Pelicula Secretos de una Pasion
La noche en mi depa de la Condesa estaba chida perfecta para un plan romántico. Carlos y yo nos acomodamos en el sillón con unas cheves frías y el control remoto en la mano. Órale pensé esta noche va a estar buena. Habíamos estado juntos un año ya y aunque la neta el amor seguía ahí la chispa necesitaba un empujón. Encontré en una tiendita de videos retro esa pelicula Secretos de una Pasion una joya erótica mexicana de los noventa que prometía secretos calientes y pasiones desatadas. La portada mostraba a una morra despampanante con los labios entreabiertos y un galán musculoso rozándole el cuello.
Esto nos va a prender como mechame dije mientras la metía al reproductor.
Las luces bajas del cuarto pintaban sombras suaves en las paredes blancas. El olor a incienso de lavanda flotaba en el aire mezclado con el aroma fresco de la cerveza. Carlos se recargó en mí su brazo fuerte alrededor de mi cintura y su mano grande descansando en mi muslo desnudo bajo la falda corta. Sentí el calor de su palma a través de la tela fina y un cosquilleo subió por mi piel. Ya empezó el juego. La pantalla se iluminó con la intro de la película: música sensual de saxofón y guitarra que retumbaba suave en los bocinas. La prota una chava de curvas pronunciadas caminaba por una playa al atardecer el viento revolviéndole el pelo negro y largo.
—Wey esta pelicula Secretos de una Pasion se ve rete buena —murmuró Carlos su aliento cálido contra mi oreja. Su voz grave me erizó la piel y asentí mordiéndome el labio. En pantalla el galán se acercaba a ella sus ojos clavados en los de ella como si ya la estuviera desnudando. Se besaron con hambre las lenguas danzando visibles y húmedas. Yo apreté las piernas instintivamente sintiendo un pulso caliente entre ellas. Carlos notó el movimiento y su mano subió un poquito más apretándome suave la carne interna del muslo. Pinche caliente pensé me conoce tan bien.
La tensión crecía mientras la película avanzaba. La pareja en pantalla se quitaba la ropa arena pegándose a sus cuerpos sudorosos. El sonido de las olas chocando rompía el silencio del cuarto y los gemidos ahogados de la morra se colaban por los speakers como un susurro prohibido. Carlos deslizó sus dedos bajo mi falda rozando el encaje de mis calzones. Sentí la humedad ya formándose ahí abajo un calor pegajoso que me hacía retorcer.
¿Por qué carajos espero tanto?Mi mano fue a su entrepierna encontrando su verga ya dura bajo los jeans. La apreté suave y él gruñó bajito su cadera empujando contra mi palma.
—Netita Ana ya me la pusiste como piedra —dijo con esa sonrisa pícara que me derrite. Lo miré sus ojos oscuros brillando con deseo puro. La película mostraba ahora a la prota de rodillas chupándosela al galán la cámara enfocando cada lamida cada gota de saliva brillando en la luz del sol poniente. El sabor salado del mar se imaginaba en sus labios y yo lamí los míos recordando el gusto de Carlos en mi boca. Me incliné y lo besé profundo nuestras lenguas enredándose con urgencia. Saboreé la cerveza en él fresco y amargo mezclado con su esencia masculina.
Nos fuimos al sillón del todo él quitándome la blusa con dedos ansiosos exponiendo mis tetas al aire fresco. Mis pezones se endurecieron al instante rosados y tiesos pidiendo atención. Carlos los tomó en su boca succionando fuerte el ruido húmedo de su lengua contra mi piel me hizo arquear la espalda. Qué rico wey. Olía a su colonia madera y sudor un perfume que me volvía loca. La película seguía de fondo la morra ahora montada en el galán cabalgándolo con gemidos que resonaban en mi cabeza como eco de lo que vendría.
Me puse de pie temblando de anticipación y me quité la falda y los calzones de un jalón quedando en pelotas frente a él. Mi piel bronceada brillaba bajo la luz tenue el vello púbico recortado enmarcando mi concha hinchada y mojada. Carlos se desvistió rápido su verga saltando libre gruesa venosa con la punta ya brillante de precum.
Es mía toda para mí. Lo empujé al sillón y me subí a horcajadas rozando mi humedad contra su dureza. El contacto fue eléctrico piel contra piel caliente y resbaloso. Nos frotamos así un rato torturándonos el olor a sexo empezando a llenar el cuarto almizcle dulce y animal.
La tensión era insoportable ya. En la película la pareja llegaba al clímax gritando en éxtasis y eso fue la gota. Carlos me agarró las nalgas abriéndolas y me penetró de un solo empujón profundo hasta el fondo. ¡Ay cabrón! Grité sintiendo cómo me llenaba estirándome deliciosamente. Empecé a moverme arriba abajo el sonido de carne chocando carne retumbando con los gemidos de la peli. Sus manos amasaban mis tetas pellizcando pezones enviando chispas directo a mi clítoris. Sudábamos los cuerpos pegajosos resbalando uno sobre el otro el sabor salado de su cuello cuando lo besé me hizo succionar más fuerte.
—Chíngame más duro pendejo —le pedí jadeando y él obedeció embistiéndome desde abajo con fuerza brutal. Cada golpe hacía que mis paredes internas se apretaran alrededor de su verga ordeñándolo. Sentía su pulso latiendo dentro de mí caliente y vivo. Mi clítoris rozaba su pubis peludo enviando ondas de placer que me nublaban la vista. El cuarto olía a nosotros a sexo puro sudor y jugos mezclados. Los gemidos míos se volvieron salvajes ¡Sí así órale! mientras la película terminaba en fade out pero nosotros seguíamos en nuestro propio clímax.
El orgasmo me pegó como rayo todo mi cuerpo convulsionando alrededor de él. Grité su nombre apretándolo con las piernas mientras chorros de placer me inundaban. Carlos no tardó rugió como bestia y se vació dentro de mí caliente espeso llenándome hasta rebosar. Sentí cada espasmo cada chorro golpeando mis paredes y me vine de nuevo más fuerte aún. Nos quedamos pegados jadeando el corazón latiéndonos a mil. Su verga aún dura dentro de mí palpitando suave.
Deslicé de él y nos recostamos en el sillón exhaustos felices. El DVD se detuvo en el menú la pelicula Secretos de una Pasion ya era parte de nuestro recuerdo. Carlos me besó la frente su mano acariciando mi pelo húmedo de sudor. Esto es lo que necesitaba pensé nuestra pasión secreta más viva que nunca. El aire se enfrió un poco pero nuestros cuerpos seguían calientes entrelazados. Afuera la ciudad zumbaba con luces y vida pero aquí dentro solo existíamos nosotros y el eco dulce de lo que acabábamos de compartir. Mañana sería otro día pero esta noche era eterna.