Relatos
Inicio Erotismo Donde Ver Abismo de Pasion en Tu Piel Donde Ver Abismo de Pasion en Tu Piel

Donde Ver Abismo de Pasion en Tu Piel

6335 palabras

Donde Ver Abismo de Pasion en Tu Piel

Estaba sola en mi depa en Polanco, con el calor de la noche mexicana pegándome como un beso ardiente. El ventilador zumbaba perezoso, pero nada refrescaba el fuego que me ardía por dentro. Hacía rato que andaba inquieta, recordando esas telenovelas que me ponían la piel chinita de pura emoción. Neta, necesitaba algo que me sacara del hastío. Saqué el celu y tecleé rápido: "donde ver abismo de pasion". Salieron un chingo de links, plataformas de streaming, pero elegí una que prometía episodios completos sin broncas.

Justo cuando el primer capítulo cargaba en la tele grande, timbró la puerta. Era Diego, mi vecino del piso de arriba, ese morenazo con ojos que te miran hasta el alma y un cuerpo que grita ven y tócame. Venía con una chela en la mano y esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. "Órale, Ana, ¿qué onda? Oí la tele y pensé en pasar a ver si hay algo chido", dijo mientras entraba sin esperar invitación, como si supiera que lo estaba esperando.

Me acomodé en el sofá de piel suave, el olor a cuero nuevo mezclándose con su colonia fresca, esa que huele a mar y aventura. Le conté de la novela, de cómo Abismo de Pasión era puro fuego, traiciones y amores que te dejan sin aliento. Él se rio, "¿En serio? Yo nomás veo futbol, pero si tú dices que está bueno, pos agrégame al plan, wey". Nos sentamos cerquita, las piernas rozándose accidentalmente al principio, pero pronto ya no era accidente. La pantalla se iluminó con los actores besándose con hambre, y sentí un cosquilleo en el estómago, como si el abismo ese se abriera justo ahí, entre nosotros.

¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón? Es solo una novela, pero con Diego al lado, oliendo a hombre de verdad, todo se siente más intenso. Quiero que me mire como el galán mira a la protagonista.

El episodio avanzaba, los diálogos cargados de promesas rotas y deseos prohibidos. Diego comentaba en voz baja, su aliento cálido rozándome la oreja: "Mira nomás cómo se comen con los ojos, ¿no? Como si el mundo se acabara". Su mano cayó casual sobre mi muslo, y no la quité. Al contrario, la piel se me erizó bajo sus dedos, el calor subiendo como lava. Yo giré la cara, nuestros labios a centímetros, el sonido de la tele ahogándose en el pulso que me retumbaba en los oídos.

Acto dos de nuestra propia historia: el beso. Fue como caer al abismo de una vez. Sus labios suaves pero firmes, saboreando a chela fría y algo dulce, quizás el chicle de menta que masticaba. Me jaló hacia él, mi blusa de tirantes resbalando un poco, dejando al aire la curva de mis pechos. "Ana, neta que me traes loco desde que te vi mudarte", murmuró contra mi boca, su voz ronca como gravel mezclado con miel. Yo respondí con las manos en su nuca, enredando los dedos en su pelo negro revuelto, oliendo su sudor limpio, ese aroma masculino que me moja sin remedio.

Nos fuimos desvistiendo despacio, saboreando cada roce. Su camisa voló al piso, revelando un torso marcado por gym y sol mexicano, pectorales duros que lamí con la lengua, sintiendo el salitre de su piel. Él gimió bajito, "¡Ay, cabrona, qué rico!", y sus manos expertas bajaron mi short, dedos juguetones rozando el encaje de mi tanga ya empapada. El sofá crujió bajo nuestro peso, la tele seguía con su drama de fondo, pero ya nadie prestaba atención. Mi olor a excitación flotaba en el aire, mezclado con el suyo, un perfume primitivo que gritaba sexo ahora.

Me recargó contra los cojines, besando mi cuello, mordisqueando suave hasta que arqueé la espalda. Sus dedos encontraron mi centro, deslizándose con maestría, círculos lentos que me hicieron jadear. Pinche Diego, sabe justo dónde tocar, pensé mientras el placer subía en olas, mis caderas moviéndose solas al ritmo de su mano. Le quité el pantalón, liberando su verga dura, palpitante, gruesa como prometía. La tomé en la mano, sintiendo el calor vivo, las venas marcadas, y él gruñó de placer, empujando contra mi palma.

Esto es mejor que cualquier telenovela. Aquí no hay guion, solo nosotros, piel con piel, deseo puro sin frenos.

La tensión crecía, mis uñas clavándose en su espalda mientras él me penetraba con los dedos, preparándome, lubricándome más. "Estás chingona de mojada, Ana. ¿Quieres que te coja ya?", preguntó con ojos negros brillantes. "Sí, wey, ya no aguanto. Córreme adentro", le rogué, voz temblorosa. Se puso condón rápido –siempre responsable, ese detalle me prendió más– y se hundió en mí de un solo movimiento fluido. ¡Madre mía! Llenándome completa, estirándome delicioso, el roce interno enviando chispas por todo mi cuerpo.

Empezamos lento, él embistiendo profundo, yo envolviéndolo con las piernas, sintiendo cada centímetro deslizarse. El sonido de carne contra carne, húmeda y rítmica, se mezclaba con nuestros gemidos ahogados. Sudábamos, pieles pegajosas resbalando, olores intensos de sexo envolviéndonos como niebla espesa. Aceleramos, sus manos amasando mis nalgas, mi boca chupando su hombro para no gritar tan fuerte. El clímax se acercaba, mi vientre contrayéndose, pulsos acelerados latiendo al unísono.

Acto final, el abismo nos tragó. Me vine primero, un estallido que me dejó temblando, paredes internas apretándolo fuerte mientras gritaba su nombre contra su cuello. Él siguió unos segundos más, gruñendo "¡Me vengo, Ana!", y se derramó dentro, cuerpo rígido sobre el mío. Nos quedamos así, jadeantes, corazones galopando como caballos desbocados. El sudor enfriándose en la piel, besos suaves post-orgasmo, lenguas perezosas explorando.

Después, envueltos en una cobija ligera, la tele ya en créditos. Diego me acariciaba el pelo, "¿Ves? Ahí estaba el verdadero donde ver abismo de pasion: en tu piel, en nosotros". Reí bajito, el cuerpo lánguido y satisfecho, un calorcito dulce expandiéndose en el pecho. No era solo sexo; era conexión, esa chispa mexicana de pasión que no se apaga fácil. Mañana seguiríamos la novela, pero ahora sabíamos que el abismo real estaba aquí, entre sábanas revueltas y promesas de más noches así.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.