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Entrada del diario 15 de octubre

Hoy fue uno de esos días en que el calor de la Ciudad de México se me metió hasta los huesos, no solo por el pinche sol que no perdona, sino por esa urgencia que me recorre la piel como un escalofrío ardiente. Estaba sola en mi depa de la Condesa, con el ventilador zumbando como un moscardón loco y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Neta, necesito algo que me prenda, pensé mientras abría la laptop. Recordé esa película que tanto hype tenía entre mis morras: Diario de una Pasion. Así que me lancé a buscarla y bingo, encontré cómo descargar diario de una pasion pelicula completa en español mega. En minutos ya la tenía guardada, lista para devorarla.

Me tiré en el sillón de piel sintética que cruje con cada movimiento, con las piernas abiertas descaradamente porque ¿quién me iba a juzgar? Puse play y desde la primera escena, esa química entre los protas me dio un cosquilleo en el estómago. El sonido de la lluvia en la pantalla se mezclaba con el tráfico lejano de la avenida, y yo sentía cómo mi blusa se pegaba a mis tetas por el sudor.

¿Por qué carajos no tengo a alguien aquí para que me coma viva mientras veo esto?
me dije, pasando la mano por mi muslo, subiendo despacito hasta rozar el encaje de mis calzones.

La película avanzaba y la pasión de ellos me estaba volviendo loca. Ese beso bajo la tormenta, con el agua chorreando por sus cuerpos, me hizo morderme el labio. Olía a mi propia excitación, ese aroma dulce y almizclado que sube cuando el cuerpo pide guerra. Llamé a Marco, mi carnal de folladas épicas, el wey que sabe exactamente cómo hacerme gritar. "Ven ya, pendejo, estoy viendo una película que me tiene mojadísima", le mandé por Whats. Su respuesta fue un emoji de fuego y "Llego en 10".

Acto primero de mi noche: la espera. Me quité la blusa, quedándome en bra y shortcito, sintiendo el aire fresco del ventilador lamiendo mis pezones duros como piedras. Cada segundo era una eternidad, mi mente recreando las escenas de la peli pero con nosotros. Él entrando por la puerta, tomándome del pelo, empujándome contra la pared. El corazón me latía en la garganta, y entre las piernas un pulso caliente que no paraba.

La puerta sonó y ahí estaba Marco, con su sonrisa de cabrón y esa camiseta ajustada que marca sus músculos de gym. "Qué chido que descargaste eso, mi reina", dijo oliendo a colonia fresca y cerveza. Lo jalé adentro, cerrando con el pie, y nos besamos como si no hubiera mañana. Sus labios gruesos sabían a menta y deseo, su lengua invadiendo mi boca con hambre. Lo empujé al sillón, me subí encima, frotándome contra su verga que ya se ponía dura como fierro bajo el pantalón.

Acto segundo: la escalada. Pausamos la película porque ya no importaba; nuestra propia historia estaba escribiéndose. Marco me quitó el bra de un tirón, chupándome las tetas con esa succión que me hace arquear la espalda. "Estás rica, pinche nena", murmuró contra mi piel, su aliento caliente mandándome chispas por todo el cuerpo. Yo le bajé el zip, sacando su verga gruesa, venosa, que palpitaba en mi mano. La olí, ese olor macho a sudor limpio y excitación, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando la gota salada que brotaba.

Me puse de rodillas, el piso alfombrado raspando mis rodillas, y me la metí hasta la garganta, gimiendo con cada embestida de sus caderas. Él gemía bajito, "Así, mami, trágatela toda", enredando sus dedos en mi pelo. Pero yo quería más. Me levanté, me quité el short y los calzones, mostrándole mi panocha depilada, brillante de jugos. "Cómeme, wey", le ordené, y él obedeció como buen soldado. Su lengua experta en mi clítoris, lamiendo en círculos, chupando mi botoncito hinchado mientras metía dos dedos gruesos, curvándolos justo en ese punto que me hace ver estrellas.

El sonido era obsceno: mis jadeos, sus lamidas chapoteando, el zumbido del ventilador como banda sonora. Sentía mi piel erizada, el sudor perlando mi espalda, el olor a sexo llenando la habitación.

No aguanto más, necesito que me folles ya
, pensé, pero en voz alta grité: "¡Métemela, Marco, rómpeme!" Él se levantó, me cargó como si no pesara nada y me aventó al sillón, abriéndome las piernas. Su verga rozó mi entrada, untándose de mis mieles, y de un empujón se hundió hasta el fondo.

¡Ay, cabrón! Esa plenitud, estirándome, llenándome por completo. Empezó lento, saliendo casi toda y metiéndola de nuevo, cada roce mandando ondas de placer desde mi centro hasta las yemas de los dedos. Aceleró, el slap-slap de su pelvis contra la mía resonando, mis tetas rebotando con cada estocada. Yo clavaba las uñas en su espalda, oliendo su sudor mezclado con el mío, probando la sal en su cuello cuando lo besé. "Más duro, pendejo, hazme tuya", le rogaba, y él obedecía, follando con furia, su respiración agitada en mi oído.

La tensión subía como lava, mis músculos apretándose alrededor de su verga, mi clítoris frotándose contra su pubis. Él me susurraba guarradas al oído: "Estás apretadita, mi amor, me vas a sacar todo". Yo respondía con gemidos, mis caderas subiendo a su encuentro, el placer acumulándose en espiral. Casi al borde, cambié de posición: me puse a cuatro, mi culo en pompa, invitándolo. Entró de nuevo, más profundo, una mano en mi cadera, la otra pellizcando mi pezón. El espejo del pasillo reflejaba todo: su cara de éxtasis, mi boca abierta en un grito mudo.

Acto tercero: la explosión y el eco. No pude más. El orgasmo me golpeó como un tren, mi panocha convulsionando, chorros de placer escapando mientras gritaba su nombre. "¡Sí, Marco, ay sí!" Él se tensó, gruñendo como animal, y se corrió dentro, chorros calientes pintando mis paredes, su verga pulsando una y otra vez. Colapsamos juntos, jadeantes, sudorosos, su peso sobre mí un cobija perfecta.

Después, en la afterglow, pusimos play de nuevo a la película, acurrucados desnudos, su mano acariciando mi vientre. El olor a sexo persistía, dulce y satisfactorio, mezclado con el aroma de nuestra piel calmada. "Gracias por venir, mi rey", le dije, besando su hombro. Él sonrió: "Por ti descargo lo que sea, hasta diario de una pasion pelicula completa en español mega si hace falta". Reímos bajito, y en ese momento supe que esto no era solo un polvo; era pasión de la buena, de la que se anota en diarios para recordarla siempre.

Fin de entrada. Mañana más.

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