Entrega y Pasion Desbordante
La noche en la Condesa bullía de vida. Las luces de neón parpadeaban sobre las banquetas empedradas, y el aire traía ese olor a tacos al pastor mezclado con el perfume dulce de las jacarandas. Sofia caminaba con su amiga Lupita, sintiendo el roce fresco de su vestido negro contra la piel, ese que se pegaba un poquito a sus curvas gracias al calor húmedo de la ciudad. Hacía meses que no salía así, libre, sin el peso del trabajo en la agencia de publicidad. Neta, necesito soltarme, pensó mientras entraba al bar La Chopería, donde la música cumbia rebajada retumbaba en los parlantes.
Allí estaba él, Alex, recargado en la barra con una cerveza en la mano. Alto, moreno, con esa barba recortada que le daba un aire de vato serio pero chido. Sus ojos cafés la atraparon de inmediato cuando ella pidió un michelada.
"¿Qué onda, morra? ¿Primera vez aquí?"le dijo con una sonrisa pícara, su voz grave cortando el ruido como un cuchillo caliente.
Sofia sintió un cosquilleo en el estómago. ¿Por qué carajos me mira así? Como si ya supiera lo que quiero. Le contestó con un guiño:
"Nah, wey, pero contigo parece nueva toda la noche."Rieron, y en minutos ya platicaban de todo: de la pinche tráfico de la Roma, de cómo el pozole de su abuela era el mejor del mundo, de sueños locos como viajar a la playa en Tulum sin billete de regreso. Cada sorbo de chela aflojaba más la tensión, y cuando la pista se llenó de reggaetón, él la jaló a bailar.
Sus cuerpos se pegaron al ritmo. Sentía el calor de su pecho contra sus tetas, el sudor perlado en su cuello oliendo a colonia masculina y algo salvaje, como tierra mojada después de la lluvia. Las manos de Alex bajaron despacio por su espalda, deteniéndose en la curva de sus nalgas. Sofia jadeó bajito, el pulso latiéndole en las sienes. Esto es entrega y pasión desde el primer toque, ¿no? No lo conozco, pero mi cuerpo ya lo sabe de memoria.
La noche avanzó como un río desbocado. Salieron del bar tomados de la mano, el viento nocturno fresco contra sus pieles calientes. Caminaron unas cuadras hasta el depa de él, un penthouse chulo en una torre con vista al Parque México. Adentro, todo era minimalista: muebles de madera oscura, velas aromáticas a vainilla encendidas, y una terraza con luces tenues.
"¿Quieres algo de tragar? ¿O prefieres... esto?"murmuró Alex, acercándose hasta que sus labios rozaron los de ella.
El beso fue fuego puro. Sofia abrió la boca, saboreando la cerveza en su lengua, el leve amargo de la sal de la michelada. Sus manos subieron por el pecho de él, sintiendo los músculos duros bajo la camisa. Se quitaron la ropa con urgencia juguetona, riendo cuando el vestido de ella se atoró en la cabeza. Desnudos, cayeron en la cama king size, las sábanas de algodón egipcio frescas contra su piel ardiente.
Alex la miró con hambre, recorriendo su cuerpo con los ojos: los pechos firmes con pezones oscuros ya tiesos, la cintura estrecha, el monte de Venus depilado que brillaba con el sudor incipiente. Me siento expuesta, pero poderosa. Como si esta entrega y pasión fuera mía para dar, pensó Sofia mientras él besaba su cuello, bajando por el clavículo. La lengua de Alex trazó círculos en sus tetas, chupando un pezón hasta que ella arqueó la espalda, gimiendo.
"¡Ay, cabrón, qué rico!"
Las manos de él exploraban, dedos ásperos de tanto gym rozando su vientre plano, bajando hasta el calor húmedo entre sus piernas. Sofia abrió las rodillas, invitándolo. Sintió el roce de sus yemas en el clítoris, suave al principio, luego con más presión, haciendo que su coño palpitara. El olor a sexo empezaba a llenar la habitación, ese almizcle dulce y salado que enloquece. Ella lo tocó a su vez, agarrando su verga dura como piedra, gruesa y venosa, el prepucio suave deslizándose bajo su palma.
"Estás empapada, mi reina. Te prendo cañón."ronroneó él, metiendo un dedo adentro, luego dos, curvándolos para rozar ese punto que la hacía ver estrellas.
Sofia se mordió el labio, el placer subiendo como una ola. No es solo follar, es conectar, entregar todo sin miedos. Lo empujó boca arriba, montándolo a horcajadas. Su boca bajó por su torso, lamiendo el sudor salado de su abdomen, hasta llegar a su pito erecto. Lo lamió desde la base, saboreando el precum salado y ligeramente dulce, como miel de agave. Alex gruñó, enredando los dedos en su cabello negro largo.
"¡Órale, morra, trágatela toda!"Ella lo hizo, chupando con hambre, la garganta relajándose para tomarlo profundo, el sonido húmedo de succión mezclándose con sus jadeos.
Pero quería más. Se subió encima, guiando su verga a la entrada de su panocha resbaladiza. Bajó despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo la estiraba, la llenaba hasta el fondo. ¡Dios, qué chingón! Esta pasión me parte en dos. Empezó a moverse, cabalgándolo con ritmo, las caderas girando en círculos. Alex agarró sus nalgas, amasándolas, empujando hacia arriba para clavársela más hondo. El slap-slap de piel contra piel resonaba, junto con sus gemidos:
"¡Sí, así, pendejito, dame duro!"gritó ella, las tetas rebotando.
El sudor los unía, resbaloso y caliente. Él la volteó sin salir, poniéndola a cuatro patas. Sofia sintió el aire fresco en su culo expuesto antes de que él la penetrara de nuevo, esta vez bestial, embistiéndola con fuerza. Cada choque hacía que su clítoris rozara la sábana, acumulando el orgasmo. Olía a ellos: sexo crudo, perfume mezclado, el leve aroma a marihuana de la ciudad filtrándose por la ventana abierta. Alex le jaló el pelo suave, besándole la espalda, susurrando
"Entrégate toda, mi amor. Esta pasión es nuestra."
La tensión crecía, espiral ascendente. Sofia sentía el calor en el bajo vientre, los músculos contrayéndose alrededor de su verga. Ya viene, no aguanto. Él aceleró, una mano bajando a frotarle el botón, el otro pellizcando sus pezones. El clímax la golpeó como un rayo: ondas de placer desde el coño hasta la punta de los dedos, gritando
"¡Me vengo, wey, no pares!"Su cuerpo tembló, el jugo chorreando por sus muslos.
Alex la siguió segundos después, gruñendo como animal, llenándola con chorros calientes que sintió palpitar adentro. Colapsaron juntos, jadeantes, el corazón latiéndoles a mil. Él la abrazó por detrás, su verga aún semidura dentro, besándole el hombro. El cuarto olía a sexo satisfecho, a entrega total.
Minutos después, en la terraza bajo las estrellas, envueltos en una cobija, fumaron un cigarro compartido. Sofia recargó la cabeza en su pecho, escuchando su corazón calmarse. Esto fue más que un polvo. Fue entrega y pasión que me cambió la noche, quizás la vida.
"¿Vienes mañana? Quiero más de ti."dijo él, y ella sonrió, sabiendo que sí. La ciudad dormía abajo, pero ellos ardían aún.