi cuello.

Nos sentamos en el sofá de piel suave, tan cerca que nuestras piernas se rozaban. El roce era eléctrico, como chispas en la piel. Hablamos de todo y nada: de cómo esas imágenes nos recordaban lo que sentíamos el uno por el otro. "

Yo siempre pensé que eras demasiado guapo pa' mí, Javi
", le confesé, mientras mi mano subía por su muslo firme. Él rio bajito, ese sonido grave que me erizaba la piel. "Tú eres la chula, Ana. Mira esta frase: 'En tus brazos encuentro mi paraíso'". Me volteó la cara con delicadeza, y nuestros labios se encontraron por primera vez. Fue un beso suave al principio, saboreando el dulce de su boca, con toques de menta de su chicle. Pero pronto se volvió hambriento, lenguas danzando como en una salsa ardiente, manos explorando sin prisa.

El beso duró lo que un suspiro eterno. Sus dedos se colaron bajo mi vestido, acariciando la piel de mis muslos, subiendo despacio hasta rozar el encaje de mi ropa interior. Yo gemí bajito, el sonido ahogado contra su boca. "Te sientes tan rica", murmuró, mientras yo le bajaba los shorts, liberando su verga dura, palpitante, caliente como hierro al rojo. La tomé en mi mano, sintiendo las venas gruesas, el pulso acelerado que latía al ritmo del mío. Olía a hombre puro, a deseo crudo. Me arrodillé frente a él, mirándolo a los ojos con picardía mexicana. "Déjame probarte, carnal". Mi lengua recorrió la punta, salada y suave, mientras él echaba la cabeza atrás con un "¡Órale, nena!". El sabor era adictivo, mezcla de piel y pre-semen, y lo chupé despacio, saboreando cada centímetro, oyendo sus jadeos roncos que llenaban la habitación.

Pero no quería que terminara así. Lo jalé al piso, sobre una alfombra mullida que olía a limpio. Nos quitamos la ropa como si quemara: mi vestido voló, sus shorts desaparecieron. Desnudos, piel con piel, el calor de nuestros cuerpos se fundía. Sus manos amasaron mis tetas, pezones duros como piedritas bajo sus pulgares. "

Estas imágenes no mienten, Ana. Eres pasión pura
", susurró, mientras bajaba la boca a morderlos suave, lamiendo hasta que arqueé la espalda. El placer era un torrente, vibrando desde el pecho hasta mi concha, que ya chorreaba jugos calientes. Él se deslizó más abajo, besando mi ombligo, el monte de Venus, hasta llegar al centro. Su lengua abrió mis labios húmedos, probando mi miel dulce y salada. "¡Qué rica estás, como tamarindo!" dijo con esa voz juguetona, y yo reí entre gemidos, enredando mis dedos en su pelo negro revuelto.

La lamida fue magistral: círculos lentos en el clítoris, succiones que me hacían temblar, dedos curvándose dentro de mí rozando ese punto que me volvía loca. Olía a sexo, a nuestra excitación mezclada con el aroma de las velas de vainilla. Mis caderas se movían solas, follándome su boca, el sonido chapoteante de mi humedad era música obscena. "¡No pares, pendejo, me vengo!" grité, y el orgasmo me golpeó como ola en Acapulco, contracciones fuertes, jugos salpicando su barbilla. Él sonrió triunfante, lamiéndose los labios.

Ahora era mi turno de montarlo. Lo empujé suave al piso, me subí a horcajadas. Su verga apuntaba al cielo, reluciente con mi saliva. La froté contra mi entrada, sintiendo la presión deliciosa, el grosor que me estiraba. Bajé despacio, centímetro a centímetro, gimiendo por la plenitud. "¡Estás tan apretadita, chula!" gruñó él, manos en mis caderas guiándome. Empecé a moverme, lento al principio, sintiendo cada roce interno, el roce de su pubis contra mi clítoris. El sudor nos unía, resbaloso y caliente. Aceleré, saltando como en rodeo, tetas rebotando, sus manos pellizcándolas. Los sonidos eran todo: piel chocando con palmadas húmedas, nuestros jadeos entremezclados, "

¡Fóllame más duro, Javi!
".

El clímax se acercaba como tormenta. Cambiamos: él encima, misionero apasionado, mis piernas en su cintura. Embestidas profundas, salvajes, el sofá crujiendo cerca. Olía a sexo intenso, a sudor y amor. Sus ojos en los míos, conectados alma con alma. "Te amo, Ana", jadeó, y esas palabras, más lindas que cualquier imagen, me catapultaron. Me vine otra vez, apretándolo como tenazas, y él se derramó dentro, chorros calientes llenándome, gruñendo mi nombre. Colapsamos, pegajosos, respirando agitados.

Después, en la afterglow, nos quedamos abrazados en la alfombra, el slideshow aún corriendo con esas imágenes de amor y pasión con frases lindas. Una decía "Después del fuego, queda el calor eterno". Le besé el pecho, oliendo nuestro aroma mezclado. "Esto fue mejor que cualquier imagen, wey", le dije riendo. Él me apretó más: "Y apenas empieza, mi reina". La noche se extendió en caricias perezosas, promesas susurradas, sabiendo que habíamos encendido algo que no se apagaría fácil. El ventilador zumbaba lejano, pero el verdadero fresco era el de nuestros cuerpos calmados, listos para más rondas.

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