Abismo de Pasion Capitulo 96 Llamas Eternas
En el corazón de Puerto Vallarta, donde el mar Caribe besa la arena dorada con sus olas susurrantes, Sofia se recargaba en la barandilla del balcón de su villa privada. El sol del atardecer teñía el cielo de rojos intensos, como si el universo mismo ardiera en anticipación. Hacía meses que no veía a Alejandro, su amor de toda la vida, ese macho que la hacía temblar con solo una mirada. El aroma salino del océano se mezclaba con el dulzor de las flores de bugambilia que trepaban por las paredes, y ella sentía un cosquilleo en la piel, un presentimiento de que esta noche sería inolvidable.
¿Y si esta vez nos perdemos del todo en el abismo? pensó Sofia, mientras el viento jugaba con su vestido ligero de algodón, pegándolo a sus curvas generosas. Recordaba sus encuentros pasados, esos momentos robados en la Ciudad de México, cuando él la tomaba con urgencia en el elevador del hotel, sus manos ásperas explorando cada rincón de su cuerpo. Pero ahora, con el divorcio de él fresco y su propia soltería liberadora, el deseo era un volcán a punto de estallar. Órale, Sofia, no seas pendeja, disfrútalo, se dijo a sí misma, mordiéndose el labio inferior.
El sonido de la puerta corrediza abriéndose la sacó de sus pensamientos. Ahí estaba Alejandro, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que prometía travesuras. Vestía una camisa blanca desabotonada hasta el pecho, revelando el vello oscuro que Sofia anhelaba acariciar. Sus ojos color café la devoraron de inmediato, deteniéndose en el escote de su vestido, donde sus pechos se elevaban con cada respiración agitada.
—Mamacita, qué chido verte así, como diosa del mar —murmuró él, acercándose con pasos lentos, su voz grave resonando como un tambor en el pecho de ella.
Sofia giró hacia él, el corazón latiéndole a mil. Extendió la mano y la posó en su torso firme, sintiendo el calor de su piel bajo la tela fina. —Ven, papi, que te extrañé tanto que duele —respondió, tirando de él hacia adentro.
La villa era un paraíso de lujo: muebles de mimbre tejidos a mano, velas de coco encendidas que llenaban el aire con su fragancia tropical, y una cama king size con sábanas de hilo egipcio esperando en el centro. Se besaron por primera vez esa noche en el umbral, un beso suave al inicio, labios rozándose como alas de mariposa, probando el sabor salado de su piel curtida por el sol. Pero pronto la tensión acumulada explotó; las lenguas se enredaron en una danza feroz, húmeda, con gemidos ahogados que se perdían en la brisa marina.
Alejandro la levantó en brazos sin esfuerzo, sus músculos flexionándose bajo sus palmas ansiosas. La llevó a la cama, depositándola con gentileza, pero sus ojos ardían con hambre. Sofia se incorporó sobre los codos, observándolo quitarse la camisa, revelando el abdomen marcado por horas en el gimnasio. Qué rico se ve, como en esas novelas que leo, pensó, recordando Abismo de Pasion Capitulo 96, esa entrega que devoraba cada noche, donde los amantes se hundían en un torbellino de placer prohibido. Esto es nuestro abismo de pasion capitulo 96, se dijo, imaginando que su vida era esa telenovela erótica hecha realidad.
Él se arrodilló frente a ella, deslizando las manos por sus muslos, subiendo el vestido hasta la cintura. El roce de sus dedos callosos en la piel sensible de sus piernas la hizo arquear la espalda. —Déjame probarte, corazón —susurró, besando el interior de su rodilla, luego más arriba, dejando un rastro de besos húmedos que olían a mar y a hombre. Sofia jadeó, el sonido de su respiración pesada mezclándose con el romper de las olas lejanas. Sus manos se enredaron en el cabello negro de él, guiándolo hacia su centro, donde la humedad ya empapaba sus bragas de encaje.
La tensión crecía como una tormenta en el horizonte. Alejandro la desvistió con deliberada lentitud, saboreando cada revelación: primero los hombros redondos, luego los pechos plenos con pezones endurecidos por el aire fresco y el deseo. Los lamió con la lengua plana, chupando suavemente, haciendo que Sofia gimiera alto, ¡ay, qué rico, no pares!. El sabor de su piel era salado y dulce, como mango maduro mezclado con sudor. Ella lo empujó hacia atrás, invirtiendo posiciones, montándose a horcajadas sobre él. Sus caderas se mecían instintivamente, frotándose contra la erección dura que tensaba sus pantalones.
—Quítate todo, güey, quiero sentirte entero —exigió Sofia, su voz ronca de necesidad. Él obedeció, bajándose los pantalones y boxers en un movimiento fluido. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando al aire. Sofia la tomó en la mano, sintiendo el calor abrasador, la suavidad de la piel sobre la rigidez de acero. La masturbó despacio, deleitándose en el gemido gutural que escapó de los labios de Alejandro, mientras pre-semen perlaba la punta, brillando bajo la luz de las velas.
Internamente, Sofia luchaba con el torbellino de emociones.
Esto no es solo sexo, es redención. Después de tanto tiempo separados, este abismo de pasion capitulo 96 nos une para siempre.Pensaba en las noches solitarias, masturbándose con recuerdos de él, pero ahora era real: el olor almizclado de su excitación llenando la habitación, el tacto sedoso de sus bolas pesadas en su palma, el sonido de sus respiraciones sincronizadas como olas en crescendo.
Él la volteó boca abajo, besando su espalda desde la nuca hasta las nalgas redondas. Sus dedos separaron los labios húmedos de su concha, explorando con ternura experta. —Estás chorreando, mi reina —dijo, introduciendo dos dedos curvados, masajeando ese punto que la hacía ver estrellas. Sofia se convulsionó, sus paredes internas apretándolo, el jugo resbalando por sus muslos. Gemía sin control, ¡más, cabrón, dame más!, mientras él aceleraba, el sonido chapoteante de su humedad erótica un concierto obsceno.
La intensidad escalaba. Sofia se giró, jalándolo sobre ella, envolviendo las piernas alrededor de su cintura. —Métemela ya, Alejandro, no aguanto —suplicó, guiando la cabeza hinchada de su verga a su entrada resbaladiza. Él empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. El placer era abrumador: la fricción ardiente, el pulso de él latiendo dentro, el roce de sus vellos púbicos contra su clítoris sensible. Se movieron en ritmo perfecto, primero lento, saboreando la unión, luego más rápido, piel chocando contra piel con palmadas resonantes.
El clímax se acercaba como un tsunami. Sofia clavaba las uñas en su espalda, oliendo el sudor mezclado con su colonia de sándalo. Sí, así, fóllame duro, gritaba en su mente, mientras él la embestía profundo, sus bolas golpeando su trasero. El mundo se reducía a sensaciones: el sabor de su beso desesperado, el ardor en su vientre, los gemidos compartidos que ahogaban el mar. —¡Me vengo, cariño! —anunció ella primero, su concha convulsionando en espasmos, ordeñando su verga con fuerza. Alejandro gruñó, hundiéndose una última vez, eyaculando chorros calientes que la llenaban, prolongando su éxtasis.
Colapsaron juntos, jadeantes, cuerpos enredados en un charco de sudor y fluidos. El afterglow era puro: el latido compartido de sus corazones, el aroma post-sexo flotando como niebla sensual, la caricia perezosa de sus dedos en su cabello. Sofia lo miró a los ojos, viendo el amor eterno en ellos.
—Esto fue nuestro abismo de pasion capitulo 96, pero habrá más —susurró ella, besando su hombro salado.
Él sonrió, atrayéndola más cerca. —Y cada uno mejor que el anterior, mi vida. Aquí, en este paraíso, somos invencibles.
La noche los envolvió, con la promesa de amaneceres igual de ardientes, su pasión un abismo sin fondo del que no querían escapar.