Relatos
Inicio Erotismo Pasión de Gavilanes Capítulo 20 Completo en Carne Viva Pasión de Gavilanes Capítulo 20 Completo en Carne Viva

Pasión de Gavilanes Capítulo 20 Completo en Carne Viva

7858 palabras

Pasión de Gavilanes Capítulo 20 Completo en Carne Viva

La lluvia caía a cántaros sobre el techo de tu departamento en la colonia Roma, ese golpeteo constante que te hacía sentir acorralada en tu propio nido. Era viernes por la noche, y el calor húmedo del DF se colaba por las ventanas entreabiertas, trayendo olor a tierra mojada y asfalto caliente. Tú, Ana, con tu piel morena brillando de sudor ligero, te recostaste en el sillón de piel sintética que crujía bajo tu peso. Habías terminado de cenar unas tortas de tamal que te diste el lujo de pedir, y ahora, con el control remoto en la mano, buscaste en la tele inteligente algo que te sacara del hastío.

"Pasión de gavilanes capítulo 20 completo", tecleaste en el buscador, recordando cómo tus amigas en el trabajo no paraban de platicar de esa novela colombiana tan pasional. Apareció el video pirata en HD, y lo diste play. Los Gavilanes, esos hermanos rancheros con cuerpos esculpidos por el sol y las peleas, llenaron la pantalla. En ese capítulo, la tensión entre Franco y Sarita explotaba en una escena de besos robados bajo la lluvia, sus bocas devorándose con hambre de meses reprimidos. Sentiste un cosquilleo en el vientre, tus pezones endureciéndose contra la blusa de algodón delgada. Chin, qué rico se ven, pensaste, mientras tus manos subían distraídas por tus muslos, rozando el borde de los shorts vaqueros.

El teléfono vibró en la mesa de centro. Era Diego, tu vecino del piso de arriba, ese morenazo con ojos verdes que te traía loca desde que se mudó hace tres meses. "Oye, Ana, ¿todo bien? Oí truenos y pensé en checarte", decía su voz grave al otro lado. Reíste bajito, sabiendo que era pretexto. Habías estado coqueteando con él toda la semana: miraditas en el elevador, roces "accidentales" al pasar la sal en la fiesta del edificio. "

Ven pa'cá, güey, estoy viendo una novela bien caliente. Te invito una chela
", le contestaste por voz, con ese tono juguetón que sabías lo volvía loco.

No pasaron ni diez minutos cuando tocó la puerta. Ahí estaba, empapado, con una playera blanca pegada al pecho musculoso, delineando cada abdominal como si fuera un Gavilán él mismo. Traía una six de Indio en la mano, goteando. "¡Pásale, carnal!", lo jalaste adentro, cerrando la puerta con el pie. El olor a su colonia mezclada con lluvia te invadió, fresco y macho. Se sacudió el cabello como perro, salpicándote, y reíste, empujándolo al sillón. La novela seguía sonando de fondo, los gemidos ahogados de los protagonistas subiendo de volumen.

Se sentaron cerquita, thighs tocándose, y le contaste de Pasión de Gavilanes capítulo 20 completo. "Mira, justo aquí se ponen bien intensos", señalaste la pantalla donde Sarita jadeaba contra la pared, las manos de Franco explorando su cuerpo. Diego tragó saliva, sus ojos saltando de la tele a ti. Sentiste su calor irradiando, el roce de su brazo contra el tuyo enviando chispas. "Neto que es puro fuego esa novela", murmuró, su voz ronca. Le diste una chela fría, y al rozar sus dedos, el contacto fue eléctrico. Tus miradas se cruzaron, pesadas de promesas. El corazón te latía fuerte, como tambores en una fiesta de pueblo.

La tensión creció con la novela. En la pantalla, los amantes se desnudaban, piel contra piel bajo el aguacero. Tú sentiste tu panocha humedeciéndose, un calor líquido entre las piernas. Diego se movió inquieto, su pantalón jeans tensándose en la entrepierna. "

¿Y si la hacemos realidad?
", susurró de repente, girándose hacia ti. Su aliento olía a menta y cerveza, cálido en tu oreja. No contestaste con palabras; en cambio, te inclinaste y lo besaste. Sus labios eran firmes, urgentes, saboreando a sal y deseo. Sus manos grandes te tomaron la nuca, profundizando el beso, lenguas danzando como en una rumba prohibida.

Acto dos: la escalada. Lo empujaste suave contra el sillón, montándote a horcajadas sobre él. La playera mojada se pegaba a su torso, y la arrancaste de un tirón, revelando ese pecho velludo y duro. Lo lamiste despacio, saboreando el agua de lluvia y el sudor salado de su piel. "¡Ay, Diego, qué riquísimo estás!", gemiste, mientras él te quitaba la blusa, exponiendo tus tetas llenas, pezones oscuros erguidos como botones. Sus bocas chuparon, mordisquearon, enviando ondas de placer directo a tu centro. Olías su excitación, ese aroma almizclado que te mareaba.

Te levantó en brazos como si no pesaras nada, caminando al cuarto entre jadeos. La lluvia azotaba las ventanas, un ritmo salvaje que marcaba el pulso de sus cuerpos. Te tiró en la cama king size, tus shorts volando por los aires junto con su pantalón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando. "

Te quiero dentro, pendejo, no me hagas esperar
", le ordenaste con voz temblorosa de ansia. Se rio, ese sonido gutural que vibró en tu piel, y se hincó entre tus piernas abiertas. Sus dedos exploraron tu humedad, resbalosos, frotando el clítoris hinchado. Gemiste alto, arqueándote, el sonido de tus jugos chapoteando llenando la habitación.

La intensidad subió. Te volteó de panza, besando tu espalda, lamiendo el sudor que corría por tu espinazo. Sus manos amasaron tus nalgas redondas, separándolas para soplar aire caliente en tu ano, haciéndote temblar. Luego, su lengua bajó, devorando tu chochito empapado, chupando con hambre, el sabor ácido-dulce de tu excitación en su boca. Tú gritabas, "¡Más, cabrón, no pares!", clavando uñas en las sábanas. El olor a sexo crudo impregnaba el aire, mezclado con el jazmín de tu perfume y la tormenta afuera.

Te puso de rodillas, frente al espejo del clóset, para verte los dos. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Sentiste cada vena pulsando dentro, llenándote hasta el fondo. "¡Qué chido se siente tu verga!", balbuceaste, mientras él embestía rítmico, sus bolas golpeando tu clítoris. El slap-slap de carne contra carne competía con los truenos. Sudor chorreaba por sus abdominales, goteando en tu espalda. Tus tetas rebotaban, y él las pellizcaba desde atrás, tirando de los pezones hasta que viste estrellas.

El clímax se acercaba como avalancha. Cambiaron posiciones: tú encima, cabalgándolo como amazona en rodeo. Sus manos en tus caderas guiaban el vaivén, profundo y salvaje. Lo miraste a los ojos, verdes como esmeraldas en llamas, y viste tu reflejo en ellos: cabello revuelto, labios hinchados, pura lujuria mexicana. "

Me vengo, Diego, ¡me vengo ya!
", aullaste, el orgasmo explotando en oleadas, contrayendo tu coño alrededor de su polla. Él gruñó, "¡Yo también, nena!", y se vació dentro, chorros calientes inundándote, su semen espeso mezclándose con tus jugos.

Acto tres: el afterglow. Colapsaron juntos, enredados en sábanas revueltas, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. La lluvia amainaba, dejando un goteo suave. Diego te acariciaba el cabello, besando tu frente salada. "Esa novela nos prendió el fusible, ¿eh?", bromeó, y reíste, acurrucándote en su pecho ancho. Sentías su corazón latiendo fuerte aún, sincronizado con el tuyo. Esto es mejor que cualquier capítulo, pensaste, mientras el aroma a sexo y piel satisfecha te envolvía como cobija.

La tele seguía encendida en el cuarto, Pasión de Gavilanes capítulo 20 completo llegando a su fin con promesas de más drama. Pero entre ustedes, no había venganzas ni rencores; solo pasión pura, consensual, ardiente como el sol de mediodía en el rancho. Te dormiste en sus brazos, sabiendo que esto era solo el principio de su propia telenovela erótica.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.