Relatos
Inicio Erotismo Pasión Capítulo 28 Fuego en la Piel Pasión Capítulo 28 Fuego en la Piel

Pasión Capítulo 28 Fuego en la Piel

6580 palabras

Pasión Capítulo 28 Fuego en la Piel

El sol de la tarde se colaba por las cortinas de encaje en mi departamento en Polanco, tiñendo todo de un naranja cálido que hacía que mi piel picara de anticipación. Hacía meses que no veía a Diego, mi chulo imposible, ese pendejo que me volvía loca con solo una mirada. Pasión Capítulo 28, pensé mientras revisaba mi reflejo en el espejo, ajustándome el vestido negro ceñido que marcaba cada curva de mis caderas. Hoy era el día en que todo iba a explotar, como en esas novelas que devoraba de chica, pero esta vez era real, carnal, mío.

La puerta sonó y mi corazón dio un brinco. Abrí y ahí estaba él, alto, moreno, con esa camiseta ajustada que dejaba ver los músculos de su pecho y unos jeans que abrazaban sus muslos fuertes. Olía a mar y a aventura, como si acabara de bajar de un viaje por la costa. "¡Órale, Valeria! ¿Qué pedo, mi reina? Te ves cañona", dijo con esa voz ronca que me erizaba la piel, y antes de que pudiera responder, me jaló hacia él en un abrazo que aplastó mis tetas contra su torso duro.

Lo primero que sentí fue el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela, como lava recorriéndome las venas. Sus manos grandes bajaron por mi espalda, deteniéndose en mi culo con una posesión juguetona.

¡Dios, cómo lo extrañé! Su olor, ese mezcla de sudor fresco y colonia barata que me hace mojarme al instante.
Nuestros labios se encontraron en un beso hambriento, lenguas enredándose con urgencia, saboreando el tequila que él traía en la boca, dulce y ardiente. Gemí bajito cuando mordió mi labio inferior, tirando de él como si quisiera devorarme entera.

"Ven, nena, no aguanto más", murmuró contra mi cuello, lamiendo la sal de mi piel mientras me cargaba como si no pesara nada. Me llevó al sillón de cuero, que crujió bajo nuestro peso cuando caímos juntos. Sus dedos expertas subieron por mis muslos, abriendo el vestido hasta encontrar mis panties de encaje, ya empapadas. "Mira nomás, qué mojada estás, perrita", rio con malicia, y yo solo pude arquear la espalda, empujando mis caderas contra su mano.

El roce de sus callos en mi clítoris fue eléctrico, un cosquilleo que subió por mi espina como fuego. Lo miré a los ojos, oscuros y llenos de lujuria, mientras él se arrodillaba entre mis piernas, besando el interior de mis muslos. El sonido de su respiración agitada llenaba la habitación, mezclado con el tráfico lejano de Reforma. Olía a mi propia excitación, ese aroma almizclado que nos volvía locos a los dos. "Diego, por favor... chúpame", supliqué, y él no se hizo rogar.

Su lengua caliente se hundió en mi panocha, lamiendo despacio al principio, saboreando cada gota. Sentí cada vuelta, cada chupada en mi botón, haciendo que mis muslos temblaran y mis uñas se clavaran en sus hombros.

¡Qué rico, wey! Es como si supiera exactamente dónde tocar para volverme gelatina.
Gemí más fuerte, mis caderas moviéndose solas contra su boca, el placer acumulándose en mi vientre como una tormenta. Él metió dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos para rozar ese punto que me hace ver estrellas, y el sonido húmedo de mi coño chupando sus dedos era obsceno, delicioso.

No aguanté mucho. El orgasmo me golpeó como un tren, ondas de placer sacudiéndome el cuerpo entero. Grité su nombre, arqueándome tanto que casi me caigo del sillón. Él siguió lamiendo, prolongando las réplicas hasta que quedé temblando, jadeante, con el sudor perlando mi frente.

"Ahora te toca a ti, cabrón", le dije con voz ronca, empujándolo para que se sentara. Me arrodillé frente a él, desabrochando sus jeans con dedos ansiosos. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando contra mi mejilla. Olía a hombre puro, a deseo crudo. La tomé en mi mano, sintiendo su calor y dureza, y lamí la punta despacio, probando el sabor salado de su pre-semen.

Lo miré mientras lo chupaba, tragándomela hasta la garganta, oyendo sus gruñidos guturales. "¡Sí, así, mi amor! ¡Qué chingona eres!" Sus manos enredadas en mi pelo, guiándome sin forzar, solo animando. El sonido de mi saliva resbalando por su tronco, el slap de mis labios contra su piel, todo era una sinfonía de vicio. Aceleré, usando la lengua en la base mientras masajeaba sus huevos pesados, y sentí cómo se hinchaba más en mi boca, listo para estallar.

Pero no lo dejé. Me levanté, quitándome el vestido de un tirón, quedando en tetas y panties. Él se desnudó rápido, su cuerpo atlético brillando bajo la luz tenue, músculos tensos por la necesidad. Me jaló a su regazo, y yo me senté a horcajadas, frotando mi panocha resbalosa contra su verga. "Métemela ya, Diego, no seas mamón", le ordené, y él obedeció con un empellón que me llenó por completo.

¡Ay, cabrón! Esa sensación de estiramiento, de plenitud, me arrancó un alarido. Empecé a cabalgarlo despacio, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, el roce de su pubis contra mi clítoris. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando los pezones duros como piedras, enviando chispas directo a mi coño. El sillón crujía rítmicamente con nuestros movimientos, sudor goteando entre nosotros, mezclando nuestros olores en una nube espesa de sexo.

Esto es puro fuego, puro Pasión Capítulo 28, donde el deseo nos consume sin piedad.
Aceleramos, él embistiéndome desde abajo con fuerza bruta pero cariñosa, yo clavando mis uñas en su pecho, dejando marcas rojas. Nuestros gemidos se volvieron gritos, el placer subiendo en espiral. "Me vengo, Valeria... ¡juntos!", rugió, y yo exploté de nuevo, mi coño apretándolo como un puño mientras él se vaciaba dentro de mí, chorros calientes llenándome hasta rebosar.

Caímos exhaustos, él todavía dentro de mí, nuestros pechos agitados uno contra el otro. Besos suaves ahora, lenguas perezosas explorando bocas hinchadas. El aire olía a semen y sudor, a nosotros. "Te amo, mi vida", susurró, acariciando mi espalda húmeda. Yo sonreí contra su cuello, saboreando la sal de su piel.

Quedamos así un rato, envueltos en el afterglow, el sol ya bajando y tiñendo la habitación de púrpura.

Esto no es el fin, es solo el Capítulo 28 de nuestra pasión infinita. Mañana vendrá más, siempre más.
Su mano bajó a mi culo de nuevo, juguetona, y yo reí bajito, sabiendo que la noche apenas empezaba. En México, el amor se vive así: intenso, sin frenos, eterno.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatos.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.